Mucho antes de los mapas digitales, en días del Imperio Romano, la cartografía se limitaba a unos carteles colocados en las zonas más alejadas de Roma que indicaban: “hic sunt leoni” (aquí hay leones). Pero también estaban los etruscos, gente poco educada en comparación con los romanos, que no conocían los refinamientos de la mesa y por eso eran llamados los “mangiafagiolli” (los comeporotos). La palabra “tosco” proviene de este pueblo dispersado en las cerranías del norte. Pero las venganzas de la historia han convertido a esta región de Italia, la Toscana, en la gloria del arte y la arquitecutra, centro de la moda, los vinos y tesoros culinarios.
Apenas una hora y media de tren separan Roma de Florencia, capital de la Toscana y de allí parten caminos hacia un centenar de pueblos de los que la separa un abismo: todos ellos están sumergidos en los siglos XII y XIII mientras que Firenze fue el futuro, el lugar donde la humanidad dejó atrás las oscuridades de la Edad Media.
El recorrido comienza por la Piazza della Signoria donde está la colección de esculturas de Donatello, Cellini y Miguel Angel y la Galleria del Uffizi, que recibe más del millón y medio de visitantes al año. En las salas 1 a 15 se exhibe el Renacimiento florentino con obras de Filippo Lippi, Boticelli y Leonardo Da Vinci, pero en la 8, la obra Virgen con el Niño y Santa Ana, de Masaccio, marcó el salto a esta nueva Era. Cuando se exhibió por primera vez en 1424 los florentinos hicieron cola para verlo y tocarlo porque era la primera vez que veían la perspectiva, una profundidad que le daba a las figuras una vitalidad inédita. Nacía el Renacimiento que dejaría atrás la chatura de la Edad Media. Desde la sala 25, donde se ve espléndido el río Arno y el Ponte Vecchio, una postal eterna e inmune al paso de los siglos.
El otro imperdible de Florencia es la Catedral, Il Duomo, con su cúpula de 153 metros de altura, su frente de mármol rosado y verde, sus puertas de bronce –llamadas por Miguel Angel las “puertas del paraíso”–, que sigue siendo, seiscientos años después, una maravilla de la arquitectura que ninguna torre vidriada puede superar.
Florencia está rodeada de apacibles colinas pobladas de cipreses que esconden pueblitos del siglo XII y XIII, algunos apenas fortalezas de 500 habitantes y otras, ciudades más grandes como Siena. El mejor plan en Siena es perdere por las calles peatonales angostas y sinuosas, porque tarde o temprano aparecerá la Piazza del Campo, una inmensa explanada flanqueada por edificios de año 1200, el Palazzo Pubblico, con su campanario en la Torre del Mangia, que supo ser la segunda torre más alta de Italia. El color rojizo amarronado de los edificios se debe al color de la arcilla con que están hechos sus ladrillos y da nombre a un color que se vende en las librerías artísticas. Siena es la única ciudad que ha dado nombre a un color.
Los turistas suelen contemplar el paisaje con una porción de pizza al taglio (al corte) y una porción de panforte, la pastelería típica hecha con naranjas confitadas y especias, como si esperara que una tromba de caballos y caballeros entrara por una esquina. Eso ocurre el 2 de julio y el 16 de agosto cuando se celebra desde 1283 la fiesta del Palio, una feroz carrera de caballos entre los contrade (barrios).
El único edificio que no es color siena es la Catedral que está revestida en mármoles blanco y rosa y cuyo campanario se divisa desde cualquier punto de la ciudad. El interior deslumbra por sus mosaicos y sus obras de Donatello, Miguel Angel y Bernini.
Explorando los sabores del Chianti y las murallas históricas de Montalcino
Desde Siena se puede hacer la Ruta del Chianti y la del Brunello di Montalcino, vinos tintos elaborados con la uva Sangiovese. Andando por caminos custodiados por cipreses y laderas verdes y pardas, geométricamente plantadas con vides y olivos, se van sucediento fortalezas del siglo XIII como San Gusmé, Gaiole, Castello di Brolio, Radda in Chianti, Castellina in Chianti, todos con su muralla de piedra rosada, su gran puerta de entrada, sus calles peatonales y sus señoras a quienes es fácil imaginar con las manos en la masa. Y en cada uno hay tiendas donde comprar pecorino (queso de oveja)¬ y vino. Algunas tienen mesas y ofrecen almuerzos ligeros.
Por fuera de la ruta del Chianti se enhebran más pueblitos a pocos kilómetros unos de otros. Cortona, donde se filmó Un amor en la Toscana o San Gimignano que se distingue desde lejos por sus catorce torres inconfundibles. La mejor hora para llegar a Pienza es el atardecer porque en la Via de Baccio, en el límite del pueblo, el sol se esconde detrás de la muralla que al Valle de Orcia. Y llega la niebla, típica de la región, como un manto blanco.
Del otro lado del valle, está Montalcino, donde cinco mil almas viven dentro de su muralla. Al alba, la niebla se retira lentamente como un manto misterioso mientras el aire fresco se impregna del perfume de lavandas y hierbas.
Cómo llegar
- ITA tienen vuelos 9 vuelos directos semanales Buenos Aires- Roma https://www.ita-airways.com/ar
- El tren de alta velocidad Frecciarosa, tiene varios servicios Roma-Florencia desde 28 euros. https://www.trenitalia.com/en/frecce/frecciarossa.html
Dónde dormir
- Hotel Silla. Via dei Renai 5, Florencia. https://www.hotelsilla.it/
- NH Siena. Via la Lizza 1, Siena. https://www.nh-hotels.com/en/hotel/nh-siena