Es morena, de cabello ensortijado y una sonrisa que puede arrancar suspiros a más de uno. Se llama Shanice y con su pañuelito celeste y amarillo al cuello se ocupa de atender a los vecinos que se acercan al municipio de Brent para tramitar un certificado de matrimonio o un acta de defunción. Sin embargo, su linda cara no la salvó hace dos meses del revuelo mediático y el enojo de políticos, abogados laboralistas y activistas analógicos, que la tildaron abiertamente de chica inmaterial.
Sucede que la bella Shanice es en realidad un holograma que desbancó a la empleada de carne y hueso: una proyección láser en 3D hecha a partir de la imagen de una mujer real, con un programa diseñado para dar respuesta a consultas frecuentes. Una demostración más, en el país que fue cuna de la Revolución Industrial, de que en algunos puntos del planeta el futuro ya llegó.
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