Voy de Viaje
Juan Toselli

Bruselas, el alma irreverente de Europa

Entre fachadas doradas, la ruta del cómic y el refugio elegante de las Galeries Royales, la ciudad propone un viaje donde la opulencia de las antiguas corporaciones convive con el famoso humor belga, bajo la figura de un niño que orina ante la posteridad.

Graciela Cutuli|04 de mayo de 2026 a las 01:24 p. m.
Bruselas, el alma irreverente de Europa

Si el mundo fuera un salón de baile, la Grand Place de Bruselas sería su lámpara de cristal más ostentosa. Es el centro geográfico de una ciudad que es tres veces capital (de Bélgica, de Flandes y de Europa). Y, al mismo tiempo, un "teatro de piedra" que sobrevivió a incendios y bombardeos para erigirse como una de las plazas más bellas del planeta, según sentenció alguna vez el exiliado Victor Hugo. Ante los ojos de los viajeros, la Grand Place es un espectáculo que nunca se termina de descubrir: su opulencia compacta ocupa cada centímetro de fachada y los edificios parecen estar compitiendo por un premio de orfebrería arquitectónica.

El triunfo de la resiliencia y el oro

La plaza está dominada por el Hôtel de Ville (el Ayuntamiento), una obra maestra del gótico cuya torre parece querer alcanzar el cielo con ayuda del arcángel San Miguel. La enorme explanada resulta una suerte de catálogo tangible de la historia europea, donde cada fachada tiene algo para contar, aunque en el pasado no todo haya sido brillo y encaje. Bajo los pulcros adoquines de hoy, la Inquisición quemó a los primeros protestantes en 1523 y el mariscal francés Villeroy redujo casi todo a cenizas en 1695. Sin embargo, como si se tratara de un fénix barroco, las corporaciones de comerciantes reconstruyeron sus sedes en piedra, sumándoles las doraduras que hoy encandilan a los turistas.

Monumento funerario en honor a Serclaes.
Monumento funerario en honor a Serclaes. (Graciela Cutuli )

Con los siglos, el dramatismo del pasado se transformó en celebración del presente: quienes visitan Bruselas en agosto pueden ver la plaza cubierta de flores. Cada dos años se realiza en la capital belga el Tapis de Fleurs, una alfombra colosal de más de 500.000 begonias que cubre el pavimento. Otro evento importante es el Ommegang, una recreación histórica que transporta a residentes y viajeros a los tiempos de Carlos V.

Del "niño meón" a las galerías literarias

A pocos pasos de la opulencia, Bruselas se revela como una alma irreverente, más acorde con el verdadero espíritu de los belgas. El Manneken Pis es el símbolo absoluto de la ciudad y es el otro “landmark” del país, junto con el futurista Atomium. Aunque la expectativa sea monumental, se trata en realidad de una estatua muy pequeña, que aparece frente a quienes la buscan casi a último momento. El tamaño no importa, se dice. El niño de bronce que orina con despreocupación es una copia del original, que está al reguardo en el Museo de la Ciudad dentro de la Maison du Roi. En cuanto a su legendario guardarropas, compuesto por más de mil trajes, se exhibe en el museo GardeRobe. Es, en esencia, la respuesta belga a la solemnidad: un recordatorio de que no hay que tomarse la vida tan en serio. Y, al mismo tiempo, un refrescante llamado a no perder el candor de la niñez.

Este "hombrecito que orina" (su nombre en holandés) ha trascendido su función original para convertirse en el símbolo máximo de la ciudad y gran atractivo turístico.
Este "hombrecito que orina" (su nombre en holandés) ha trascendido su función original para convertirse en el símbolo máximo de la ciudad y gran atractivo turístico. (Graciela Cutuli)

Siempre en las inmediaciones de la plaza se encuentran las Galeries Royales Saint-Hubert, un paseo bajo techos de cristal que fueron los primeros de su tipo en Europa. Caminar por allí es seguir los pasos de Victor Hugo y Baudelaire, entre chocolaterías que son auténticas joyerías y otras boutiques.

 Aunque la expectativa sea monumental, el Manneken Pisse trata en realidad de una estatua muy pequeña.
Aunque la expectativa sea monumental, el Manneken Pisse trata en realidad de una estatua muy pequeña. (Graciela Cutuli )

No se puede dejar la plaza y sus alrededores sin buller (“vagar” en francés, un juego de palabra con bulles o globo de historieta) por el Parcours BD, el recorrido del cómic. Las paredes de Bruselas no hablan, sino que cuentan historias: más de 80 murales rinden homenaje al noveno arte, permitiendo encuentros inesperados con Tintín, los Pitufos o Corto Maltés, entre muchos otros. El paseo lleva así hasta la antigua Bourse (Bolsa de Valores) que renació como el Belgian Beer World, un santuario interactivo dedicado a la cultura cervecera que culmina en el Beerlab, un rooftop con vistas panorámicas dignas de competir con cualquier postal.

Los souvenirs de Manneken Pis son los más famosos de la ciudados.
Los souvenirs de Manneken Pis son los más famosos de la ciudados. (Graciela Cutuli)

Un niño, una niña y un perro

El Manneken Pis fue instalado originalmente, en el siglo XV, como una fuente que abastecía de agua al barrio de la calle de l'Étuve. Este "hombrecito que orina" (su nombre en holandés) ha trascendido su función original para convertirse en el símbolo máximo de la ciudad. No está solo, ya que desde los años 80 tiene una “hermana” que se llama Jeanneke Pis. Mucho menos famosa, no suele convocar a tantos visitantes y por lo tanto es más facil verla y sacarle una foto. Se la encuentra en el estrecho callejón del Impasse de la Fidélité (cerca de la famosa cervecería Delirium Tremens). Los niños tienen un perro, Zinneke Pis (un “zinneke” es un perro callejero en el dialecto local), que levanta la pata contra un poste en la esquina de las calles Rue des Chartreux y Rue du Vieux-Marché-aux-Grains. A diferencia de los dos niños, no es una fuente, sino una escultura “a secas”.