Voy de Viaje
Juan Toselli

De Río Cuarto a México en un 3CV

Micaela Bedano y Facundo Properzi son los Citronautas. Cordobeses de espíritu nómade, viajaron cinco años por América a bordo de su Citroën. “Nunca habíamos sido tan libres”, cuentan.

21 de enero de 2017 a las 12:00 a. m.
De Río Cuarto a México en un 3CV

Son una pareja desde mediados del 2006. Ella es Micaela Violeta Bedano, de 32 años, licenciada en Filosofía. Él, Facundo Properzi, estudió Biología y tiene 35 años. Se conocieron en la Universidad Nacional de Río Cuarto, ciudad en la que viven actualmente. Amantes de los viajes desde la cuna, protagonizaron uno bien largo y sabroso: de Río Cuarto a México. ¿Cómo? A bordo de Don Baldomero, un Citroën 3CV cuarentón y fiel que los acompañó de punta a punta, en una travesía que entre la ida y la vuelta duró cinco años y que convirtió a los Citronautas en hacedores de sus sueños.

-¿Por qué se les ocurrió hacer semejante travesía?

-No tenemos hijos; decidimos terminar de estudiar y después salir a viajar porque sentimos que ese modo de ser nómade nos atraviesa y conecta con nuestra propia historia ancestral de abuelos que bajaron de los barcos.

-Y tuvieron la necesidad de un vehículo. ¿Cómo nace el concepto “Citronauta”?

-Claro, teníamos una moto pero necesitábamos un vehículo. Ahí aparece Don Baldomero en la historia. Es un Citroën 3CV de 1977, de fabricación argentina y con dos pequeños cilindros de 301 CC: se trata de uno de los motores más pequeños de la historia automotriz. Decidir viajar con él le dio una fuerte impronta a nuestro viaje, de ahí que nos llamamos los Citronautas.

-Vamos a la “citroruta”. ¿Cuál fue el itinerario?

-Salimos de casa el 1 de mayo del 2011. Remontamos el río Paraná, luego Chaco, Formosa y un poco de Paraguay. Viajamos por Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela y un poquito del norte de Brasil. Para principios del 2013 subimos a Don Baldomero a un contenedor y fue en barco por el Caribe hacia Panamá -nosotros viajamos en velero y acampamos 10 días en una isla de Kuna Yala; y luego, en otro barco, llegamos a Panamá también-. Durante 2013 y 2014 tomamos por Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala y luego entramos a la península de Yucatán en Belice.

-¿Qué recorrieron una vez que llegaron a México?

-Llegamos a México para empezar el 2015 en el Caribe. Allí viajamos por 17 estados en un año: el sur, el centro y un poco del norte; hasta cruzar el Trópico de Cáncer y llegar al desierto de Wirikuta en San Luis Potosí. Finalmente, luego de festejar la noche de muertos en Michoacán, para noviembre del 2015 iniciamos el camino de regreso.

-¿Volver fue mucho más rápido?

-La vuelta fue otro viaje, pero como nos agarró cansados, llegamos a la Argentina en 10 meses. Lo interesante del regreso fue el viaje desde Yurimaguas (Perú) hasta Santarém (Brasil): cuatro pequeños barcos nos transportaron 3.000 kilómetros por el río Amazonas, el más caudaloso del mundo, en la selva pulmón y corazón de Sudamérica.

-¿Cómo administraban el tiempo?  

-Nunca habíamos sido tan libres; casi como en la primera infancia, cuando el tiempo no te pesa. Siempre vivimos en el presente. Nos quedábamos en cada país generalmente tres meses y recorríamos lo máximo posible.

-¿Trabajaron para subsistir?

-Desde un principio. Hicimos circo, teatro, arte exprés en los semáforos. Animamos fiestas para niños y vendimos artesanías en  el “citroferia” en plazas y playas. Las colaboraciones de las personas que se acercaron fueron el impulso.