Voy de Viaje
Juan Toselli

Toronto y Montreal, la doble cultura canadiense

Las ciudades más importantes del país tienen experiencias únicas para disfrutar cuando no haya partidos. Una escapada ideal para los viajeros que buscan cultura, paisajes urbanos y aventuras en cualquier época del año.

Graciela Cutuli|23 de junio de 2026 a las 03:33 p. m.
Toronto y Montreal, la doble cultura canadiense

Visitar Canadá siempre en una osadía: en cualquier época del año, el país invita a descubrir alguna de sus muy diversas caras, todas igualmente auténticas y encantadoras. Toronto y Montreal, las dos grandes ciudades que simbolizan la doble cultura canadiense —anglófona y francófona respectivamente— parecen tener también una doble vida. Atrapantes con nieve —cuando sus calles iluminadas, la vida cultural que no se detiene por el clima y la calidez de sus propuestas gastronómicas convierten el invierno en una temporada privilegiada para explorarlas—, al subir las temperaturas el interés no cede y se las puede recorrer con una mirada que las renueva.

Toronto, cosmopolitismo todo el año

La capital económica de Canadá y ciudad más poblada del país sorprende con su capacidad de adaptación. En enero y febrero las temperaturas pueden descender fácilmente por debajo de los -10°C y la ciudad se llena de actividades invernales, pero ahora, cuando le toca recibir seis partidos de la Copa del Mundo, el clima es más benévolo y puede alcanzar los 25 grados. El centro neurálgico sigue siendo la CN Tower, desde donde se obtienen vistas impresionantes de un paisaje urbano y del lago Ontario. La torre, que tiene ascensores de alta velocidad, permite desde pararse sobre un piso de vidrio hasta tomar una copa de vino en el restaurante giratorio de la cima.

MUSEO DE CERA. En este lugar se reproduce la famosa escena de John y Yoko en su intervención por la paz.
MUSEO DE CERA. En este lugar se reproduce la famosa escena de John y Yoko en su intervención por la paz. (Graciela Cutuli)

Uno de los imperdibles todo el año es el Nathan Phillips Square, donde se encuentra el letrero gigante de Toronto. En verano se organizan aquí eventos culturales, festivales de gastronomia y conciertos, pero en invierno no es menos atractiva, cuando se convierte en una gran pista de patinaje sobre hielo. Durante los fines de semana también vale la pena recorrer el Distillery District, antiguo sitio de una destilería de whisky que hoy concentra restaurantes, cafés y negocios en los edificios históricos. En invierno, se transforma en un pintoresco Winter Village.

Para protegerse de la nieve pero también del sol cuando el calor aprieta en verano, el sistema PATH—una red subterránea de más de 30 kilómetros—permite desplazarse entre centros comerciales, edificios de oficinas y estaciones de metro sin salir al aire libre. También vale la pena dedicar tiempo al Royal Ontario Museum (ROM) y la Art Gallery of Ontario (AGO), dos joyas culturales que albergan colecciones de relevancia mundial.

Acuario de Toronto
Acuario de Toronto (Graciela Cutuli)

Los foodies también tienen su lugar: probar un peameal bacon sandwich en el St. Lawrence Market o recorrer los bares de Kensington Market son maneras deliciosas de conocer el costado más sabroso de Toronto.

Cultura e historia en Montreal

Cuando no haya competencia, una opción para visitar a poco más de 500 kilómetros de Toronto es Montreal. La ciudad ofrece una experiencia con sabor francés y un carácter distintivo. Con influencias que van desde la Nouvelle France hasta el urbanismo moderno, la ciudad combina lo mejor del Viejo Mundo con una actitud contemporánea.

Patrimonio. El Vieux-Montréal (Viejo Montreal) es una postal ineludible todo el año, con sus calles adoquinadas, cafés que emanan olor a baguette recién horneada y la majestuosa Basílica de Notre-Dame.
Patrimonio. El Vieux-Montréal (Viejo Montreal) es una postal ineludible todo el año, con sus calles adoquinadas, cafés que emanan olor a baguette recién horneada y la majestuosa Basílica de Notre-Dame. (Graciela Cutuli)

El Vieux-Montréal (Viejo Montreal) es una postal ineludible todo el año, con sus calles adoquinadas, cafés que emanan olor a baguette recién horneada y la majestuosa Basílica de Notre-Dame. Todo parece salido de un cuento y se inunda con el perfume de los crêpes con jarabe de arce, el gran producto nacional —equivalente del dulce de leche argentino— que se encuentra también en forma de caramelos, galletitas y helados. También son recomendables las visitas al Museo de Bellas Artes, al Biodôme y al Oratorio de Saint-Joseph, uno de los templos más altos del mundo. Para quienes prefieren quedarse bajo techo, la red subterránea conocida como RÉSO permite moverse entre centros comerciales y edificios públicos.

MONTREAL. En los laterales del Aldred Building se encuentran las curiosas estatuas “The english pug and the french poodle” .
MONTREAL. En los laterales del Aldred Building se encuentran las curiosas estatuas “The english pug and the french poodle” . (Graciela Cutuli)

La contracara es la temporada de nieve. En ese momento, uno de los eventos más importantes es el Festival Montréal en Lumière, que combina arte, gastronomía y espectáculos al aire libre. Un buen lugar para probar los imperdibles helados hechos, directamente sobre el hielo, a base del jarabe de arce. También destaca el Igloofest, un festival de música electrónica que se celebra en el viejo puerto y donde los asistentes bailan abrigados con trajes de esquí y gorros de lana bajo cero grados.

La gastronomía merece un capítulo aparte. Platos como la poutine (papas fritas con salsa y queso), los bagels al estilo Montreal, y las cervezas artesanales locales son parte del recorrido obligatorio. Muy especialmente, no hay que perderse los sándwiches de pastrón de Schwartz, un icónico local judío en el Plateau —uno de los barrios céntricos— que son globalmente famosos.

Cómo moverse entre Toronto y Montreal

Viajar entre Toronto y Montreal es sencillo y permite disfrutar de los paisajes de una punta a otra del país.

-Tren (VIA Rail): cómodo, puntual y con vistas panorámicas. El viaje dura alrededor de cinco horas. Es recomendable reservar con anticipación para conseguir mejores precios.

-Avión: múltiples vuelos diarios unen ambas ciudades en poco más de una hora. Ideal si se cuenta con poco tiempo.

-Bus (Megabus o FlixBus): opción más económica, aunque menos cómoda en invierno. El trayecto puede durar entre seis y siete horas.

-Auto alquilado: ofrece flexibilidad y permite explorar pueblos en el camino como Kingston o el Parque Nacional de las Mil Islas. Otra parada que vale la pena es Ottawa, la capital, que durante el invierno invita a patinar sobre hielo sobre el canal Rideau. En ese caso, es necesario considerar la experiencia previa en manejo en nieve y llevar neumáticos adecuados.