Un seis de enero de 1502, día de reyes, el navegante portugués Gaspar de Lemos encalló su goleta al sur de Rio de Janeiro. Era una gran bahía que bautizó con el nombre de Vila dos Santos Reis Magos pero, como era muy largo, lo cambió por Angra dos Reis (ensenada de los reyes). Lemos había encallado en la isla Grande, la mayor de las 365 islas que conforman el archipiélago.
La BR 101 es la ruta que une Rio de Janeiro con Angra dos Reis, está en perfecto estado, pero es un carril por mano. Son 170 kilómetros que se hacen largos porque la costa de Angra es intrincada, con subidas y bajadas, curvas y contracurvas, por lo que el viaje puede tomar tres horas de auto o cinco de micro.
Si bien hay algunas playas escondidas en el continente, son pocas y pequeñas, por lo que el plan aquí será recorrer sus islas. Hay dos muelles desde donde parten lanchas colectivas –flex boats las llaman– con capacidad para treinta y cinco pasajeros, que tienen varios servicios diarios a Vila Abrãao en isla Grande, la más visitada. Son los muelles de Santa Luzia, en la ciudad de Angra, y el de Conceição de Itacari, 42 kilómetros al norte. Desde Santa Luzia son cuarenta minutos de lancha, desde Conceição, veinte.
Isla Grande es la gran protagonista del archipiélago y la única con opciones de hospedaje. Vila Abrãao es el punto de llegada sobre la costa noreste donde hay restaurantes, posadas y negocios. Desde allí se puede tomar lanchas taxi a otros puntos de esta gran isla de 30 kilómetros de longitud y casi 12 en su parte más ancha. No hay caminos ni vehículos por lo que la lancha taxi es la manera de llegar a otras playas como la famosa Lopes Mendes. Sólo los muy entrenados pueden hacer las casi tres horas de caminata a través de selva, pero la mayoría va en lancha taxi hasta la playa de Pouso y desde allí hay que hacer veinte o treinta minutos de caminata. La Lopes Mendes, de casi tres kilómetros de extensión, está en la costa sureste, del lado del mar abierto, donde van los surfers y hay tan sólo unos puestos de venta de bebida.
Sobre la costa que mira al continente, las playas son de aguas tranquilas, como la piscina natural de la Lagoa Azul, la segunda playa más recomendada después de la Lopes Mendes. Claramente la propuesta para quienes se quedan en Isla Grande es disfrutar de la naturaleza en estado puro, con sus ventajas y desventajas.

Paseo por otras islas
Desde el muelle de Santa Luzia parten las excursiones de todo el día en “escunas”, goletas de dos mástiles con capacidad de hasta cien pasajeros. Con bebida abordo y música, el barco irá echando anclas en disintas islas para el chapuzón y para quienes quieran nadar hasta la orilla. Otra opción más tranquila es pactar itinerario, duración y precio con alguno de los tantos propietarios de lanchas que ofrecen el servicio, como Vicente de la empresa Centoca, dueño de una lancha con capacidad hasta para ocho pasajeros.
Capitán y guía, Vicente nos fue contando que la primera parada sería en la isla de Cataguases, tres islotes pequeños con vegetación, muy cerca del continente, con aguas poco profundas, arena blanca y fina. Ancló a metros de la costa, nos dio máscaras, snorkels y “flota flotas” para que nos lanzáramos a espiar la vida bajo el agua. Nadamos hasta la isla que cruzamos a pie en pocos pasos hasta llegar del otro lado donde hay otra playa sin embarcaciones.

Después seguimos viaje hasta las islas Botinas, conocidas como “las gemelas”, dos pequeñas islas rocosas que son la postal de Angra, y después a Gipóia, la segunda isla en tamaño después de isla Grande. En Gipóia hay bares y restaurantes, allí almorzamos antes de ir hasta la playa do Dentista dentro de la misma isla, nombrada así porque un famoso dentista de farándula construyó su casa allí. Volviendo al continente, Vicente nos mostró islas privadas que están a la venta, como una que casi compra el futbolista Neymar en 18 millones de dólares.
Vida de hotel
Moverse en Angra requiere de cierto trabajo: hay que llegar hasta el muelle público o hasta la marina privada para hacer el paseo en barco, recorriendo varios kilómetros por la ruta. Quienes busquen tener todo resuelto en el mismo lugar, pueden elegir un hotel con su propia marina. El hotel Fasano, tradicional marca de hotelería brasileña, está en Frade, dentro de un condominio donde hay residencias, canchas de golf, senderos con bromelias gigantes y cascadas. El edificio de dos pisos con forma de búmerang, tiene sesenta habitaciones todas con balcón aterrazado al mar. La decoración es exquista, con madera clara, tapices de fibra, objetos náuticos y una paleta en celestes y verdes que imita el exterior. Hay dos restaurantes de inspiración italiana, una enorme piscina en altura, gimnasio completo, un spa con piscina climatizada y un kids club. Y la enorme ventaja de caminar unos pasos hasta el muelle y subirse al barco después de desayunar y recorrer cada día una isla distinta.
Datos útiles
Cómo llegar: Flybondi cuenta con 4 vuelos semanales Córdoba-Rio de Janeiro, martes, jueves, sábados y domingos, por 270 dólares (ida y vuelta). Inlcuye un bolso de mano (no carry on) de hasta 10 kilos para colocar bajo el asiento. Subir un carry on en cabina, de hasta 9 kilos, tiene un costo extra de 35 dólares. La elección de asiento también tiene costo. Tel. 0810-555-3592 www.flybondi.com Angra está a 170km de Rio de Janeiro por la ruta BR 101 (Santos-Rio de Janeiro).
Dónde dormir: Fasano es el hotel de lujo inaugurado en 2017 por Gero Fasano, la familia brasileña sinónimo de gastronomía y hotelería de excelencia. Son 60 habitaciones espaciosas con playa privada y muelle propio.
Isla Grande: Objectiva es la empresas de lanchas rápidas que sale del muelle de Santa Luzía. Travessia es la que sale de Conceiçao de Itacaraí. El precio es de 180 reales ida y vuelta (48.000 pesos). Paseos. https://www.instagram.com/centocalanchas/
Más información https://visite.angra.rj.gov.br/