Toda ciudad tiene un lugar donde empezó su historia. En La Falda, ese lugar es un hotel. Puede parecer una curiosidad, pero basta recorrer unas pocas cuadras para entender que la historia del Hotel Edén y la de la ciudad son inseparables.
Antes de que existieran las avenidas arboladas, las tradicionales casas de té, los comercios y las postales que hoy identifican a uno de los destinos más elegidos de las sierras de Córdoba, ya se levantaba aquí un edificio que cambiaría para siempre la historia del Valle de Punilla.
El hotel que llegó antes que la ciudad
Cuando el Hotel Edén abrió sus puertas, el 26 de diciembre de 1898, este rincón de Punilla era apenas una estancia rodeada de monte serrano.

El empresario alemán Roberto Bahlcke imaginó un proyecto tan ambicioso como innovador para la época: construir uno de los hoteles más importantes de Sudamérica en un lugar donde todavía no existía un pueblo.
Convencido de que el clima privilegiado de las sierras cordobesas atraería visitantes de todo el país y del exterior, levantó un edificio que terminaría impulsando el desarrollo de toda la región. Y tuvo razón.
Con el hotel llegaron empleados, comerciantes, proveedores y nuevas familias. Poco a poco comenzaron a aparecer viviendas, negocios y servicios. Alrededor de aquel edificio nació una ciudad que, más de un siglo después, sigue encontrando en el Edén una parte esencial de su identidad.
Dos formas de descubrir el Edén
Hay quienes llegan atraídos por su imponente arquitectura. Otros, por las historias que alguna vez escucharon sobre este edificio. Lo cierto es que el Edén propone dos experiencias completamente distintas, pero igualmente memorables.
Durante el día, la visita invita a descubrir la historia oficial del hotel. El recorrido comienza entre los parques y jardines que rodean el edificio y continúa por distintos sectores del antiguo establecimiento, donde documentos históricos, fotografías y objetos originales permiten reconstruir la vida cotidiana de uno de los hoteles más prestigiosos que tuvo la Argentina.

Acompañados por los guías, los visitantes recorren galerías, antiguos salones y espacios que alguna vez recibieron a presidentes, científicos, artistas y miembros de la aristocracia europea, mientras descubren cómo este edificio terminó convirtiéndose en el origen de toda una ciudad.
La experiencia dura aproximadamente dos horas, aunque el predio permite permanecer el tiempo que cada uno desee para seguir disfrutando de los jardines y del paisaje serrano que rodea al hotel.
Cuando cae la noche, el Edén cambia por completo.
Las luces desaparecen y los únicos que iluminan el camino son los guías. La historia documentada queda atrás para dar paso a testimonios, mitos y leyendas urbanas que durante décadas alimentaron la fama del edificio.
El recorrido se realiza completamente a oscuras. Apariciones, fenómenos paranormales y relatos de quienes aseguran haber sentido presencias convierten la visita en una experiencia inmersiva, donde el misterio reemplaza por un momento a la historia oficial.
Mientras se recorren sus pasillos resulta inevitable imaginar otra época.
Las escaleras de mármol de Carrara, las galerías y los grandes salones todavía conservan el espíritu de los años en que el Edén era considerado uno de los hoteles más exclusivos de Sudamérica.

Por aquí pasaron presidentes argentinos como Julio Argentino Roca, José Figueroa Alcorta y Agustín P. Justo. También Albert Einstein, durante su visita a la Argentina en 1925; el poeta Rubén Darío, que dejó unos versos escritos en el libro de huéspedes; el director de orquesta Arturo Toscanini y numerosas familias de la aristocracia argentina y europea que encontraban en estas sierras un destino privilegiado para descansar.
Pero el Edén también atravesó algunos de los capítulos más complejos del siglo XX. La administración de la familia Eichhorn, sus vínculos con la Alemania nazi, la incautación del edificio tras la Segunda Guerra Mundial, el cierre definitivo en 1965 y las décadas de abandono forman parte de una historia que hoy ayuda a comprender por qué este edificio sigue despertando tanta fascinación.
La Falda, mucho más que el Edén
La historia de La Falda comienza en el Hotel Edén, pero no termina allí.
Muy cerca aparece uno de los grandes emblemas naturales del destino: el Cerro La Banderita. Una red de senderos atraviesa el monte nativo y conduce a miradores, cascadas y distintos circuitos de trekking para todos los niveles. Quienes alcanzan la cima, a 1.450 metros sobre el nivel del mar, encuentran una de las panorámicas más impactantes del Valle de Punilla, con la ciudad desplegándose al pie de las sierras.
Y para quienes disfrutan de los edificios cargados de historia, el recorrido puede continuar apenas unos kilómetros más al sur, en Valle Hermoso. Allí, al pie del Camino del Cuadrado, en la localidad de Valle Hermoso, se levanta otro clásico de las sierras cordobesas: El Castillo Hotel Fábrega.
Construido alrededor de 1870 como casco principal de una estancia y transformado años más tarde en un elegante hotel de estilo florentino.
Más de un siglo después, el Hotel Edén sigue siendo la puerta de entrada a La Falda. No solamente porque fue el origen de la ciudad, sino porque permite entender cómo nació el turismo en este rincón del Valle de Punilla.