Voy de Viaje
Juan Toselli

Bosques de Copo y Pilcomayo: un viaje por el Gran Chaco Austral

Estas regiones poco conocidas para el viajero habitual, todavía resisten los embates del avance de la deforestación y se erigen como emblemas de la enorme biodiversidad de la zona y de nuestro país.

Pablo Sigismondi|30 de junio de 2026 a las 01:26 p. m.
Bosques de Copo y Pilcomayo: un viaje por el Gran Chaco Austral

La llanura del Gran Chaco, región que sustenta enorme biodiversidad, se caracteriza por la estacionalidad de sus precipitaciones estivales, las que marcan el ritmo de sus bosques, adaptados para sobrevivir a prolongadas sequías. Allí se asientan ecosistemas que van desde sabanas hasta humedales y que constituyen el hogar, refugio y alimento de sus habitantes desde tiempos inmemoriales. Sin embargo, la tala masiva y el avance agroganadero los han degradado hasta el borde de la extinción. Visitarlos en áreas protegidas que son refugios de flora y fauna, y recorrer las ruinas de los paisajes industriales donde se extraía el tanino, permiten adentrarnos en la historia y geografía de esta región.

Parque Nacional Copo

“El desafío es conservar este bosque que no pudo ser talado para las futuras generaciones. Es la última región de bosque” dice Mario Jiménez, el Guardaparque cuando caminamos por el interior del sendero Munakuy. Recorrer la polvorienta ruta interprovincial que separa Santiago del Estero, al oeste, y Chaco, al este, resulta aleccionador. En efecto, su dirección norte-sur sigue la línea del paralelo 61º42´que establece el límite político entre ambas provincias y más: es la tajante separación entre la explotación agroforestal de un lado y la preservación enfrente. La ruta lleva al portal de ingreso de la Secciónal El Aybal y establece el límite oriental de las 118.000 hectáreas protegidas desde el año 2000, cuando fue creado Copo, uno de los parques nacionales menos conocidos -y visitados- de la Argentina.

Parque Nacional Copo
Parque Nacional Copo (Pablo Sigismondi)

Situado en el ángulo noroeste de la provincia, preserva bosques originales de quebrachos blancos y colorados (del que se extraía el tanino y se elaboraban los durmientes para las vías férreas), algarrobos y mistoles. Su abundante fauna incluye el tatú carreta, el oso hormiguero, monos y diversas especies de aves como tucanes.

Geográficamente, Copo es el único parque nacional de la Argentina que no tiene ríos, aunque sí diversos paleocauces (cauces antiguos) del río Juramento. En ellos el ecosistema del bosque queda reemplazado por sabanas y pastizales.

FAUNA. Un ejemplar de carayá salta entre las ramas del bosque en el Parque Nacional del Río Pilcomayo.
FAUNA. Un ejemplar de carayá salta entre las ramas del bosque en el Parque Nacional del Río Pilcomayo. (Pablo Sigismondi)

Parque Nacional del Río Pilcomayo

Por el contrario, en el otro extremo de la amplia Región Chaqueña, al noreste de la provincia de Formosa y limítrofe con la República del Paraguay, otro parque nacional asombra. “Aquí conservamos una gran diversidad de especies, a punto que es el tercer parque con mayor diversidad en la Argentina, con 325 especies de aves registradas, más otro tanto de mamíferos. Son 52.000 hectáreas de flora y fauna protegidas para todos” comentan con sonrisas y alegría las guardaparques Estela Albornoz y Gisela Infantino.

Parque Nacional del Río Pilcomayo
Parque Nacional del Río Pilcomayo (Pablo Sigismondi)

En sintonía con la abundante humedad -las precipitaciones superan los 1000 mm anuales- el barro alberga árboles de ficus cuyas raíces y tallos caen hasta formar columnas. Engrosados por helechos adheridos a sus troncos (y a la sombra de sus hojas verdes oscuras, brillantes y perennes), grupos de carayás saltan y se alimentan. Estos monos aulladores (los machos emiten fuertes sonidos), considerados los primates más grandes de la Argentina, se destacan por el color negro del macho, rodeado por hembras de pelaje pardo que penden colgadas de sus largas y fuertes colas.

Selvas en galerías y pastizales de sabana completan la naturaleza del Parque Nacional, creado en 1951, durante el Territorio Nacional de Formosa. Su superficie, de 51.000 hectáreas, es apenas un cuarto del tamaño original desde la provincialización.

Villa Guillermina
Villa Guillermina (Pablo Sigismondi )

Ruta de la forestal: historia de depredación en el Chaco

Las hojas con cutícula cerosa que ralentizan la evaporación; la estivación de muchos insectos y anfibios que excavan en el barro a la espera de las lluvias; los refugios en los lechos de arroyos y las estrategias ingeniosas de la naturaleza para sobrevivir durante los meses secos no pudieron evitar, sin embargo, al más grande de los depredadores: los humanos.

LA FORESTAL. Las ruinas industriales de la empresa han sido revalorizadas en Villa Ana.
LA FORESTAL. Las ruinas industriales de la empresa han sido revalorizadas en Villa Ana. (Pablo Sigismondi)

La aparición masiva de hachas y motosierras extinguieron, en poco menos de un siglo, hasta la floración de los árboles. El pulso de vida que sustentaba todo el ecosistema fue aniquilado. Y, a la vez, las comunidades de pueblos originarios más empobrecidas y olvidadas de la Argentina fueron diezmadas o masacradas. Ni refugio para la subsistencia -y la miseria- encontraron durante los fusilamientos masivos, primero en Napalpí y, años después, en Rincón Bomba.

Llegamos a este territorio gracias a la gestión de Sergio Arias, quien como Director Regional Norte tiene el compromiso de supervisar y coordinar estas áreas. Los bosques del Gran Chaco, que abarcaban aproximadamente 1.000.000 km² de Sudamérica y que habían funcionado como proveedores naturales de alimentos, viviendas, vestidos y medicinas; que suministraban bienes esenciales a los hogares y las economías locales de los Qom, Wichis, Mocovís y Pilagás; que regulaban el clima, que atemperaban los veranos y reservaban el agua, fueron degradados hasta la extinción de su biodiversidad de miles de especies de plantas, mamíferos, aves, anfibios y reptiles que habitaban las sabanas y humedales.

Villa Guillermina
Villa Guillermina (Pablo Sigismondi)

La llamada Ruta de la Forestal, en la provincia de Santa Fe, nos recuerda -y advierte hoy- de esa tragedia, cuando el “estado dentro del Estado” de la empresa británica taló indiscriminadamente para exportar el “oro rojo” del tanino. Las inmensas chimeneas en Villa Ana y Villa Guillermina son testigos mudos.