Voy de Viaje
Juan Toselli

Cerro Tronador, un faro brillante en la Patagonia

Este volcán extinto es el pico más elevado de la región y se halla cubierto de glaciares colgantes. El impresionante sonido que éstos producen al desprenderse desde la cima resuena al caer y dan nombre al lugar. La experiencia se completa con un sorprendente glaciar negro a sus pies.

Pablo Sigismondi|16 de abril de 2026 a las 01:53 p. m.
Cerro Tronador, un faro brillante en la Patagonia

No puedo dormir; ¿Acaso me despierta el frío? No. El cielo sin Luna, completamente oscuro y tachonado de estrellas me atrae más que el cansancio del trajín y la cama. Salgo del refugio lo más abrigado posible. Los puntos luminosos -que no veo habitualmente- se enlazan como telón de fondo de la cumbre blanca frente a mis ojos.

Atraído por ese imán, comienzo a preparar todo el equipo fotográfico. Alcanzo a ver allá arriba luces que se mueven y trazan pequeñas líneas. Coloco el trípode y dejo que la escasa penumbra ingrese durante 30 minutos de apertura del diafragma.

Un desprendimiento de hielo rompe la quietud del Ventisquero Negro y explica el origen mapuche de Anón: “trueno”.
Un desprendimiento de hielo rompe la quietud del Ventisquero Negro y explica el origen mapuche de Anón: “trueno”. (Pablo Sigismondi)

La batería no soportará demasiado tiempo más en ese aire gélido y la humedad se condensará en la lente. Regreso a la cama mientras se procesa la foto. Como era de esperar, cada punto estelar chispeante ha quedado transformado en fino segmento paralelo, de distintos colores.

Y, debajo de ellos, la silueta del volcán con sus tres picos, rodeada de blancos brillantes. Son los campos helados de glaciares, a más de 3000 metros de altitud. Me adormezco en el silencio del vacío. El insomnio y el frío me hacen sentir más despierto que antes. El monte Tronador, en la provincia de Río Negro, ha comenzado a revelarse.

Abandono la Ruta 40 y comienzo a adentrarme hacia el oeste -al corazón del macizo andino- por la ruta provincial 82 y cruzo el torrentoso río Manso (geográficamente notable ya que su cuenca pertenece a la vertiente del Pacífico) pero debo esperar. En efecto, el camino se vuelve tan angosto y sinuoso que sólo se permite transitar en mano única y quedará habilitado a partir de las 10,30 horas para subir.

Con casi 3.500 metros de altura, el monte Tronador concentra glaciares clave para las reservas de agua dulce de la región andina argentina.
Con casi 3.500 metros de altura, el monte Tronador concentra glaciares clave para las reservas de agua dulce de la región andina argentina. (Pablo Sigismondi)

En ese tramo, profundos precipicios entre bosques cada vez más densos caen hacia el lago Mascardi que, en cada curva, muta a turquesa, zafiro y azul marino.

Cuando la ruta desciende hacia la margen derecha del río Manso Superior, de aguas blanquecinas y lechosas, el paisaje se abre. El valle de Pampa Linda se ensancha y el imponente monte Tronador aparece en escena con sus tres picos y casi 3500 msnm, como un faro brillante.

El sendero asciende entre lengas y ñires hasta la Garganta del Diablo, donde cascadas furiosas caen sobre un anfiteatro de roca tallado por el hielo y el agua.
El sendero asciende entre lengas y ñires hasta la Garganta del Diablo, donde cascadas furiosas caen sobre un anfiteatro de roca tallado por el hielo y el agua. (Pablo Sigismondi)

Gran parte de las cuencas hídricas situadas en las áreas montañosas del oeste de la Argentina poseen un componente vital: los glaciares, auténticos “tanques” de agua, reservas estratégicas.

“Conocer la cantidad de hielo que contienen es fundamental para cuantificar la disponibilidad de agua actual y futura, así como para estimar el aumento del nivel del mar y comprender su respuesta al cambio climático”, dicen los científicos del IANIGLIA (Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales).

¿Qué cantidad de agua en estado sólido existe en el Tronador? Los expertos lo han estudiado durante décadas. “Los resultados indican que los glaciares del monte Tronador tienen un espesor promedio de 75 metros, aunque en algunos casos superan los 240 metros.

En conjunto, su volumen de hielo es de 4,8 kilómetros cúbicos” (veinticuatro lagos San Roque). Los glaciares del Tronador podrían entregar a cada habitante del planeta 550 litros de agua pura y dulce.

El camino hacia Pampa Linda bordea precipicios, bosques cerrados y las aguas cambiantes del lago Mascardi, antesala de uno de los paisajes más impactantes de Río Negro.
El camino hacia Pampa Linda bordea precipicios, bosques cerrados y las aguas cambiantes del lago Mascardi, antesala de uno de los paisajes más impactantes de Río Negro. (Pablo Sigismondi)

Camino entre lengas y ñires por el sendero empinado; serpenteo hacia las cascadas de la Garganta del Diablo que tapizan el anfiteatro rocoso y oscuro; bebo abundante agua fresca del glaciar.

En el mirador del lago Ventisquero Negro me tiro como lagartija bajo el sol radiante para admirarlo sin quitarle la mirada de encima. Tras breves minutos, la imagen me estremece. Una gigantesca pared helada azulada acaba de caer allá arriba. Segundos después, el estruendo me ayuda a apreciar su magnitud. Por eso sus pueblos mapuches ancestrales lo nombran como Anón o Anone (“trueno”).

Cada desprendimiento arrastrará hielo, rocas, gravas, arenas y cenizas -propias y de los volcanes que lo rodea- que se acumularán en el lago lechoso. Formarán mármoles de capas grises. Así nacen los glaciares negros que flotan frente a mí. Entre ellos apenas distingo una pequeña embarcación junto a un témpano.

Entre témpanos oscuros, roca volcánica y paredes heladas, el Tronador recuerda la fragilidad de los glaciares frente al cambio climático.
Entre témpanos oscuros, roca volcánica y paredes heladas, el Tronador recuerda la fragilidad de los glaciares frente al cambio climático. (Pablo Sigismondi)

Sin ese bote, el bloque helado parecería pequeño y, en realidad, es al revés: los chiquitos somos los humanos, con escalas temporales y espaciales tan efímeras que palidecemos frente a los glaciares.

¿Recuperaremos la conciencia para preservar los glaciares que aquí lucen primigenios, intactos y frágiles? ¿Entenderemos que los ecosistemas glaciares constituyen un valioso regalo de un clima que existió? ¿Valoraremos las interacciones existentes en los elementos vivos no humanos del ambiente para que los “anones” puedan ser escuchados por quienes nos hereden?