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Mónica Ayos, más que un amor de verano

Mónica Ayos fue la primera en ser consagrada Chica del verano, en una temporada muy significativa para su carrera. La actriz habla del premio y de su presente en México.

26 de enero de 2015 a las 10:00 a. m.
Victoria Varas
Mónica Ayos, más que un amor de verano

Mónica Ayos ganó el primer certamen de La Chica del Verano en el año 2001, cuando el público la identificaba como una vedette exultante que encabezaba las marquesinas de la revistas. Aquella temporada significó una bisagra en su carrera artística. A partir de allí redireccionó sus objetivos y se fue despojando de las plumas para inclinarse hacia la labor de actriz. Ese plan se concretó incluso más allá de la pantalla chica argentina. Hoy es una figura reconocida de la mejicana Televisa, cadena a la que llegó movida por el deseo de mantener unida a su familia.

Este verano la encuentra en Mar del Plata, protagonizando la obra Una atracción fatal. Sigue siendo dueña de un físico despapampanante y dice conservar intacto el atributo que la ayudó a ganar en aquella oportunidad: la espontaneidad.

Catorce años después de recibir la corona, el presente de Mónica es un ejemplo de lo que ocurre cuando se decide trascender la belleza para entrenar el talento. La chica que conquistó a los votantes en la primera edición de nuestro concurso demostró que lo suyo con el público iba más allá de un fugaz amor de verano.

-¿Qué significó el premio para vos?

-Wow!!!! Entre el año 2000 y 2001 se marcó claramente un parte-aguas en mi vida personal y profesional. Me enamoré de quien es mi marido hace 13 años y padre de mis hijos, mi amor y mi compañero, Diego Olivera. En lo profesional fue mi primera vez en Carlos Paz, maravilloso lugar que me colmó de afecto, y mi penúltima revista con récord de taquilla (Movete Chupete, movete), poco antes de dejar el rubro y dejar expresarse a mi actriz. Fue una temporada de revolución total, en todos los sentidos de mi vida y lo que determinaría mi destino años más tarde.

-Muchas de las candidatas fueron y son vedettes. ¿Estás enemistada con ese rol?

-No. Me siento una suerte de mamushka, todas las que fui coexisten en mí y ayudaron a que mi formación como artista integral fuera desplegándose mediante distintos géneros. La revista ayudó mucho a que pudiesen conocer facetas mías que tienen que ver con la comediante, con cantar y bailar. La evolución constante siempre fue mi premisa y la vedette formó una corta pero intensa etapa de este camino que supe capitalizar y que además disfruté muchísimo con tan solo veintipico de años. Realmente me sentí una privilegiada. En ese tramo de mi carrera, colmé mis deseos y no me quedó nada en el tintero. Cuando sentí que era hora de volar hacia otros rumbos y nuevos desafíos diferentes, lo hice.

-Leonela, tu personaje en la novela “Triunfo del amor”, te instaló en la pantalla mejicana como “chica mala”. ¿Seguís por ese camino?

-Leonela llegó sin esperarla, como una yapa. Yo sólo acompañé a Diego para que la familia se articulara de una manera más fluida, sin la interferencia de la distancia. Cuando él se fue, yo hacía tira diaria, cine y teatro; estaba nominada a dos Martín Fierro como actriz y al Cóndor de plata en cine, por revelación. Así que no pude acompañarlo. Finalmente, después de muchos viajes y logística complicada, decidí parar la pelota y escuchar a Diego que necesitaba tenernos a su lado. Tuve que emplear una cuota extra de inteligencia emocional para permitirme cambiar el rumbo de lo que yo creía que era "mi plan" y dejar que la vida me sorprendiera. Así fué. Acompañé a Diego, y casi sin querer terminé trabajando en Televisa, encarnando a Leonela, una villana que me exigió estudiar castellano neutro, fue doblada en todos los idiomas y me abrió más puertas de las que imaginé jamás. Diego, de 2006 a esta parte, no paró de hacer novelas. Yo desde hace cuatro años estoy instalada en DF. En lo inmediato terminé en agosto el unitario en Televisa (hice otra villana) y comienzo la preproducción de una nueva telenovela en abril, para la misma cadena.

-¿Qué te sedujo de “Una atracción fatal”?

-Me sedujo poder compartir un verano completo con mi familia que vive en Mar del Plata y obviamente el combo fantástico de laburar con un lujo de actores como Raúl Taibo y Marcelo de Bellis, un director como Manuel Gonzalez Gil, en un teatro como el Roxy,  ¡¡¡de mil localidades!!! Una comedia de humor inteligente, como el de Neil Simon, fue el broche de oro. No hay noche que la gente no responda con carcajadas y eso nos da la satisfacción de saber que logramos el cometido de llevar un muy buen espectáculo para sumar a una temporada plagada de buenos espectáculos.

- ¿Cuál es el título que mejor te queda hoy? La Chica…

-Por la distancias, las idas y vueltas (y haciéndole honor a una obra divina de Neil Simon con ese título) hoy sería...mmmm… "La Chica del adiós”.