Jesús María 2012: la noche más santiagueña
La penúltima jornada de Jesús María, la de “los dos soles y una luna”, tuvo a una multitud en las tribunas y a una embajada santiagueña en el escenario. Crónica y fotos.
Vale la pena repetir que Santiago del Estero ha forjado a lo largo del tiempo una de las identidades más sólidas de nuestra música de raíz folklórica. Una genealogía larga y nutrida sostiene y justifica esta tradición que hasta hoy no se quedó quieta. Vale la pena repetirlo después de una noche como la de anoche, la novena del Festival de Doma y Folklore de Jesús María, la que según la mejor tradición comenzó a la tarde y terminó a la madrugada, la de los dos soles y una luna, la que eligió el sello particular e inconfundible de la música santiagueña para celebrarse. Mario Álvarez Quiroga, Horacio Banegas, Néstor Garnica y los inagotables Manseros Santiagueños -los más esperados y aplaudidos-, protagonizaron una noche multitudinaria, que desde temprano vio movimiento dentro y fuera del anfiteatro José Hernández. La santafesina Mariel Trimaglio, casi en representación de las minorías, completó la grilla.
A las 22.30, cuando los faros de la televisión pública se encendieron para que Álvarez Quiroga continue la actuación que había comenzado para los presentes a las 22, en las tribunas no cabía uno más. Antes de la medianoche, las entradas ya estaban agotadas. Quedaba la alternativa de vender más entradas una vez terminada la actividad en el campo de la jineteada, que entonces sería habilitado para el público que quería entrar. Incluso para acortar los tiempos se pasaron algunas montas para hoy a las 18.30. Así, cerca de la 1.30 de la madrugada, cuando terminó la exhibición de las tropilla entabladas y el campeonato ya estaba definido, mucho público se volcó hacia el campo para hacer de él un gran patio y así pudo entrar otra gente al anfiteatro, justo para asistir al momento más esperado de la noche: la presentación de Los Manseros Santiagueños, una de las instituciones del folklore, el conjunto que atravesó los últimos 50 años dejando un sello personal, inconfundiblemente santiagueño.
Es por lo menos sorprendente ver lo que Los Manseros despiertan en el público. Entre los más jóvenes y los viejos, los santiagueños movilizan desde el lugar que hoy pocos pueden hacerlo, con la palabra del testigo. En parte será por el repertorio de chacareras, canciones y todavía alguna que otra vidala; o por ese estillo sencillito afirmado con fuerza y autoridad de tradición; por ese color santiagueño de las voces, que aunque ya casi ni afinan mantienen cierto atractivo. Por todo eso que les permitió a los largo de 50 años ser ellos mismos.
La música de raíz folklórica ya dio varias vueltas sobre sí misma, dialogando con lo distinto, poniéndose en tensión con otras fuentes, redescubriéndose, incorporando y rechazando al otro. En épocas en las que la parafernalia tecnológica pareciera ser el denominador común de muchas de las bandas actuales, Los Manseros mantinen eso que a esta alturaes una referancia de la historia: tres guitarras y bombos, dos veces dos veces. Criollitos y elementales, no necesitan más para recrear el mismo estilo de aquel dúo que a fines de la década de 1950 fundaron Leocadio Torres y Onofre Paz. Anoche, con Onofre como el único sobreviviente de una travesía de medio siglo, Jesús María les rindió el homenaje con un anfiteatro lleno.
Antes de Los Manseros, Mariel Trimaglio mostró su nueva identidad pop y Horacio Banegas dejó sentado que es uno de los talentos más fértiles de la actualidad. Después, Néstor Garnica agitó a los que quedaban con ese virtuosismo encantador y criollo que sale de su violín.La madrugada, como buscando el ruido para no dormirse, se inclinaba para el lado del divertódromo con alto impacto de decibeles, entre otras cosas, que está detrás del anfiteatro. Había que completar la tradición esperando el segundo sol.HoyLeón Gieco, Facundo Toro, Amboé, Los del Suquía, Deolinda y Fabricio Rodríguez. General $ 30, jubilados $ 20 y menores $ 10. Plateas desde $ 55.

