Flor de la V: con todas las letras
Flor de la V dice que no volvería al Bailando porque no está para el boludeo; que hay empresarios teatrales mafiosos en Carlos Paz y que espera que la plaza siga creciendo. Quiere encontrar el equilibrio entre los hijos, la familia y el trabajo.
Firme, cordial, segura, decidida, sonriente o seria. Cuando Flor de la V no está sobre los escenarios, es graciosa cuando tiene que serlo, pero también dice lo que piensa sin medir las consecuencias. Emprendedora exitosa, productora teatral, actriz, madre, Florencia tiene las cosas muy claras, y ningún temor a las repercusiones que puedan tener para decir que no está "para el boludeo" y que no piensa volver a ser jurado del Bailando; o que trabajó en casi todas las salas de Carlos Paz y los empresarios que ganaron fortunas no pintaron ni una puerta; o explicar por qué en el circuito de los teatros serranos hay actitudes mafiosas.
Flor reparte halagos sólo para quienes cree que de verdad los merecen y ni se le ocurre fomentar la hipocresía, moneda corriente –dice- tanto en una televisión irrespetuosa como la de hoy como en las temporadas teatrales. También habla mucho (y con devoción) de sus hijos -mientras duermen la siesta en la bella casa que alquiló pero que dejará a fines de enero para volver a instalarse en Carlos Paz-, y entiende eso de que no hay manuales para ser padres.
El martes, cuando empezó la seguidilla de dobles funciones de Qué gauchita mi mucama, Florencia recibió a VOS para hablar del verano caliente en marcha, en el que siente el orgullo de su teatro nuevo y una obra que vende (no regala) entradas y que está llamada a convertirse en uno de los grandes éxitos otra vez. "Las temporadas se pusieron como heavys. Hay una obsesión por el primer puesto a cualquier precio. Como productora, como actriz, me encanta ver la sala llena... pero de gente que pagó la entrada. No puedo tenerla llena de invitados. Yo trabajo, vivo de esto. No me gusta que venga una persona que me golpee la boletería y me diga que le regale dos entradas porque en la de más allá le regalaron.
-¿Cuál es el negocio de regalar entradas?
-Hay gente a la que le gusta tener el teatro lleno.
-Pero pierden plata...
-La verdad que sí, pero pasa. Tal vez para ir calentando la cosa. Yo no soy partícipe de ese modo de trabajar, no me gustó nunca. Cada uno lo puede hacer, pero perjudica a la plaza.
-¿No puede haber un acuerdo entre productores?
-Cada uno hace la suya, en ese sentido no se puede lograr nada. El tema de los empresarios teatrales, por lo menos acá en Córdoba, es muy complicado.
-¿Acá más? ¿Por qué?
-Porque siempre fueron los mismos y manejaron las cosas como quisieron. Por eso hace años que quería tener mi propio teatro. Yo no me voy a asociar a la cámara de acá. Si tenés a un grupo de empresarios que se unen para decir que a mí no me vendan entradas en Autoentrada, no me puedo sentar en una mesa a discutir con ellos. Esos son mafiosos.
-¿Fue sí?
-Sí, fue así. Y esas son actitudes mafiosas. Y a una persona como yo, que hace muchos años que estoy trabajando, que lo único que he hecho es laburar e invertir en esta plaza. He trabajado en casi todos los teatros de Carlos Paz, he tenido temporadas de más de 60 mil espectadores. ¿Vos te pensás que un empresario pintó siquiera una puerta del teatro? Ninguno. Esas cosas me parecen una falta de respeto al público. Y no puede ser, porque no ganan dos pesos con cincuenta. No puede ser que a la gente que viene, y ves que están haciendo una vaca entre cinco para una entrada o están tarjeteando para verte, uno no les tenga respeto. No podés tener un asiento en la sala que es un asiento de colectivo, una butaca desatornillada o no tener aire acondicionado o rampa para discapacitados. Hay cosas que dije que no se puede permitir.
-Por eso nació la idea de tu propio teatro.
-Dije que tenía que tener un teatro con las condiciones e infraestructura que considero que debería tener. Para mí, el teatro es como mi casa. Cuando invito a mi casa, quiero que la gente se sienta bien, y con el Melos me pasa eso. A la gente que paga la entrada le estoy dando, desde que entra hasta que termina la función, un momento de placer.
-Celebrás la aparición del Luxor también...
-Y ojalá vengan muchos más. Y que los que están los reformen, los mejoren. Eso hace a la evolución de una ciudad, así como hacen falta buenos hoteles, buenas clínicas, un buen hospital. Una décadaFlorencia cumple 10 años desde su debut en la Villa, en la obra Un patacón no es caída. Y recuerda cada obra y cada paso con cariño, pero también vio el crecimiento de la plaza. "Indirectamente, creo que acompañé el crecimiento y tuve mucho que ver en impulsarla y ponerla en el primer lugar como se encuentra hoy". Además, destaca que lo que la motivó a quedarse fue el público de Córdoba, alegre, efusivo, afectuoso.
-Y pensás quedarte.
-¿Ahora que tengo mi teatro? Imaginate.
-A Susana Giménez le dijiste que el año que viene a lo mejor no ibas a hacer temporada.
-No sé...
-No estaría mal que te tomes un año de descanso.
-El trabajo es parte de mi vida. Yo espero mucho la temporada de verano, de verdad, con ansias. Para mí, trabajar y poder descansar en un lugar tan divino, es fantástico. Soy una privilegiada.
-Destacabas la alegría de los cordobeses. ¿Sos una persona alegre?
-Muy. Sino no podría estar haciendo lo que hago. El humor tiene mucho que ver en mi vida, va de la mano con lo que hago. Siempre les digo eso a mis elencos, fomento la unión de los grupos, la armonía. Nosotros trabajamos haciendo humor, y tiene que haber humor, no un mal clima.
-No siempre es así, ni con humoristas muy famosos.
-Tiene que ver con formas de ser. Yo cuando trabajé en otras compañías, siempre fui muy observadora y pensaba que había cosas que no iba a permitir si tenía mi propia compañía. Vengo de tres temporadas consecutivas sin ningún escándalo con mis elencos.
-Y ahora con un seleccionado para la comedia.
-No sólo de acá, de todo el país. Hace años que no hay un elenco tan multiestelar como tengo; todas primeras figuras, excelentes comediantes. Los años de experiencia me dieron una cosa: los mediáticos, por llamarlos de alguna manera, a veces son un arma de doble filo. La cosa mediática es fácil, pero no es ‘me subo al escenario y digo cualquier cosa’. La solidez de una persona con formación actoral, con tacos gastados en un escenario, es diferente; y yo priorizo eso. Me encanta lo de ShowMatch, la gente mediática; alguna me divierte más y otra menos, pero como productora priorizo la calidad.
-¿Producirías algo en que no estés como protagonista?
-Sí, me encantaría.
-¿Si?
-Claro. Pero siempre pasan cosas. El año pasado traje Village People con la productora, después llegó el emprendimiento grande de la construcción de un teatro y la producción de la obra. Soy obsesiva en los detalles, meticulosa, en el libro o la escenografía. Igual, a futuro tengo muchísimas ganas de producir otras cosas sin ser la protagonista. Si estoy siempre yo, sería el fin de mi productora: no quiero ser la única que la tenga que sostenerla. En pantalla-Volvés a hacer tele este año.
-Tengo un poco frenado el programa para Telefé porque estoy abocada a la temporada y estamos ahí. Ellos quieren que vuelva, y yo también porque hace rato que no hago tele.
-Es una dinámica diferente.
-Uno se tiene que dividir en muchas cosas, tengo que pensar. Antes hacía todo, pero hoy por hoy me tomo más tiempo para disfrutar la vida. Me gusta el trabajo, pero el trabajo no es la vida. Mi vida es mi vida, mi trabajo es mi trabajo. Y me gustaría encontrar el equilibrio entre mi familia, mis hijos y el trabajo.
-¿Volverías a hacer cosas que hiciste? Por ejemplo, jurado de Bailando.
-A mí con el Bailando me pasa que no me dan ganas de volver. Menos al jurado. No me divierte, porque no se puede ser totalmente honesta con los participantes. Al no poder decir la verdad, ¿para qué estás ahí?
-¿Por qué no podés?
-Porque siempre te están cuestionando. Lo pueden tomar a mal, te pueden escupir, te pueden putear, te puede pasar cualquier cosa. Por ahí no querés herir susceptibilidades, o tenés desde un virtuoso a gente que no baila... ¿cómo evaluás con la misma vara? Es complicadísimo, es un show televisivo y punto, como una gran sarasa. Bailar me encanta, pero el circo que se arma en los programas, de lo que dijo tal fulana o la otra, me agota, no me interesa, estoy en otra. Soy una empresaria teatral y estoy pensando en mi vida, en como contratar buenos actores, gente que rinda y trabaje, cómo facturar. No estoy para el boludeo.
-A veces sorprende cómo todo pasa, se dicen cosas horribles y al otro día se aman.
-Hay mucha hipocresía. Yo me considero bastante coherente en ese aspecto, siempre manejé una línea y no me prendo con ese tipo de cosas. De pronto se dicen barbaridades y de repente se juntan como si nada pasó. Se perdieron muchas cosas, antes había más respeto.
-Si tuvieras tiempo, que no tenés, ¿qué obras verías?
-¡A Palito! Aparte, con los Ortega tengo un afecto incondicional desde hace muchos años. De la mano del hijo, de Sebastián, hice Los Roldán. Él me convocó, pensó en mí, supo que ese personaje era para mí. Con ellos tengo un profundo cariño y a Palito lo amo de toda mi vida.
-¿Ninguna más?
-Te digo, si pudiera iría a ver todas. Me encanta el teatro, lo amo, lo disfruto. El teatro es magia: durante una hora y media los actores te venden una comedia, un musical, una revista. La cultura del teatro argentino no la tienen en otra parte del mundo, salvo Brodway, Las Vegas o Londres. Pero el argentino es teatrero, le gusta. Se madre hoy-Este fue un año fuerte también por la maternidad.
-Te lleva muchísimo tiempo. Hoy, lo que más tiempo me consume son los chicos, porque es algo constante, desde que se levantan hasta que me voy al teatro. Los chicos quieren atención, quieren la pileta; antes dormían más y ahora dos minutos; quieren estar, que les hable, estar a upa, la mamadera. Es un trabajo muy arduo, pero que da gusto hacer.
-Cuando trabajabas con otros productores, había cosas que no harís en su lugar. ¿Te pasa con los chicos, cosas que no repetirías?
-Es complicado. Una vez que sos madre, te cambia todo lo que uno puede haber prejuzgado en los demás. Es muy difícil, no hay un manual sobre la paternidad. Hay cosas que decía que no había que hacer y las terminé haciendo. Por ejemplo, no meterlos a la cama. No sé si voy a volver a ser madre alguna vez, no cierro la puerta, pero digo ‘cómo no voy a meter a este bebé hermoso conmigo en la cama...’, crecen muy rápido. Me pasa eso, que uno dice una cosa y sale otra. Quiero que ellos sean felices y libres.
-¿Creés que les va a costar? ¿Hay todavía prejuicios?
-Siento que ha evolucionado muchísimo. Cotidianamente, uno se enfrenta a diferentes situaciones y la gente lo asimila distinto. A principios de los’90 empezó un cambio fuerte, y ahora es más profundo. La gente está en otra, no creo que exista lo que pasaba antes.
-Y cuando los chicos crezcan, las cosas seguirán cambiando.
-Exacto. En la escuela hay de todo. Antes no podías tener ni los padres separados y hoy es más común de lo que la gente cree.La divina comedia -Otra vez compartís cartel con Emilio Disi. Se armó una dupla fuerte.
-Tiene un oficio y una trayectoria intachable. A mí me gusta formar equipos. Con equipos que me llevo bien, trabajaría toda la vida. Con Emilio me pasa eso, me divierto, la paso bien, es un tipo que tiene ese oficio tan marcado que digo qué groso es trabajar con gente así. Como Francella, actores comediantes de la talla de ellos uno disfruta al verlos. La sutileza de las cosas, el oficio, los gestos, cómo se plantan.
-¿Romperías moldes? ¿Harías personajes muy dramáticos?
-Me gustaría, pero siento... mirá Francella. Cuando una persona como él, que se consagró como el mejor comediante, con premios por doquier, tuvo el desafío personal de hacer cosas distintas y le fue excelente, la gente lo quiere ver haciendo comedia. Eso pasa. Quizás tengo anhelos, proyectos, y los voy a hacer, pero hoy por hoy doy lo que la gente quiere de mi.

