Una opinión sobre MasterChef Junior: No come, no vota, no aprende
Cómo es MasterChef Junior, la versión infantil del exitoso concurso gastronómico que se emite por Teleocho.
Hay una lógica determinada en el formato de MasterChef: la audiencia se reduce a simple espectador. A diferencia de otros reality shows o concursos que explotan el sensacionalismo y el escándalo como Gran Hermano o Bailando por un sueño, por citar a dos vigentes en la actualidad, el programa de Teleocho se presenta como un remanso de ese bullicio al que nos tienen acostumbrados los demás. Sin embargo, solo explota el costado voyeur de un televidente que no tiene incidencia sobre ningún resultado.
Para diferenciarse de la versión adulta, la edición infantil del concurso gastronómico, que debutó anoche en la pantalla local, traía en la canasta dos incógnitas. Por un lado, ver cómo un grupo de chicos que no superan los 13 años se desempeñaba en un ámbito que el imaginario popular no le asigna como propio, y, derivado de ello, ver cómo el jurado de chefs malignos castigaba verbalmente la falta de pericia a la hora de amasar. No ocurrió ninguna de las dos.
La cantidad de concursantes no admite mucha profundidad en el trato, solo vemos algunos fragmentos de diálogo que nos imponen desde la lógica documental. Tampoco permite mucho seguimiento sobre el plato que preparan, solo presenciamos una selecta edición de la elaboración de la comida. A la hora de la evaluación, lo que en el formato de adultos constituye la parte “entretenida”, queda limitada a un intercambio soso en el que los roles de jurados y juzgados se invierten. La música de suspenso parece enmarcar los pucheros de Christophe Krywonis, que si antes encantaba con sus frases picantes, ahora casi se larga a llorar por la excelencia conseguida en un grado de cocción. Y sí, son niños los que están en frente. Y es Telefe, un canal familiar. Ni modo que Christophe se despache con un "Tu salchicha me está seduciendo" como hizo el año pasado con Elba Rodríguez.
Si la función de la televisión es formar, informar y distraer, MasterChef Junior no alcanza ninguna en grado de pureza. No aporta nada novedoso que los participantes sean chicos. La audiencia queda de pie, como Mariano Peluffo, a un costado, sin interrumpir. No aprende cómo se hacen los platos. No se divierte con las ocurrencias del jurado. Tampoco vota, así que no tiene ninguna incidencia en el resultado del concurso. Y lo más cínico de todo, nunca prueba los platos y se queda con hambre.