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Una opinión sobre la nueva temporada de "House of Cards": El poder es su afrodisíaco

La cuarta temporada de House of Cards dejó abiertas las puertas para que FRanlk Underwood y su esposa Claire mejoren el arte de la guerra. Alerta de spoilers.

07 de abril de 2016 a las 10:00 a. m.
Una opinión sobre la nueva temporada de "House of Cards": El poder es su afrodisíaco

Alerta de spoilers: si aún no viste la cuarta temporada de House of Cards por Netflix, este texto puede tener spoilers.

Los Underwood han tocado fondo. El presidente recibe un balazo y pierde el hígado. La primera batalla con la muerte es el trasplante. Claire ha abandonado la Casa Blanca (última imagen de la temporada anterior) y vuelve, ante la emergencia nacional, del hogar paterno en Texas donde su madre lucha contra el cáncer. El derrumbe es el punto de partida de la cuarta temporada de House of Cards. Pero Francis no claudica, no muere, no olvida. Claire negocia acompañarlo en la fórmula presidencial y comienza la restauración del modelo Underwood.

Tan crueles y cínicos como siempre, los esposos derriban a sus ocasionales rivales. Gran parte de la temporada está dedicada a la relación de odio indisimulable entre Underwood y el gobernador republicano de Nueva York, Will Conway (Joel Kinnaman). El candidato republicano parece reunir las notas del líder contemporáneo: selfies, familia omnipresente, esposa bella, comunicación en las redes, incontinencia de imagen y declaraciones. Una guerra tapa otra guerra.

A los Underwood les queda el poder, afrodisíaco que no compartirán con nadie, aun en medio de dificultades insalvables. Lentamente va tomando forma la amenaza terrorista, el demonio islámico, una sombra que el matrimonio decide utilizar como estrategia de disciplinamiento interior.

House of Cards se mete de lleno en las relaciones internacionales siempre turbulentas con Rusia, las conversaciones con Medio Oriente, la necesidad de una invasión preventiva y Siria. El gobierno de Underwood y el Pentágono pasan noches sin dormir después de que un par de muchachos filo terroristas secuestran una familia tipo en territorio estadounidense. La guerra ya está en casa.

Durante los capítulos de máxima tensión Underwood expone al candidato republicano, lo hace pisar un par de palitos e impone los modales de la vieja política. El prisionero de Guantánamo enfrenta la mirada de hielo de Claire en una escena de consecuencias sangrientas. Mientras tanto, Doug (Michael Kelly) es el perro fiel. El actor crea un personaje capaz de intimidar, amenazar y matar, con economía de gestos, susurrando. Es el complemento perfecto porque conoce la naturaleza del poder.

Esta temporada la violencia es menos espectacular pero apunta al imaginario hasta llegar al hueso. “Miedo” es la palabra clave. Los Underwood ocupan sus tronos a la espera de la guerra que desatan. Falta para las elecciones presidenciales. Ahora la efectividad depende del número de bajas enemigas en el campo de batalla.

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