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Teñidos por el mismo color

En abril se emitirá en la Argentina la temporada 25 de Los Simpson y para conmemorar la ocasión VOS reunió fanáticos de distintas generaciones que opinan sobre el fenómeno.

23 de marzo de 2014 a las 12:00 a. m.
Teñidos por el mismo color

Todo depende del contexto. Si esta nota empezara con un sonoro eructo del cronista, usted quizá daría por finalizada la lectura. Pero no pasaría nada si fuera Homero Simpson quien hiciera algo así. Hasta podría motivar risas y festejos.

¿Por qué estos dibujos tienen licencia para pecar sin pudor y sin que a los moralistas se les mueva un pelo?

Para intentar comprender este fenómeno que no distingue credo ni raza, convocamos a tres personas de diferentes edades, que no se conocían entre sí, para conocer sus puntos de vista. Son fanáticos de Los Simpson y ostentan una erudición pasmosa.

Juan Bautista Ferraris tiene 12 años, es estudiante y se identifica, principalmente, con Bart Simpson, el hijo ­mayor de la familia. Yasmin Lamberti, trompetista de 26, es una enciclopedia ambulante y se identifica con Barney, un borracho perdido, abonado al bar de Moe. Gustavo Ruiz, director creativo de una agencia de publicidad de 48 años, ama a Homero Simpson.

Los personajes creados por Matt Groening son monigotes amarillos imperfectos, de trazos simples, y que gozan de una impunidad absoluta. La casualidad pudo haber sido la madre de esta fórmula televisiva corajuda y chabacana, pero el descubrimiento de esta pólvora de la risa no es accidental, detrás de cada detalle hay un tropel de dibujantes y guionistas que pulen un espejo infernal en el que se refleja buena parte de la cultura popular de los últimos años.

El gran logro de esta maquinaria es haber conseguido imprimir modismos, citas y formas de leer la realidad en varias generaciones que festejan hasta el infinito las ocurrencias.

Los resultados no son casuales. Mantener un programa al aire durante 25 temporadas no se logra sólo con suerte.

La primera pregunta es inevitable: ¿por qué les gusta tanto la serie? Yasmin arriesga una explicación: “Por lo humanos que son, por las temáticas que tratan, por los personajes que tienen y por el humor físico”. Con esto último se refiere a la manera grotesca en que los personajes se accidentan, maltratan, tropiezan o se tuercen el pescuezo.

Gustavo piensa que el éxito radica en una crítica social sin pelos en la lengua: “Y en la forma de resolver y afrontar los problemas –agrega–: ellos son todos una porquería, son gente llena de defectos y errores, pero por más grande que sea el conflicto, lo solucionan, porque se aman. Ese amor que se tienen es único en una ficción de estas características”.

Yasmin y Gustavo vieron por primera vez Los Simpson entre el año 1991 y 1992. Juan los descubrió en 2006. Son muchos años de infancia y juventud teñidos por el mismo color, muchas meriendas jocosas frente a un televisor que escupía genialidades.

Parece no haber nada en este mundo que no hayan parodiado Los Simpson: los primeros chistes de trastornos alimenticios, de orientación sexual, de vida tecnológica; nombremos algún tópico de nuestros tiempos modernos y la serie seguramente ya le ha dedicado un chascarrillo.

El lejano Springfield podría funcionar como el más grande catálogo de las contradicciones, aciertos y miserias humanas jamás compilado.

¿Qué edad hay que tener para entender los temas que se tratan? Juan dice que eso no importa, que la risa se contagia con un código compartido con sus pares y con su familia: “Tenemos la hora de Los Simpsons –ejemplifica–. Los vemos en mi casa a las ocho y media de la noche, en familia, riéndonos todos juntos”.

Sorprende escuchar a Yasmin, la chica que puede ubicar una frase cualquiera en su justo episodio y temporada, decir que ya no los mira como antes: “Dejé de ver los capítulos nuevos; cambiaron mucho”, dice con pesar.

Parece ser que lo mejor de Los Simpson ocurrió en las primeras emisiones, en los años tempranos. Juan explica que "desde que cambiaron las voces cambió todo, hasta cambió la forma de ser de algunos personajes". Gustavo, quien era devoto de los capítulos estreno, ahora los mira con la esperanza de que vuelvan a ser como antes.

Los Simpson

Cuando en abril brote sobre el cielo de Springfield la famosa tipografía, se revelará la incógnita.

Para la familia televisiva que jamás envejece, 25 temporadas no es nada.

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