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Los subsidios estatales y la televisión cordobesa

El informe de Jorge Lanata en la última edición de “Periodismo Para Todos” desató reacciones en una comunidad audiovisual cordobesa que desde hace varios años protagoniza una época de resurgimiento de la actividad.

04 de julio de 2013 a las 11:14 a. m.
Daniel Santos
Los subsidios estatales y la televisión cordobesa

El informe presentado el domingo por Jorge Lanata en su programa Periodismo Para Todos, sobre los fondos públicos destinados al mundo artístico, desató lógicas reacciones en Córdoba. Es que al calor de los aportes y subsidios del Gobierno nacional, la producción audiovisual cordobesa ha vivido una etapa floreciente en los últimos años, con el esfuerzo de productoras locales que por primera vez encontraron un espacio de creación. Productoras que se rodearon de guionistas, técnicos, actores, dibujantes, animadores, maquilladores, actores de voz y todos aquellos que tienen que ver con la difícil tarea de poner al aire productos de calidad, que van desde el director hasta el encargado del catering.

En otros casos, fueron los creadores los que tuvieron que buscar el apoyo de productoras consolidadas (que vivían en general de la publicidad) para poder poner en marcha sus ideas y sus sueños y, de manera mucho más terrenal, el ejercicio de su profesión y un modo de vida. El nacimiento de una industria nueva puso a todos en un proceso de pruebas y aprendizaje: hasta entonces, no había modo de aplicar la teoría y la práctica aprendidas en las universidades, públicas y privadas, más allá de proyectos realizados en forma más artesanal (no por ello menos valorables).

En ese marco, el informe de Lanata ofreció algunos flancos muy fuertes, visto según ojos cordobeses. Por un lado, peca por hablar básicamente de Buenos Aires, de las productoras, de los actores y de los temas de allá, donde hace muchos años existe una industria que, con sus modos y sus formas, avasalló a la producción del interior. No habló de lo que ocurre en Córdoba ni en otras provincias. Desde las páginas de este diario, seguimos atentamente la evolución del circuito audiovisual a partir de columnas de opinión, entrevistas a directores o actores, comentarios, información, coberturas de jornadas de rodajes y un largo etcétera.

Pero así como peca Lanata al olvidar que hay algo más allá de la General Paz, o al sugerir que una inversión en cultura debe medirse por puntos de rating (de Buenos Aires), también peca del mismo pecado el concurso de series del prime time ganado sólo por series de Buenos Aires. ¿No es raro que de 38 elegidas en tres años no haya una sola cordobesa, cuando se ha demostrado que la calidad técnica y las ideas desarrolladas pueden ser hasta muy superiores?

Vale recordar La purga, Edén, Las otras Ponce, Corazón de vinilo, entre las ficciones que evidenciaron una capacidad extraordinaria en una industria que daba sus primerísimos pasos. O esos años de esplendor del cine cordobés con De caravana, El invierno de los raros o Hipólito. O Antón, una serie de animación aún por estrenar, que fue elegida para representar a la Argentina en el Festival de Annecy. Y esperan por su salida al aire Los tres sargentos, Güiro o Leyendas a contraluz, todas animadas. O los documentales Nosotros campesinos, Luz mediterránea, La 40 o, el más reciente estreno, Detrás del oficio.

Hay mucho por aprender todavía: el gobernador José Manuel de la Sota grabó el spot donde promocionaba el “cordobesismo” con una agencia porteña. Contradicción absoluta. También habría que preguntarse por qué muchas de las buenas producciones locales no llegaron nunca a la TV Pública para todo el país en este plan federal tan porteño, o en algunos casos preguntarse por qué ni Canal 10 aprovechó en todas sus posibilidades algunos de esos trabajos notables (a veces puestos a la cola de repeticiones de programas porteños).

Por supuesto que se puede cuestionar que no haya suficientes personas idóneas en materia audiovisual entre el jurado o que se asignen presupuestos para producciones sin pensar en las vías de difusión de esos trabajos. O por qué reciben aportes reiterados los mismos realizadores. Pero en este último caso vale también evaluar la calidad de los proyectos. Porque no todo se reduce a cifras y partidas presupuestarias. Si Underground gana dos años consecutivos, es posible que la empresa sólida de Sebastián Ortega, que tiene años en producciones de calidad, haya merecido estar. Pero el análisis debe incluir la mención a este surgir o resurgir de la producción televisiva en el interior, y el impacto que puede tener a futuro.

Se preguntaba en las redes sociales el actor Ricardo Bertone: "¿No les resulta extraño que la prensa de Córdoba, con la honrosa excepción de los SRT, no le haya dado bola a la afrenta de estas declaraciones del Sr. Lanata? ¿Significaría esto que La Voz del Interior y sus periodistas convalidan las afirmaciones que nos denostan?".

La respuesta está en las páginas de VOS y Ciudad X, que acompañaron y seguirán acompañando (basta clickear en cada uno de los títulos mencionados un par de párrafos más arriba) la cultura y el espectáculo local. Los artistas (K o no K) salen porque se valora lo que hacen, lo que demuestran en sus respectivas tareas, nunca por lo que piensan o a quién apoyan.

A veces resulta muy difícil discutir, y hay que aprender a hacerlo. Si en la presentación de las nuevas series y documentales, que se realizó en el Cepia el último jueves, hubiésemos preguntado por qué se utilizaba ese escenario –que debía ser una celebración de otro momento único de la producción audiovisual– para pedir abiertamente votos al Frente para la Victoria en las próximas elecciones, probablemente hubieran preguntado quién pregunta y no hubiese importado qué se interrogaba.

Muchos artistas y documentalistas preferían enojarse en los pasillos, en voz baja, por lo innecesario del momento, puestos de rehenes involuntarios de una campaña cuando, decían, la mejor campaña estaba en el hecho de presentar más trabajos locales.

No son todos K los que ganaron los concursos cordobeses; algunos cuestionan la política del Gobierno nacional en determinados temas, pero festejan la decisión de apostar por una actividad que les da trabajo. Muchos, por ejemplo, se asociaron –limando sus propias asperezas– para impulsar una ley audiovisual cordobesa, confeccionando un anteproyecto que pasea por los cajones del Gobierno provincial desde hace más de un año y que sólo pretende un crecimiento sostenido, no parasitario de ningún Estado, pero sí incentivado.

Líneas de crédito, exenciones impositivas para las empresas que apoyen la actividad, concursos o la creación de órganos de fiscalización son algunos de los puntos en los que piden atención para el resguardo de una actividad que aún está en pañales, mientras intentan reflejarse en ejemplos de otros países.

La discusión recién comienza. La producción audiovisual cordobesa, ojalá, también.

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