Soy tu fan: las series sobre crímenes no definieron mi profesión, pero estuvieron cerca
Muchos nombran a sus hijos a partir de sus personajes favoritos de las series, yo analicé muy seriamente estudiar una carrera en particular ante mi fanatismo por un género de series en particular.
“¿Qué querés ser cuando seas grande?”, me preguntaban, y de adolescente mis opciones alternaban entre médica, arquitecta o abogada, dependiendo del momento en el que me preguntaran.
Abogacía porque era lo que muchos me decían que debía estudiar. “Serías una buena abogada”, analizaban los adultos en diversas situaciones de mi cotidianeidad. Cuando uno es joven y está desorientado ante un mar de posibilidades, la seguridad del otro puede ser influyente, aunque no fue una opción real por mucho tiempo.
Mi pasión por el diseño y el dibujo, en cambio, es una herencia de mi papá que aún conservo. Dedicarme a una carrera que me permitiera perfeccionarme en ese rubro era una elección que se sentía tan lógica como natural. Pero la medicina le competía muy de cerca, y dentro de la medicina, particularmente la forense.
Por ese entonces era fan declarada (aún lo soy) de series como Detectives médicos, CSI y La ley y el orden. Con el correr de los capítulos estas ficciones despertaron un interés que traspasó la pantalla: un día me proyecté luciendo un ambo, realizando autopsias en un ambiente estéril, y la idea me encantó.
Nunca fui impresionable, las ciencias naturales solían ser mi fuerte, y el desafío de resolver misterios tiene un atractivo en sí mismo. Había visto tantos capítulos de estas series que hasta fantaseaba con tener una ventaja comparativa ante el resto de los estudiantes, como si las horas frente al televisor contaran como prácticas profesionales. Pero lo social fue más fuerte y cuando conocí la “escuelita” de Comunicación Social (hoy Facultad), la opción D se impuso ante las otras tres.
Pese a no haber hecho de la medicina forense mi salida laboral, en materia de ficción las investigaciones sobre crímenes siempre serán mi favoritas. Ver en “acción” a detectives, policías y médicos que toman muestras, analizan evidencias y establecen conclusiones no pierde su atractivo.
La ley y el orden o CSI son de esas series que, no importa si estás en tu casa o de vacaciones en otro país, si prendés el televisor y hacés zapping unos minutos, seguro te encontrás con alguno de sus capítulos.
CSI dejó de emitirse en 2015 pero aún sigue girando por la pantalla chica al igual que otros títulos, como Criminal Minds, que surgieron luego pero marcaron época. Y también hay ficciones como La ley y el orden que emitió recientemente su temporada número 24, y planea seguir. La serie protagonizada por Mariska Hargitay en el rol de la detective Olivia Benson es una de las más longevas de la televisión y esto es un síntoma. El género me atrae a mí, y a una gran parte de la población mundial.
Mucho se teorizó acerca del motivo por el cuál despierta tanto interés. Algunos hablan de morbo y de una curiosidad incontenible, otros tantos adhieren a la teoría de una necesidad instintiva de descubrir quién, qué, cuándo, dónde y por qué los criminales actúan de determinada manera para saber cómo actuar en caso de estar en peligro. No lo sé, quizás sea una conjunción de todo eso, pero si hay investigaciones de crímenes, tenés mi atención.