Sangre amarilla de mentirita: el Lado B de los programas con panelistas
La TV está llena de programas con panelistas que se enardecen en simulacros de debate y sesiones en las que se juega a discutir. Un recorrido por el periodismo kitsch.
Los programas de panelistas se nutren de intolerancia para no llegar a ningún consenso. Una dialéctica sana atentaría contra la agilidad del programa, debilitaría su drama. Sin choque de ideas todo panel es absurdo, caritativo y pálido.
Intratables es un ícono de esta modalidad periodística. Por más frágil que sea un argumento, quien lo sostiene no puede ceder, ni siquiera matizar su postura. Santiago Del Moro, conductor joven, bonito, pacífico, andrógino y apartidista, más que un moderador de "todas las voces", es un rebanador de temáticas. Cuando sus debates llegan a un límite de virulencia, Del Moro salta a otro tema con amnesia psicótica.
Semejante puesta en escena es evidente. Los actores/panelistas reciben una consigna fácil de seguir: hagan de su convicción un fanatismo. El caso de Diego Brancatelli es alarmante: sus argumentos son panfletos circulares y monótonos de un servilismo escalofriante. No obstante, su chatura intelectual es funcional al talk-show. Aunque muchos aborrezcan su actitud, sin su presencia Intratables perdería magnetismo.
Mercedes Ninci en el Diario de Mariana es la némesis de Brancatelli: alineada con fijador para cabello al grupo opositor, con su voz nasal alza críticas obsecuentes, aprobadas por el simpatiquísimo y disimulado ultraderechismo de Mariana Fabbiani.
En ambos programas ninguna idea pretende resolverse; éstas se tienden sobre un mantel plástico de solemnidad para exponerse y trozarse. La indignación es light, de antemano sabemos que el panel tendrá roces. La televisión como dispositivo no permite que tomemos en serio estos exabruptos. Allí no se discute: se juega a discutir. El simulacro de desacuerdo queda evidenciado por la misma dinámica televisiva. Nada más anticlimático que el PNT (publicidad no tradicional) de una loción contra piojos y liendres en medio de un debate sobre la muerte de Nisman. Este periodismo plural entra en un estado involuntario de comedia. Apagadas las cámaras, quizás los panelistas se feliciten por sus performances.
En Todo Noticias, dos programas con buen rating se apoderan de lo kitsch: Los Leuco y Cámara del Crimen. Basta analizar el uso de los decorados para entenderlo: en el primero, se recrea el hogar de la familia Leuco, con Papá Leuco sentado en un gran sillón de cuero entrevistando a algún funcionario, mientras Leuco Junior prepara un cafecito en la cocina y luego se suma a la charla.
Ricardo Canaletti en Cámara del Crimen hace stand up con una destreza bufonesca exquisita, merodeando entre una utilería berreta hecha de muñecos de trapo, esqueletos y objetos lúdicos que manipula con fines didácticos. Si el ridículo jamás se filtra en estos programas, es porque los conductores le son fieles al show, relegando la información a un segundo plano, convirtiéndola en una excusa.
Periodismo para todos y 6, 7, 8 son programas que uno sólo mira por afinidad ideológica, para encarrilar pasiones políticas tumultuosas pero ya bien definidas. El nivel de manipulación en ambos casos es obsceno y los intereses son expuestos con descaro. Mientras Jorge Lanata retrata al país como una letrina, el staff de 6, 7, 8 nos remonta a la Unión Soviética.
El periodismo en general tiene el vicio de presentar cualquier noticia como un acontecimiento decisivo para la historia humana. La música de thriller, el abuso de placas “urgentes”, la voz ahogada del periodista de turno o su mirada de animal embalsamado, contaminan de apocalipsis informaciones cosquillosas.
Cuando el periodismo se reduce a mero efecto, la verdad pierde estatus. Los medios transparentan su maquinaria dejando a la población estupefacta, cínica e indefensa.
Mucho antes de que exista la televisión, Nietzsche dijo que no había hechos, sino sólo interpretaciones. A esta máxima habría que mezclarla con algo de McLuhan y rematar que tales interpretaciones se editan en un set de televisión.