Temas del día:

Recapitulando: cómo fue el tercer episodio de “Historia de un clan”

Repasamos cómo fue la tercera entrega de la miniserie sobre los Puccio. Cómo avanzó la trama, las dudas de Alejandro, la intimidad de una familia muy poco normal. Alerta de spoilers.

24 de septiembre de 2015 a las 09:14 a. m.
Recapitulando: cómo fue el tercer episodio de “Historia de un clan”

Alerta: Si no viste aún el tercer capítulo de Historia de un clan (que ya se emitió por Telefe pero aún no en TNT ni en TNT Go), este texto tiene spoilers.

Si el segundo episodio de Historia de un clan terminó con la coreografía de las hermanas Puccio rompiendo el realismo del relato, el tercer episodio comenzó directamente así, con esa extrañeza.

La canción This magic moment, interpretada por Lou Reed (usada también en una escena de Lost Highway, la película de culto de David Lynch) sonó al inicio, mientras Alejandro Puccio ("El Chino" Darín, que cada vez aparece más rápido con menos ropa) participaba en una escena erótica/incestuosa en la que primero besó y después disparó a toda su familia: hermano por hermano (¿alguien más asoció esa escena con los crímenes de Barreda?). Minutos antes su hermana le escribía "Judas" en el pecho. Después del fraticidio, su madre le borró cariñosamente esas letras escarlatas, antes de un beso marca Edipo. La escena terminó con un remate freudiano, en el que Alejandro, finalmente, mató a su padre. Y después se despertó del sueño.

El tercer capítulo de la serie aflojó la tensión de los anteriores, con todo lo bueno y malo que eso tiene para el relato: menos espectacularidad y más intimidad familiar. Los ambientes de la casa Puccio fueron el  gran escenario.

Además de la relación entre las hermanas y la banda de criminales, o entre los hermanos Puccio, el tercer episodio estuvo dedicado al romance paterno. Pequeño y gran detalle que Arquímedes y su mujer se traten de "papi" y "mami", palabras que pronunciadas por ellos no sólo suenan anticuadas sino repugnantes. Como todo en esta serie, la idea de que la pasión está encendida en esta pareja no busca despertar suspiros, sino muecas.

Si antes habíamos visto cómo Arquímedes daba rienda suelta a su lujuria intramuros, la escena en la que sorprendió a su mujer en plena siesta para una sesión de sexo oral fue, probablemente, la más inolvidable de este episodio. Si nuestra peor pesadilla es ver a nuestros padres teniendo sexo, ver a estos padres fue el horror.

Imagen de la nota

El episodio se centró, justamente, en cómo esa casa es habitada por realidades diferentes: los padres gimiendo en el cuarto, los hijos lavando el auto en el patio, la banda de criminales tomándose un vino al aire libre, un chico atado en el baño. Todo, a la siesta. Un gran recurso de la historia: las horas del día y el hogar familiar son el mismo escenario de la ternura, la felicidad y el oprobio.

Mientras, vimos como Federico, el secuestrado, se vio atormentado en ese baño por cucarachas acosadoras que no lo dejaban en paz (los mismos bichos que Arquímedes mató con el pie descalzo en el episodio anterior) y cómo asomó el síndrome de Estocolmo con Daniel, el hermano mayor, que le dio al cautivo sus momentos de gracia (le puso el tele con un partido, le prestó una almohada, le contó de sus desgracias amorosas).

Las escenas de Alejandro, esta vez, se centraron en su relación con las mujeres. Con su madre, a la que le preguntó como un niño "Ma, ¿vos sabés?", mientras ella respondió con elusivas, y con su novia, a la que confió sus deseos de irse de casa. Las contradicciones del personaje quedaron apenas sugeridas en la escena en la que acompañó a la familia de su amigo secuestrado, con cara de póquer.

Hacia el final, el capítulo presentó lo mejor del día, con los diálogos entre los integrantes de la “sociedad” para decidir cómo iban a matar al secuestrado. Esta vez, con menos aforismos pronunciados por Puccio (buena decisión, en el episodio anterior hubo un exceso de frases para el mármol en boca de Alejandro Awada), el debate sobre la manera "más ética" de asesinar a la víctima tuvo un toque tarantinesco. El personaje de Gustavo Garzón tomó la postura piadosa; el de Pablo Cedrón (enorme actor, Cedrón, te creemos todo), la más distante; y el coronel (Tristán) la pragmática. Todo un detalle que Puccio, en su lógica perversa, haya elegido dejar a sus hijos afuera de la última etapa de la operación.

Imagen de la nota

El final combinó las escenas del partido de rugby de Alejandro y las de la banda liquidando al secuestrado. Primero, el personaje de Garzón intentó matarlo con cierta dignidad, en seco; pero no lo logró. Así que, sin medio escrúpulo, simularon liberarlo para darle el tiro de gracia mientras corría como una liebre por el campo.

El que también corrió segundos después fue Alejandro en el partido, sonriendo por el triunfo, hasta que la mirada de su padre lo encontró y le borró la felicidad en un parpadeo. Fue un sutil momento de miradas en cámara lenta entre los dos actores.

Igual, ni esas miradas ni el asesinato llegaron a darnos tantos escalofríos como la escena de alcoba de "papi" y "mami" Puccio.

Detalles históricos, observaciones y obsesiones

–Sería bueno tomar nota mental de los pósters que adornan el placard del cuarto de Alejandro Puccio en la escena del sueño.

–¿Alguien logró ver qué libro leía Arquímedes cuando lo asesina Alejandro en el sueño?

–Un viaje en el tiempo es la mesa familiar con el sifón de soda, la Paso de los Toros en botella de vidrio y la vajilla de época.

–Las frases que Arquímedes nos dejó:

"Yo pongo la cocina, la comida, el aceite. Quién de ustedes va a poner los huevos".

"La familia tiene que tener un cuerpo que llorar, no somos animales".

"No tiene sentido secuestrar a alguien que no es feliz. Nadie paga un rescate por un miserable".

–Además de This magic moment, cantado por Lou Reed, sonaron en este episodio: Young americans, por David Bowie; el clásico The Lion Sleeps Tonight; De nada sirve, de Boris; y La maldita máquina de matar, de Billy Bond.

–Todo indica que el perro que las hermanas Puccio cuidan seguirá siendo una metáfora clave en relación con los secuestrados en los próximos episodios. Los avances indican que el perrito no vivirá para contarlo.

–Estuvo bueno el bailecito familiar del final pero ya está bien de coreografías como recurso, ¿no?

Más de VOS - TV