Punto de vista: Ellas sí, pero ellos ¿no?
La miniserie Historia de un clan debutó con una escena de desnudo coral masculino en un vestuario que dejó a más de uno boquiabierto. ¿Es para tanto? ¿Es realmente revolucionario?
Rugbiers desnudos jugando en el vestuario. No es la fantasía sexual de un trasnochado con un fetiche por el tercer tiempo de un deporte. Con esa imagen eligió comenzar el miércoles pasado Historia de un clan. La nueva miniserie, creada por los hermanos Luis y Sebastián Ortega para Telefe, relata en versión libre la historia de la familia criminal encabezada por Arquímedes Puccio, que operó durante la transición democrática de los 80 en la Argentina. La escena en cuestión, que prácticamente da inicio al programa, muestra al actor "Chino" Darín en el rol de Alejandro Puccio entrando al vestuario de un club de San Isidro luego de un partido de rugby. La cámara lo sigue hacia las duchas y, para sorpresa del espectador, muestra a los compañeros del personaje sin ropa. El director, Luis Ortega, eligió para componerla un sutil plano americano que, combinado con toallas colocadas de manera estratégica y ángulos en concordancia, revelaban los traseros del grupo de muchachos con dos breves instancias de índole lateral y frontal que completaron la propuesta. Duró menos de un minuto, pero las redes sociales estallaron.
Podríamos especular con un intento de generar shock en la audiencia en el día del estreno con el simple fin de captar adeptos. No es descabellado. Sin dudas lo causó. Pero hay algunas cosas que rescatar. La escena no es caprichosa. Muy por el contrario, ayuda a construir con naturalidad el contexto real en el que se movía el personaje. Alejandro Puccio era una estrella en ascenso del deporte de contacto y ese rol es clave en la dinámica de los homicidios que cometió la familia (el primer secuestrado fue un amigo del club). Además, los que conocen de cerca el mundo del rugby saben que se trata de un estilo de vida que fomenta la camaradería entre pares. Y convengamos que nadie se baña con los calzoncillos puestos en un vestuario. Resulta entonces verosímil y justificable como elección estética y de contenido.
De allí que la extrañeza que causó habla más de nosotros que de la escena en sí misma. Ya se había terminado el horario de protección al menor, pero impacta porque era Telefe, el canal por excelencia familiar. Ahora, eran tipos desnudos en una televisión abierta en la que se permite y se acostumbra ver a mujeres en la misma condición desde hace años. No hace falta más que cambiar de canal y hacerse una pasadita por Bailando por un sueño para saber de qué hablamos. Nadie se asusta ya por ver muchachas danzando ritmos sensuales con bikinis diminutas mientras Marcelo Tinelli las alienta a dar una vueltita para la tribuna. La sorpresa llegará el día en que alguna de las participantes de ese reality suba a la pista con pollera larga. Pero parece que sí impresiona cuando le toca a un varón.
Nada ocurre en un frasco térmico. La pantalla chica occidental a la que accedemos a través del cable viene dando pasos en ese sentido. Frente a la pacatería tradicional estadounidense, HBO se promociona a sí misma como la señal que ofrece, además de buenos ciclos, tomas de alto voltaje erótico con héroes desprovistos de pilchas. La discusión, en ese caso, deriva en los porcentajes asignados a hombres y mujeres, casi siempre en detrimento de ellos. En la foto más general, el cine de Hollywood, a través de varias de sus representantes, reclama desde hace tiempo igualdad de condiciones para actores y actrices, consignando a la desnudez como una de las variables a tener en cuenta, no sólo en cantidad sino también en calidad. A la mujer no sólo se le reclama talento para la tarea, sino cumplir cierto estereotipo de belleza y juventud que el hombre puede esquivar con idoneidad para el puesto. En la pantalla, él puede ser feo y gordo, petiso y calvo. Ella no.
Como sea, es un movimiento que avanza de manera firme y certera. Lo que sigue será dilucidar si es necesario mostrar efectivamente desnudos en televisión. O cuándo desnudar. O si para igualar al hombre y a la mujer es necesario desnudar a todos, poniendo a ambos géneros en igualdad de condiciones, pero sin ropa. O si sólo valen los desnudos de mujeres y hombres hermosísimos, esculpidos en el gimnasio, porque la belleza real que devuelve la cámara nos espanta más que atraparnos visualmente. Como sea, la "revolución" que dejó asentada Historia de un clan con su escena en el vestuario no puede verse más que como un progreso. El adulto que mira tevé a esa hora y se siente ofendido con ello, puede optar por cambiar de canal. Eso sí, ojo de no encontrarse en el zapping justo con Tinelli.