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Project Runway: “¡Hagan moda!”

El diseñador Mariano Toledo es el gran consejero de los participantes del reality televisivo “Project Runway”. Se juega por los tres finalistas y dice que no tiene favoritos.

05 de diciembre de 2010 a las 07:35 p. m.
Project Runway: “¡Hagan moda!”
Mariano Toledo y los tres finalistas. La cordobesa Catalina Rautenberg, de amarillo, una de las candidatas.

Pueden estar enfrascadísimos en el diseño, pero que hasta que Mariano Toledo no pasa por el taller y les da su punto de vista, ninguno da la última puntada. En la versión latinoamericana de Project Runway, el reality televisivo donde los diseñadores de moda compiten por un premio de 20 mil dólares para iniciar una colección, Toledo es el mentor, el consejero leal, el ojo avizor capaz de anticipar que una idea va por buen camino, o está a por derrapar. La opinión va sin vueltas. Tómala o déjala. Y todos la toman."Ellos confían mucho en mi devolución, cosa que para mí primero es una alegría y segundo, una gran responsabilidad, porque mi opinión determina estados anímicos, decisiones, cambios. Pero estoy acostumbrado a lidiar con eso", dice Toledo, pieza clave del programa que se emite los lunes a las 21 por Fashion TV.El reality es el hermano menor de un ciclo que en Estados Unidos completó siete temporadas (el premio allí es de 100 mil dólares) y goza de esa fórmula probada que edita de manera adictiva los desafíos y los devaneos de los participantes para convertir sus ideas en buenos resultados. "¡Hagan moda!", los anima Mariano Toledo, tras darles la consigna. De los 15 iniciales, hoy sólo quedan tres: el colombiano Jorge Duque, la nicaragüense Shantall Lacayo y la cordobesa Catalina Rautenberg. De ellos saldrá el gran ganador. Este lunes se verá cómo trabaja cada uno para convencer al jurado de que merece el podio. Y el lunes próximo, en doble capítulo, la gran final.–¿Cómo se está viviendo esta última etapa?–Es mucho más intensa porque ya son poquitos. Se notan muchas ausencias de personajes que eran pilares en el día a día. Y los chicos están muy cansados, se empieza a notar el paso del tiempo, el estrés, el encierro y todo lo que conlleva un reality.–Hubo dos argentinos entre los cuatro finalistas. ¿Significa algo eso para el diseño argentino?–Yo no haría ningún tipo de apreciación al respecto. Para mí no marca nada, más que dos argentinos llegaron a esa instancia. Pienso que no marca ninguna tendencia.–¿Cómo es la cocina de tus devoluciones?–Es muy extensa mi recorrida en el taller. Entro, miro los trabajos, tomo mis anotaciones y luego paso con las cámaras y hablo con ellos. Entonces, el momento tiene la frescura y lo impredecible de ese encuentro. Tiene la realidad de la sorpresa de lo que me parece que está bien o que está mal. No está para nada guionado.–Y va sin anestesia...–Siempre es una apreciación sobre el trabajo, para orientarlos si no están bien orientados o para remarcarles el camino si es que están bien posicionados, porque yo, antes que nada soy diseñador. Y hemos logrado una cierta cuerda de poder divertirnos con eso. Aunque aparentemente sean irónicas, el objetivo es que logren llegar con la mejor versión de cada uno frente al jurado, al momento de la pasarela.–Siempre decís que un diseñador debe confiar en el poder transformador de la moda. ¿Dónde está el punto más difícil de esa consigna? –En poder transformar desde la indumentaria el pensamiento y el gusto de la gente, en poder generar cambios (para bien siempre, porque son buenas intenciones las que tenemos los diseñadores). La moda es un generador de gusto. Y el gusto, como todos sabemos, es un concepto bastante complejo relacionado con la cultura. Cambiar el gusto desde una propuesta de moda, requiere una energía muy grande, muy difícil. Y me parece que está allí el desafío.–¿Cuánto influye el estilo propio de cada diseñador?–Es totalmente definitorio, porque el estilo no sólo tiene que ver con la forma de hacer la moda, sino también con la forma de moverse, de hablar, de relacionarse con los otros, de trabajar, y también se ver reflejado en lo que produce. Una persona que tiene carácter, que se proyecta casi sin duda, así se relaciona con los demás, y así diseña. En el programa eso queda bien claro.–¿No hay un riesgo en las devoluciones de lavar ese estilo personal de cada uno? –No, porque jamás se habla de lo lindo y de lo feo. En ningún momento yo hablo en un sentido estilístico.–Es cierto en tu caso. Pero el jurado sí les dice: ¡Otra vez vintage!, o ¡Ya aburrís con el color negro!–Me parece que el jurado lo que quiere es premiar diseñadores versátiles. La versatilidad es una gran condición y es una de las más difíciles de encontrar, incluso en los grandes. Hablo de un diseñador que pueda automodificarse, que pueda ejecutar cambios en sus vicios estéticos. Me parece que el jurado, más que despersonalizarlos, busca que vean qué otras posibilidades tienen a la hora de crear. Más allá de que son diseñadores con cierta experiencia, son muy nuevos y quizá no tengan un estilo absolutamente conformado.–¿Cómo es tu relación con el jurado?–Durante el show, casi ninguna. Por supuesto escucho las devoluciones que hacen porque estoy atrás, entre bambalinas, pero no puedo ni deliberar con ellos ni contarles mis impresiones. Obviamente que los conozco, porque somos compañeros, pero nunca se habla de lo que yo veo en el taller. Se mantiene mucha distancia en este punto.–¿Tenés un favorito?–Realmente no lo puedo decir porque no lo tengo. Quiero que cada uno de ellos logre lo mejor de sí mismo, que mi intervención les sea de utilidad y, sobre todo, que empiecen a ver que la moda tiene algo de juego y algo de sarcasmo, de diversión y algo de irónico. Si no, no sería moda.–¿Es cierto que se viene la segunda temporada del "Project" latinoamericano? –Se está hablando. Todavía no hay nada firme, pero se está hablando. No puedo decir absolutamente que sí ni que no, pero se habla de que habrá más Project Latinoamérica. Rebecca, una amigaEl último desafío eliminatorio tuvo a la conductora Rebecca de Alba como musa inspiradora. La consigna fue diseñar en dos días de trabajo y con un presupuesto de 200 dólares el vestido que ella lucirá en la gran final de Project Runway, en Bahamas.Ganó el diseño de la cordobesa Catalina Rautenberg, una propuesta  superfemenina, en la que las transparencias, brillos y encajes honraron glamorosamente el ya consolidado "estilo Rautenberg".Mariano Toledo sólo tiene buenas opiniones para la conductora: "He encontrado una amiga invalorable en ella. Hemos pegado muy buena onda. Realmente es un placer trabajar con ella, más allá de lo profesional, como persona. Es sumamente generosa, es una mujer preciosa. Creo que si algo también muy bueno del Project Runway es la experiencia humana. Y en esa experiencia, Rebecca es una de las más importantes".Project runwayLunes a las 21, por Fashion TV. Este lunes, los preparativos para la gran final.

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