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Pantalla a la carta: prisión a la española

“Vis a vis” es la nueva serie española que, con una temporada, perfila para destronar a “Orange is the new black”. Gran guion, excelentes actuaciones y una fórmula que mezcla policial, aventuras, intrigas y acción sin respiro. En Netflix.

19 de marzo de 2016 a las 01:30 p. m.
José Playo
Pantalla a la carta: prisión a la española

Perder la libertad debe ser uno de los miedos más paralizantes. De ahí que nos resulten amenazadores los barrotes, los guardiacárceles, la primera noche en una celda, la desnudez en las duchas. De ahí que, como espectadores, nos hayan inoculado miles de horas de audiovisual sobre corrupción de autoridades, tráfico de drogas en los patios y la supervivencia del más apto, por no hablar de vejámenes, armas de fabricación tumbera y venganza exprés, cuando no alguna que otra esclavitud sexual hasta cumplir la condena.

El morbo está a la orden del día cuando la puerta grande de una prisión se cierra, y esa sería la fórmula lisa y llana de Vis a vis, la serie que tiene toda su primera temporada completa disponible en Netflix, sino fuera porque Vis a vis es mucho más que una simple trama de presas tras las rejas.

[video:https://youtu.be/YWr9bgTj_P8]

Nombres complejos

El nombre de la serie española remite a la expresión que en ese país se utiliza para las visitas cara a cara en la cárcel, sin que haya un vidrio de por medio. Sería el equivalente a un "cara a cara". Aunque la expresión no es familiar para el resto del público hispanoparlante, no desentona tanto como la otra serie en la que aparentemente se inspiró, que es la norteamericana Orange is the new black. Pero es acá donde hay que plantar la primera bandera de la diferencia, porque las dos series van por caminos distintos: Vis a vis no es una adaptación de la serie yanqui, por mucho que se parezcan a simple vista.

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La primera gran diferencia es que la serie norteamericana está basada en un hecho real. Esto es, el caso de Piper Kerman, que escribió el libro homónimo (Orange Is the New Black: Crónica de mi año en una prisión federal de mujeres). En la serie, Piper, la protagonista, padece su llegada a la cárcel casi como lo haría un espectador inocente; su rol es, prácticamente, el de un testigo impasible que transita el periplo para intentar cumplir la condena sin "corromperse".

La mayor parte de las acciones de la serie transcurren dentro de la prisión y a lo largo de las temporadas, el ámbito de la cárcel nos permite ir descubriendo comunidades, grupos antagónicos, relaciones amorosas y etnias enfrentadas en un marco controlado.

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Vis a vis, en cambio, levanta el guante donde Orange is the new black renquea. Ahí donde la serie norteamericana se vuelve monótona y repetitiva (y hasta predecible), donde la protagonista duda y se apichona, la española hace tripas corazón y el guion se vuelve un infierno en la Tierra. Lo interesante de Vis a vis es que la acción recae sobre la protagonista, Macarena Ferreiro, presa por varios cargos de estafa y malversación de fondos, que también comenzará su periplo como una víctima de las circunstancias, pero que muy pronto deberá cambiar drásticamente para adaptarse y sobrevivir. En ese cambio, sin embargo, operarán otras fuerzas que comprometerán a su círculo íntimo, a esas personas que la visitarán en la cárcel (que solicitarán encuentros con ella cara a cara) y entonces la acción trascenderá los muros, y así la serie se volverá vertiginosa, adictiva y será toda una joya en el cajón de las alhajas de Netflix.

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Pulido fino

Quizá el mejor trabajo sea el del guion, que está pulido hasta un brillo para el aplauso, pero tampoco hay que desestimar el trabajo de la dirección de actores, el casting, la ambientación y la tremenda pericia que la televisión española ha conseguido en el último tiempo para poner a punto productos audiovisuales de calidad para competir en un mercado en el que no se pueden forzar las estadísticas: las leyes de Netflix, de alguna manera, también son carcelarias y las estrellitas se ganan a la manera de la supervivencia del más apto. Hasta ahora, Vis a vis lleva unas dignas cuatro y media con sus once capítulos de la primera temporada (a la que no le sobra ni un minuto).

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Desde que se publicó El conde de Montecristo que venimos esperando que alguien plante una cámara dentro de un penal, porque hay en la mecánica carcelaria –de la nacionalidad que sea– un morbo que atrae al espectador con el poder con el que la miel seduce a la mosca. Esta recomendación viene con advertencia: después del primer capítulo, es difícil pegar la vuelta.

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