"The newsroom": Detrás de las noticias
Tres periodistas cordobeses analizan "The newsroom", la serie que indaga en el detrás de escena de un noticiero. Escriben Gerardo López, Juan Cruz Taborda Varela y Jorge Cuadrado.
Las temáticas de las series de TV varían según modas, audiencias, ratings. Sin embargo, el rubro "detrás de escena", que pone las cámaras de la ficción en la cocina de diversos espacios laborales, es una fija: historias de hospitales (E. R. Emergencias), el día a día del trajín policial (The wire, por nombrar sólo una) o la cotidianidad de un trabajo de oficina (The office). Entre ellas está The newsroom, serie que sigue el proceso de trabajo de un informativo televisivo y que se ve todos los lunes, por HBO, a las 22 (en su segunda temporada).
La serie muestra el trabajo de los productores, la pelea por la primicia, por el rating, los debates éticos sobre el tratamiento de la información. Y también retrata las relaciones humanas que se tejen en esas infinitas horas en una redacción. Relaciones románticas, profesionales, de compañerismo, sobre todo entre el conductor, Will McAvoy (Jeff Daniels) y la productora MacKenzie McHale (Emily Mortimer).
La serie está creada por Aaron Sorkin, autor de las películas Red social y El juego de la fortuna. Y como en esos filmes, The newsroom se caracteriza por diálogos filosos, acelerados, que plantean discusiones complejas. ¿Cómo ven los periodistas que presentan noticias cada noche en los canales cordobeses este planteo? ¿Hay algún contacto entre esos diálogos de ficción y los que suceden en los estudios locales? Jorge Cuadrado (Telenoche Doce), Juan Cruz Taborda Varela (Crónica Plus) y Gerardo López (Teleocho Noticias) escriben sobre sus impresiones tras ver algunos capítulos de The newsroom.
Jorge Cuadrado
Conductor de Telenoche Doce
Tan lejos, tan cerca
Al fin y al cabo, Will McAvoy, MacKenzie y equipo son humanos. En esa redacción periodística de The Newsroom hay histeria, traiciones, rencores, envidias, amores, delirios y decepciones como en cualquiera.
La pelea por dar una primicia es bien parecida a la de cualquier medio en Argentina. En cuanto a lo organizativo: la estructura de órdenes, las reuniones de producción, las comunicaciones internas, la disposición del mobiliario de la redacción incluso, también es algo en lo que nos parecemos, o vamos camino a, excepto en esa idea de tercerización de servicios, en la que la empresa "alquila" a todo un plantel de producción.
Pero siento que estamos muy lejos en todo lo demás: los objetivos centrales del trabajo, las prioridades informativas, la escala de valores profesionales, la tecnología, la capacitación individual, la estética discursiva.La serie es muy buena. Casi obligatoria para nosotros los periodistas.
Gerardo López
Conductor de Teleocho Noticias
Rating o calidad
Hay una discusión fuerte entre Will, el conductor del noticiero (Jeff Daniels) y MacKenzie, su productora. Y es el eje de lo que pasa en The Newsroom y en cientos de redacciones de noticieros en tantos otros lugares, Hollywood, Madrid o Córdoba. ¿Rating o calidad? ¿Responsabilidad profesional o negocio?
"Temes perder tu audiencia y harías lo que fuera por recuperarla", lo enfrenta ella. "Esto es TV abierta y esta televisión se financia con publicidad. Lo sabes, ¿verdad?", contesta, directo, el presentador. "Prefiero hacer un buen programa para cien personas, que uno malo para un millón", le dice Mackenzie, con una respuesta que contiene un debate interminable, duro pero apasionante desde siempre en este trabajo.
The Newsroom no es una serie sólo de interés para periodistas, como tampoco los noticieros le importan sólo a quienes los producen. Son de todos. En la era de la información absoluta es muy bueno que desde la ficción se ponga sobre la mesa los dilemas éticos y profesionales que aparecen cada día en este trabajo, porque, en definitiva, sirve para repensar esta profesión.
Hay escenas realistas y otras no tanto; problemáticas universales o muy norteamericanas, pero los planteos sobre la ética, la honestidad profesional, las deformaciones que acarrea la industria televisiva como contexto del trabajo periodístico son universales.
The Newsroom debería saltar el cerco acotado de la TV paga para abrir a todos el detrás de la escena de un noticiero como tantos. Las redes sociales nos muestran a los periodistas de Córdoba el constante interés de todos por debatir, opinar, criticar o aplaudir lo que ven cada día en la pantalla de sus casas. Seguirlo en una buena ficción como esta lo hace atrapante.
Como dato adicional, me encantó ver a Sam Waterston, aquel cronista sumergido en la Camboya de Los gritos del silencio, ascendido por Aaron Sorkin a la categoría de jefe de informativo. Sam, has recorrido un largo camino...
Juan Cruz Taborda Varela
Conductor de Crónica Plus
No hay término existente, al menos que conozca este escriba, para cuando la televisión hace televisión sobre la misma televisión -lo que en la ciencia se conoce como epistemología: pensar lo pensado-. Y que el medio se vea a sí mismo no es culto al yoismo, sino tan sólo poner en escena asuntos propios de alguien que se mete en cada casa cada día.
Vaya novedad: The Newsroom hace eso. Pero más: cuando la televisión habla, lo hace en términos de espectacularización. Nada pequeño cabe en ella. Lo hace, por caso, en las series sobre hospitales, con médicos decidiendo sobre la vida y la muerte a cada instante: nunca una gripe, jamás un simple bronco espasmo. Y aquí el mismo artilugio del somos-re-importantes: todos jugando al borde del abismo, caminando en la cornisa de las decisiones extremas. Estar en tele es eso. Y si la tele se representa a sí misma, no debe quedar excluido tal (falaz) argumento.
Hay una explicación: de no ser así, la gente escucharía más música y no la vería tanto a ella. Y otras: evidenciar tal situación otorga aún más legitimidad -mirá que bárbaro lo que hacen, che- a un medio y a una profesión claramente sobrestimados. Igual, cierta idea de construcción colectiva de la noticia -que no es un "hecho de la realidad", es un armado: a veces individual, mejor entre muchos- que destila la serie, deja entrever acaso lo mejor del oficio: solo no jugás en ningún lado.
Nada es tanto como parece. No obstante, sí hay momentos en que la espectacularización puede ser verídica: cuando la agenda es propia, cuando el periodismo le gana la batalla al show, cuando la tele se anima al periodismo y deja de jugar al formalismo noticioso. Hay momentos. Pero como dice Escohotado, eso pasa poco ahora.