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"Narcos México" explica el baño de sangre que genera el negocio de la droga

La serie protagonizada por Diego Luna hace un repaso histórico sobre la formación de los carteles en aquel país.  

26 de noviembre de 2018 a las 09:35 p. m.
"Narcos México" explica el baño de sangre que genera el negocio de la droga

Tras el éxito que tuvo Netflix con las tres temporadas de Narcos centradas en el ascenso y la caída del colombiano Pablo Escobar, era lógico que la plataforma no dejara "huérfano" a ese público.

Así fue como llegó finalmente Narcos México, estrenada en las últimas semanas, con un formato y con una estética similares a la antecesora focalizada en Colombia.

Al comienzo de cada episodio, una leyenda anuncia que se trata de una “dramatización inspirada en hechos reales”, pero uno como espectador tiene la sensación (y la duda) de cómo esa increíble historia de ambición, poder, corrupción y salvajismo llegó a ser cierta.

La serie relata un momento clave en la historia de México que aún hoy tiene repercusiones en su sangriento presente: cómo fue que, a mediados de la década del ’80, se formaron los famosos carteles para traficar drogas.

Una figura central por su visión a futuro y capacidad política para manejar tensiones entre grupos de mafiosos fue Miguel Ángel Felix Gallardo, el capo narco que interpreta Diego Luna.

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La serie lo muestra como un expolicía con un talento natural para las relaciones públicas y los negocios, al que tampoco le temblaba la mano a la hora de apretar el gatillo.

Jalando juntos

Narcos México detalla cómo consiguió la difícil tarea de asociar a capos narcos que hasta entonces tenían territorios más pequeños (y eran más dóciles en el enfrentamiento con el Ejército federal) en grupos con tentáculos mucho más profundos social y culturalmente. Así nació, por ejemplo, el cartel de Guadalajara que él fundó.

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Sus socios clave fueron Ernesto "Don Neto" Fonseca y Rafael Caro Quintero, personajes oscuros de la historia reciente mejicana. También se ve el surgimiento desde los más bajos estratos de mafiosos como el mismísimo "Chapo" Guzmán.

Luna compone a un capo narco desde su perfil más humano, más como un atribulado hombre de negocios (turbios, pero negocios al fin). Si bien su actuación es solvente, algo en su apariencia aniñada hace ruido a la hora de verlo como un mafioso.

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El mártir obstinado

La otra parte de la historia la ocupa el actor Michael Peña (norteamericano de ascendencia mejicana, con muchos papeles en tanques hollywoodenses) en la piel del oficial Kiki Camarena.

Este último fue un obstinado agente de la DEA que fue asignado casi como por castigo a cubrir el territorio mejicano en aquellos años, y vio antes que nadie el crecimiento y la formación de los carteles.

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El sistema corrupto pudo más que la voluntad de un hombre que igualmente aquí es presentado con un aura de entrega absoluta a su trabajo.

Narrada con la voz en off de un estadounidense –con todo lo que ello implica a la hora de sentar el punto de vista desde el cual parte el relato–, Narcos México se centra más en el armado y en el tejido de las relaciones de poder que en la versión más sangrienta en sí de los hechos.

Y sirve para entender por qué en los últimos 30 años de historia mejicana hubo medio millón de muertos a raíz de la violencia narco, institucionalizada a niveles extremos.

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