Miradas opuestas a "The Following"
Dos críticos de VOS brindan sus puntos de vista sobre la nueva serie de televisión protagonizada por el actor Kevin Bacon.
A favor: Para dejarse convencer
Daniel Santos
No hay que ponerse muy exquisito para ver The Following. Es cierto, hay que dejarse llevar por el relato un poco más que en otras ocasiones, con muchos momentos muy poco creíbles en los que es difícil tomar la historia de ese asesino serial demasiado en serio.
Pero bueno, no será la primera ni la última vez. Porque esta historia, plagada de lugares comunes, termina por convertirse con el correr de los episodios en un buen entretenimiento. Un asesino serial decide tomarse venganza de quien lo capturó una década atrás. Pero aquel exitoso detective (bien Kevin Bacon, convincente) recibió tantos golpes en los últimos años que no puede contra sus propios fantasmas, ni contra su adicción a la bebida.
El escape del prisionero, su captura, el culto en torno a su forma poética de asesinar (cuándo no, con la oscura obra de Edgar Allan Poe como motor para el asesinato), reúne a los dos otra vez. Pero hay matices, hay historias que se cruzan, personajes en los que es imposible confiar, porque pueden aparecer del lugar menos pensado con el fin más dramático posible.
Hay en The Following varias buenas escenas de acción, y más allá de los problemas de un guion que parece improvisado, los actores funcionan bien. Bacon sostiene a un típico ex oficial golpeado por el destino con gran oficio; sus agentes cercanos también le dan un equipo solvente. Peores están los villanos, que interpretan personajes casi caricaturizados. Pero, sin ponerse estrictos, también enganchan en la trama fantasiosa pero efectiva. El malo es Joe Carroll (James Purefoy), un ex profesor obsesionado con Poe que no tuvo buena suerte como escritor.
Ryan Hardy (Bacon) primero se deja seducir por el encanto de ese profesor, pero finalmente lo descubre detrás de los asesinatos. Aunque The Following abusa de los flashbacks para contar aquella historia de una década atrás, la captura de Carroll es sólo el comienzo.
Secuestros, engaños, venganzas, acción, mentiras, adicciones, sexo, forman parte del condimento variado de una serie que es mucho menos de lo que se esperaba, pero aún así se convierte en un buen plato para servirse entretenimiento puro.
En contra: Típico y serial
Juliana Rodríguez
Probablemente a alguien en la mesa de guionistas de The Following se le ocurrió que era toda una novedad escribir una serie sobre la peor pesadilla de Estados Unidos: que los asesinos seriales que suelen trabajan por su cuenta un día de estos se organicen en red. Una buena idea.
Probablemente otro día, alguien más de esa misma mesa sugirió que el líder de esos asesinos podía ser un lector obsesivo de Edgar Allan Poe y que la clave para resolver todos sus crímenes podía estar en la obra literaria del escritor; que el policía protagonista podía ser un hombre taciturno y obsesionado; y que para esparcir romance entre tanta sangre, ese policía podía tener un affaire con la esposa del criminal al que él investiga. Ese día, probablemente, los demás guionistas y productores estaban cansados, mal dormidos, no escucharon bien y dijeron "Sí, dale, eso no lo vimos nunca".
Y así, la serie más promocionada del año de la cadena Fox se convirtió en la suma de todos los clichés del manual de policial clásico, con poco y nada de espacio para la sorpresa. El policía está obsesionado, el criminal es una versión lavadísima de Hannibal Lecter y la mujer es hermosa. Y ya. Excepto por Kevin Bacon, que se pone al hombro con dignidad y densidad interpretativa el personaje del investigador, el resto del elenco se queda en una liviandad actoral que la TV de calidad superó hace rato. El asesino serial y sus secuaces provocan menos miedo que los chicos cantores de Glee.
The Following (como Flashforward, Revolution, Alcatraz y otras series fallidas) surge de una buena idea que se quedó sin creatividad para su puesta en escena.