Miradas opuestas: "Farsantes"
Dos opiniones encontradas sobre la nueva tira de Pol-Ka, protagonizada por Julio Chávez y Benjamín Vicuña, entre otros. Y a vos, ¿qué te pareció?
A favor: Amor sin ley
Demian Orosz
Es arriesgado, pero se puede conseguir lo que consigue Farsantes. La nueva serie de Pol-ka logra manejar distintas velocidades y saltar de la comedia de enredos romántica (la hiperquinética pero efectiva Griselda Siciliani y el modesto Facundo Arana arman una de las duplas amorosas) al costumbrismo un poco grotesco (a cargo de Alfredo Casero, súper cómodo en su papel de tránsfuga) y retomar luego sin turbulencias el cauce dramático central en la historia: el deseo apenas maniatado en el que se van a incendiar los abogados Guillermo Graziani (Julio Chávez) y Pedro Beggio (Benjamín Vicuña).
El puñado de escenas por episodio que protagonizan Chávez y Vicuña le alcanzaría a Farsantes para ubicarse entre las mejores ficciones televisivas. Hasta ahora, salvo Farsantes ninguna tira diaria de la TV argentina había puesto como eje de la historia a la "temática gay" sin hacer el ridículo y proponiendo un zoom, delicado y al mismo tiempo incisivo, de la atracción y de las formas de cortejo titubeantes de dos hombres que se están muriendo de amor. Lejos de los estereotipos que desbarrancan en el mariposón o en el gay retorcido (maneras frecuentes y aparentemente inocentes de atribuirles perversión a quienes no aman como Dios manda), Chávez y Vicuña encarnan a dos personajes que deben lidiar con las normas sociales y los lazos familiares, lo cual inocula en la historia una tensión dramática clave. Ambos deben también cruzar sus propios límites, y en esas vacilaciones cruzadas de ganas y temores se han visto los mejores momentos de Farsantes, junto al retrato del mundo y el submundo de las trenzas judiciales y cierto envilecimiento naturalizado como requisito profesional.
En contra: Efecto "vaso de cerveza"
Germán Arrascaeta
Farsantes se pensó como unitario semanal pero se está emitiendo como tira diaria. Claramente. Y eso hace que la historia con más peso se vea afectada por escenas satelitales que empastan el relato, le quitan fuerza.
La semana que se extingue mostró dos movimientos claros en este sentido. El lunes pasado, a un intercambio cinematográfico de miradas entre los personajes de Julio Chávez y Benjamín Vicuña (homoerotismo de alta escuela), le siguió un planteo infantil en un bingo casero, donde le hacía apostar todos sus ahorros a una niña.
Y el miércoles, la previa de un nuevo intercambio de los actores nodales, en el contexto de una casa de campo atravesada por una tormenta, se centró en un movimiento de guion inverosímil que le terminó allanando el camino para que la pareja Arana-Siciliani tuviera rodaje autónomo. Eso sucedió al tiempo que en Twitter los fans clamaban tipeando "pico, pico, pico, pico". Todo en clave de comedia infanto juvenil, que para colmo contó con un bolo de Adriana Brodsky haciendo (casi) de sí misma. Ni el policía corrupto plantándole cocaína a un arrepentido logró tensar ese clima tan de entretenimiento soft, más compatible con Solamente vos que con Un maldito policía (Abel Ferrara).
¿Acaso Farsantes no iba por el lado del bufet de abogados con casos tan calientes que obligan a desdibujar límites morales y éticos? Eso fue lo que se insinuó y que, con el correr de los días, se dejó de lado en función del "alto rendimiento" del binomio Chávez-Vicuña. Al cabo, Farsantes es otra ficción que toma de rehén al espectador. Por eso posterga los desenlaces y se regodea en el efecto "vaso de cerveza": antes de saborear el todo, te hacés los bigotitos con la espuma.