Miradas opuestas a "Cumbia Ninja"
Dos opiniones encontradas acerca de la nueva serie juvenil protagonizada por Brenda Asnicar. Y a vos, ¿te gustó?
A favor: con los astros a su lado
Por Cecilia Sánchez
Un mundo de pandillas, mafias y drogas combatidas con música. Así puede resumirse en pocas palabras el argumento de Cumbia Ninja. La serie original de Fox presenta una historia que puede extrapolarse a cualquier realidad urbana de Latinoamérica. Allí está Hache (Ricardo Abarca), un pibe de barrio que tras el asesinato de su hermano debe hacerse cargo de la seguridad de su comunidad. Sin embargo, él sólo quiere tocar con su banda y escribir canciones. Del otro lado está Juana (Brenda Asnicar), una chica de clase alta que acaba de perder a toda su familia y debe asumir otra identidad para sobrevivir. En medio, un mundo hostil que se les viene encima. La idea no es nueva pero no por ello deja de ser efectiva: dos jóvenes que se debaten en el eterno dilema del deber ser o el seguir los sueños, o cómo hacer para armonizar ambos. Y no nos olvidemos del romance y el misterio.
Tal vez el pecado de esta tira dirigida a un público juvenil está más vinculado a la forma: los personajes muchas veces bordean el extremo caricaturesco, con looks recargados, con malos súper malos y buenos incuestionables. Sin embargo, los clisés en este caso logran reforzar el mensaje, lo que inscribe a Cumbia Ninja en esa categoría de productos que promueven la reivindicación a través del arte o el deporte. Aquí, la música es esencial y los productores lo saben, por eso apostaron a incluir en la trama los videoclips de los temas que "solucionan" el malestar existente, que "cuestionan" la realidad circundante. La jugada es buena, es local, tiene lenguaje, realidad y ritmo que nos son propios. Y lo más notable: ha sabido conquistar y contagiar su armonías a la audiencia. El horóscopo dice… que hay un buen programa para ver.
En contra: En la mitad de la colina
Por Rodrigo Rojas
Gran expectativa había generado Cumbia Ninja en la previa. Se hablaba de una tira juvenil que llegaba para romper los moldes y sacudir las historias teen que dominaban la pantalla hasta entonces. Violencia, drogas y sexo, bajo un manto musical que todo lo cura, serían abordados desde un lugar nuevo y enfrentarían a los jóvenes hacia una cruda realidad que los despabilaría del lánguido sueño juvenil reinante en las tiras promedio.
Pero Cumbia Ninja desaprovechó esa oportunidad y se quedó a mitad de camino, ahí el mayor pecado de la serie. Las drogas, las pandillas y la música aparecieron, pero demasiados ridiculizados y estereotipados para ser punzantes para un adolescente promedio que alguna vez se las ha topado en su camino y demasiado explícitas para un preadolescente que también se siente atraído a la propuesta.
Cumbia Ninja no logra decantar su público y ahí se queda a medias tintas. Los más chicos (que deben esperar hasta a las 22 para la emisión) debieron enfrentar, por caso, con ojos bien abiertos la encarnizada matanza del primer capítulo, pero cuando parecía que la tira no estaba ideada para ellos, las canciones inocuas, los gags infantiles o las figuras fantásticas (como un dragón que habita las profundidades del barrio) confundieron a todos. No debe ser sencillo para una cadena internacional recortarse hacia un público específico y dejar de lado un par de millones de potenciales televidentes, pero cuando las cosas se hacen a medias, existe el riesgo de quedarse sin nada y que el producto termine por desencantar a unos u otros. Cumbia Ninja tuvo acaso una gran oportunidad, pero se deshizo en intenciones. Ya lo dice el famoso refrán: el que mucho abarca, poco aprieta.