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La palabra de un profesional: pistas para entender a "Los Simpson"

Una opinión de un especialista sobre la función crítica y paródica de Los Simpson.

23 de marzo de 2014 a las 12:00 a. m.
Enrique Virdó, lic. en Psicología
La palabra de un profesional: pistas para entender a "Los Simpson"
La familia Simpson es un emblema icónico de la TV del siglo 20-21.

Los Simpson han logrado permanecer en las pantallas del mundo justamente porque más allá de la sátira, la burla y la parodia, transmiten un mensaje tranquilizador y amable para el espectador tipo. Homero, a través de sus evidentes defectos, se ha convertido en una herramienta poderosamente dramática, en un factor de profunda toma de conciencia. Siendo completamente ingenuo y pueril ante la omnipotente influencia de la manipulación (de todo tipo, pero por lo general mediática), interpela al espectador y lo alerta. Su misión es representar al ciudadano/consumidor de la cultura popular  neocapitalista. Todos podríamos (¿querríamos?) ser Homero en algún momento: actuar en forma irresponsable, ver TV todo el día, no ir a trabajar, no tener que asistir a la iglesia y tentarnos con todas los productos que la publicidad ofrece. Pero el personaje muestra también las consecuencias nefastas que ello acarrea. Sus comportamientos lo convierten en objeto de ridículo y crítica en su comunidad. Pero Homero, fundamentalmente, facilita al espectador un espejo en el cual éste se permite reflejar sus aspectos más negados o rechazados, y  al observarlos en clave de humor despiadado, poder reconocerlos, aceptarlos y controlarlos.

Por otro lado, aún en su defectuoso rol de padre y esposo, Homero retiene a su lado a su mujer e hijos, demostrando finalmente en cada capítulo de la serie, que el vínculo familiar es indestructible e indiscutible. Por esa razón Marge lo redime siempre, y sus hijos no lo abandonan. Y aun cuando irremediablemente Homero es un torpe, su mujer una pasiva ama de casa y los niños permanentemente cuestionan la autoridad, dando la impresión de que el programa satiriza al modelo patriarcal de familia, al no ofrecerse un modelo alternativo o superador, la serie confirma indefectiblemente como único y posible a este tipo de familia, idealizado, estadounidense, nuclear y tradicional.

De la misma forma, la sátira feroz a los funcionarios y representantes de las instituciones sociales básicas no tiene la función de cuestionar los pilares de las sociedades democráticas modernas. Todo lo contrario. Lo que se critica es a las personas que ocupan esos cargos. La serie muestra diáfanamente que aún cuando una comunidad esté poblada por ineficaces, corruptos, necios e inmorales, las instituciones son en sí tan sólidas que no deviene ni la anarquía ni la anomia social. El sistema funciona, aún cuando los individuos  son invariablemente falibles.

Finalmente, los variados  tópicos que han sido objeto de burla no han develado una toma de partido parcializada, fanática o chauvinista por parte de los creadores de la serie. Y esto se logró porque desde un principio descargaron sus proyectiles satíricos sobre todas las religiones, todas las formas de gobierno, todos los países, etcétera. Al encontrar un punto débil en cada ideología, creencia o tema humano, el mensaje que se transmite es que en definitiva  nada es absolutamente sagrado y que todo es pasible de una reflexión humorística y aguda. Y que aún con sus defectos monstruosamente aumentados bajo la lupa del humor, la validez de las variadas expresiones de la realidad social siguen vigentes y su existencia está siempre justificada.

Fragmento del artículo publicado en el libro "Generación tecno-cultural", de la cátedra de Psicología de las Masas y Medios de Comunicación, Facultad de Psicología.

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