Cinco razones de Alejandro Fantino: Merodeador nocturno
Alejandro Fantino comenzó una nueva edición de Animales sueltos con la idea de recortarle la supremacía a Tinelli. ¿Podrá?
10 de marzo de 2014 a las 10:10 a. m.
- Culto a la personalidad. Hace un par de años, Alejandro Fantino era otro candidato fuerte para sumarse a la tradición de "conductor de entretenimientos" que, en los últimos años, tuvo como irrefutables a Marcelo Tinelli, Nicolás Repetto, Marley y Julián Weich. Como el primero de los enumerados, el santafesino llegó a la TV desde el periodismo deportivo radial, y se hizo fuerte en la caja boba sobre la base de ensayo y error, cultivando un perfil de amigo entrañable, de muchacho de barrio en el que se puede confiar. Pero en el umbral de los 40, el santafesino eligió arriesgar: sin renunciar al efecto de su carisma, generó las condiciones para que su labor tuviera cierto ímpetu "periodístico".
- El kamikaze del fútbol. El tubo de ensayo del rubio para este cometido fue El show del fútbol, un programa dominical donde se militaba por un balompié transparente, se intentaba socavar la hegemonía de Grondona, se destapaban ollas que siempre olían mal, se alternaba rigor con chisme malintencionado. Y donde, por sobre todas las cosas, se empezó a interactuar con la audiencia vía Twitter, algo que hoy aparece como naturalizado. Los domingos de los últimos años, en los timelines de todos los futboleros estallaba el hashtag #elprogramadeFantino con posteos que iban desde la corbata de Leto a disparos contra panelistas que siempre se sentaban a la mesa como apóstoles de verdad. Lo cierto es que Fantino se despidió del ciclo. Asqueado, impotente por no haber podido cambiar nada.
- El entrevistador confiable. En el programa ESPN Estudio, Fantino ya se insinuaba como un buen entrevistador, capaz de sacarle jugosas anécdotas a su interlocutor a partir de la instalación de un clima confianzudo. No tenía mayores problemas en lograrlo, por cuanto se trataba de deportistas a los que conocía de memoria. Pero en el marco de Animales sueltos, su programa ómnibus sobre el canchereo general, empezó a generar un espacio marginal para probarse como un entrevistador sagaz y todoterreno, a tono con su necesidad de proyectarse periodísticamente. E impactó al entorno al conseguir textuales jugosos de actores, actrices, políticos en campaña, vedettes, humoristas, productores, corredores, formadores de opinión, celebrities. Según le contó a VOS en su momento, su plan era simple: ir bien documentado y saber escuchar para filtrar la mejor repregunta.
- La ambición. Al cierre de la edición 2013 de El show del Fútbol, Fantino dejó muy en claro por qué le ponía fin a su participación en el ciclo. Quería, por sobre todas las cosas, que Animales sueltos jugara en las grandes ligas de una buena vez. Y no se podía dispersar llevando adelante una nueva cruzada contra un fútbol en estado terminal. Así, el prime time con proyección a la medianoche de 2014 lo tiene jugando fuerte desde la pantalla de América, ganándole de mano a Tinelli en la contratación de Luciana Salazar, con la firme voluntad de medir, de afectar la "mediocracia". Habrá que ver cómo se las ingenia con Marcelo en funciones.
- El macho "duermeafuera". La fantasía popular pone a los hombres de la tele en un pedestal. Mucho más cuando se tejen leyendas del tipo "el cuarto piso de Ideas del Sur" o cosas por el estilo. Alejandro Fantino le dio un viso de normalidad a la cuestión cuando su mujer, la actriz Miriam Lanzoni (que esta semana protagonizó un desencuentro con Santiago del Moro en InFama), lo hizo dormir afuera luego de una emisión de Animales sueltos en la que le tiró una ondita a una mediática en ascenso. "Las mujeres, en un hombre, no resisten la imbecilidad. Una esposa o novia tolera que mires un culo de modo discreto; la imbecilidad es darte vuelta. Y yo hice eso, pelotudeé, miré, la hice bailar y mi jermu, que es chaqueña y de armas tomar, se enojó. Me saqué una foto y la tuiteé y, listo, no me abrió". Tal su explicación sobre el incidente. Claro como el agua clara.