Atrapados en sus propias redes: punto de vista sobre la novela Pampita-Vicuña-Suárez
Pampita eligió exponer la intimidad familiar en el novelón que involucra a Benjamín Vicuña y a “la China” Suárez.
Hace un par de semanas, desde este mismo espacio se puso en discusión el rol de los medios cuando les dieron amplia difusión a los audios con la pelea entre Pampita y Benjamín Vicuña en la intimidad de su hogar. Esta semana, aquella discusión reciente quedó casi ridiculizada por los mismos protagonistas.
En un giro novelesco, insólito e impensado, fue la propia Pampita la que expuso su intimidad familiar, esa misma que suele utilizar como escudo cuando le pide a la prensa que no la acose. La doble vara se hizo evidente.
Explotando la velocidad esquizofrénica que plantean las redes sociales, la modelo puso a disposición de millones de personas y sin que nadie se lo pidiera capturas de pantallas de las cámaras de seguridad de su hogar (que, dicho sea de paso, tiene más cobertura que la casa de Gran Hermano).
Poseída por una especie de ataque de despecho que ella luego definió como una reacción “ante la injusticia”, Pampita ponía así sus pruebas ante el jurado popular en el estrado de Twitter. Para mayor condimento, utilizó a algunos periodistas como voceros jurando por sus hijos (¿hacía falta?) que había visto a su ex Benjamín Vicuña y a Eugenia “China” Suárez teniendo sexo en el mentado motorhome de un set de rodaje.
Completando el cuadro, Carolina Ardohain eligió ir ni más ni menos que a ShowMatch para ocupar la silla que Moria dejó vacía por un viaje al exterior que, digamos, se le complicó. Una movida a contramano de lo que el sentido común le gritaría a cualquier mortal que está atravesando una situación similar. Por supuesto que ahí también le tocó hablar del tema que había estado en cadena nacional durante todo el día.
Cuando la balanza de la justicia mediática parecía inclinarse a favor de Pampita, "la China" Suárez pidió la palabra y en Intrusos salió a decir su verdad, relatando hasta con detalles gastronómicos su versión de los hechos y desatando una serie de memes desopilantes con "la palta" y "la manta amarilla" que trajo de Nepal. Ella, por su parte, puso sus reparos a la hora de empardar el juramento: "No lo juro por mi hija porque ella no tiene nada que ver con esto".
En el medio quedó justamente Vicuña, quien aun cuando tuvo la reacción pública más lógica (callarse y no tirar más nafta en ese infierno), quedó en off side cuando le dijo a un notero "se dicen muchas mentiras" y el cronista le replicó con la cruda verdad: "¡Pero la que está hablando es Carolina!". Luego el chileno envió a los medios un acta notarial para solicitar que "se abstengan de exhibir, difundir y/o divulgar datos, información o imágenes", pero esta vez la prensa corrió por detrás a los dichos públicos de los involucrados. El rumor había empezado por su casa.
Enredados
Este combo de megaexposición y visibilidad constante que plantea el universo de las redes sociales está creando nuevas reglas que tienen múltiples consecuencias. Así como hay “celebridades anónimas” nacidas al fragor de YouTube, aquellos que ya gozaban del estatus de famoso se sienten en la obligación de tuitear para mantener su condición, empezando a hacer permeable su otrora burbuja infranqueable. En general, se preocupan por ofrecer una extensión de su universo que se presume de glamour y éxito.
Pero Pampita primero, y “la China” después, rompieron la máxima tácita que rige en las redes (y que encuentra su punto cumbre en Instagram): publica sólo lo bueno, que para lo malo ya está la vida real.
En esta triste batalla de egos y traiciones, el público se vio prácticamente interpelado a elegir entre una de las dos versiones, y, para convencer al soberano, las involucradas se metieron en el barro aun cuando en su esfera laboral son impolutas protagonistas de comerciales de productos de belleza.