Actriz a la mejicana
Mónica Ayos fue a visitar a su marido a México y allá se quedó, como la mala de la telenovela "Triunfo del amor". Una versión del éxito de los actores argentinos for export.
Si sos argentino, viajás a DF y te sentás en cualquiera de las cantinas con televisor encendido las 24 horas, es probable que veas caras conocidas con acentos extraños. México recibe una buena cantidad de actores argentinos for export que llegan a triunfar en las telenovelas (de la misma manera que en los 90 nosotros heredamos venezolanos como Caterine Fulop). Entre ellos, Mónica Ayos es una de las recientes emigradas y tras varios meses allá, cuenta que acaba de renovar su contrato por un año más.Es raro verla en Triunfo del amor, la telenovela azteca en la que trabaja, susurrando como Andrea del Boca, hablando como Thalía y prometiendo venganza como toda una villana temible de telenovela. Desde el centro de DF, Mónica dice que el acento y el histrionismo de Televisa (marca registrada de sus ficciones) no fueron tan difíciles de adquirir. "El culebrón en esencia es lo que aquí se maneja a la hora de contar una historia en formato telenovela. Y Televisa es la meca de las telenovelas, con el estilo es el que todos conocemos, el del más puro culebrón".¿Cómo se entiende eso? Hay que ver a Mónica interpretando a Leonela Montenegro: la rubia jura venganza como una Cruela de Vil mejicana, llora con lágrimas más espesas que el mezcal (y también se da unos buenos tragos de mezcal, ya que su personaje es el de una alcohólica), y se enoja con la intensidad de un chile habanero. De temer.–¿Te costó adaptarte a esa forma de actuar (y hablar) en México? –El culebrón aquí en nada se parece al costumbrismo, todo lo contrario. Las pausas y la velocidad tienen otros tiempos y, en general, es ese estilo que todos alguna vez escuchamos en novelas de México. En mi caso, desde chiquita miraba las de Verónica Castro y entendía ese código melodramático. El castellano neutro me resultó familiar auditivamente y el estilo histriónico es algo a lo que me adapté y lo logré articular para estar acorde al estilo que en este género aquí manejan. Es un juego que no sólo me divierte, sino que me invita a adquirir nuevas experiencias.–¿Y dónde tenías escondido ese acento?–Me tomo el trabajo muy en serio, no fue sencillo y fueron horas de práctica. Cuando se me presentó esta posibilidad pensé en algo que leí alguna vez: "Para qué hacerlo mal, si lo puedo hacer bien. Para qué hacerlo bien ¡si lo puedo hacer muy bien! Para qué hacerlo muy bien, si lo puedo hacer grandioso", ja ja. Así fue como mi castellano neutro fue muy elogiado.PartidaEl primero de la familia en instalarse allá fue su marido, Diego Olivera, que interpreta a un cura en Triunfo del amor y ya tiene cerrado protagonizar la próxima novela del prime time de Televisa. Después lo siguió Mónica, que terminó quedándose y ahora renovó contrato por un año más con el canal. "No me animé a cerrar por cinco años más, como era la idea original", dice ella. Y el resto de la familia parece acomodarse a la nueva ciudad: "La familia se adaptó muy bien, todo se dio naturalmente. Articulamos bien nuestras actividades y mucho más rápido de lo que creí, incluso los chicos. En el colegio, Victoria (7 años) se relacionó perfecto, los castings de Fede (tiene 19) fluyeron. Todo fue encajando cual pieza de rompecabezas", cuenta la actriz.El caso de Olivera-Ayos no es el único de actores argentinos que migraron y trunfaron en tierras aztecas: Michelle Brown, Sebastián Rulli, Juan Soler, Cecilia Galeano. ¿Qué tienen en común? Más allá de las diversas habilidades, en México la "belleza argentina" (si es que tal cosa existe con rasgos únicos) cotiza alto en la pantalla chica y las revistas del corazón. –¿Por qué algunos actores argentinos tienen éxito allá?–Soy una convencida de que la inteligencia, la belleza y el talento se llevan muy bien, ¡más aún si es que el ángel o el carisma deciden acompañarte! Juntos son un cocktail explosivo, ya sea en México, Argentina, EE. UU. o Europa. Tener formación te abre puertas. Creer en uno mismo, también. Ojo que no puedo jactarme de poseer todo eso, eh, sólo puedo sentirme orgullosa de que mi laburo es valorado tanto en mi país como traspasando las fronteras y representarlos dando lo mejor de mí.En adelante, la vida de la pareja estará atadas a Televisa. Diego Olivera será el protagonista de Amorcito corazón, la nueva comedia del canal, y Mónica ya firmó contrato de exclusividad por un año, y espera a ver en cuál de los proyectos que Televisa tiene en carpeta para ella. Mientras tanto, dice que extraña mucho el país, y mantiene cierta cercanía con su cuenta de Twitter, que actualiza con puntualidad casi obsesiva y, sobre todo, con mucho sentido del humor. "El humor rige mi vida en un alto porcentaje, incluso tuve una invitación desde el mundo stand up pero al poco tiempo me vine a México, una pena, me encantaría probar alguna vez, hubiera sido una experiencia canalizadora para mí", añade.Y mientras habla de las bondades de DF y las también incomodidades, evoca que sus vínculos con los culebrones aztecas vienen de mucho tiempo atrás. "Mis padres eran artistas, grandes bailarines de tango de la orquesta de Mores, Pugliese, Leopoldo Federico y muchos más. Ellos tuvieron la oportunidad de conocer a muchos artistas de todos los géneros, entonces en una visita a Mar del Plata de Verónica Castro, mis padres bailaban en el programa de Mateyko y la hicieron bailar a ella nuestra música ciudadana". Hoy, desde las tierras de Castro, Mónica se enorgullece de trabajar con actores mejicanos y del mundo que la expansión de Televisa llevó por el planeta: desde Victoria Ruffo (estrella de México conocida por sus roles de eterna villana de telenovelas), el cubano César Évora, la actriz polaco-mejicana Dominika Paleta, las mejicanas Daniela Romo y Carmen Salinas y otros. Ella, puede contar que diseñó el camino de su carrera como quiso: de vedette a atriz de TV, de cine, de exportación. México: donde los galanes cotizanEl caso de Mónica Ayos y Diego Olivera no es exactamente el mismo que los de otros actores: ellos se fueron con una trayectoria ya instalada en la TV y el cine argentino. Pero hay extrañas anécdotas de algunos desconocidos actores aquí que allá han logrado ser celebridades. El emblemático es Sebastián Rulli (foto) y Cecilia Galeano, argentinos los dos, eran pareja y padres de una hija. Él, modelo y con perfil de gringo carilindo, llegó hace más de 10 años a México, se formó en la escuela de actuación de Televisa y desde entonces es un galán requerido. Lo mismo sucede con Juan Soler, tucumano que ya tiene nacionalidad mejicana, ya que vive allí desde los años 90. Tanto Rulli como Soler pasaron por Montaña rusa. Michelle Brown se fue de Jugate conmigo e hizo lo propio en México hasta que triunfó en Pasión de gavilanes, en Colombia. Otros que por ahí pasaron fueron Tommy Dunster y Segundo Cernadas. ¿Cosas en común? Rubios, ojos claros, pectorales fuertes y un acento neutro que los hace hablar como en un doblaje.