Temas del día:

Murió Horacio Ferrer: Balada para un grande

A los 81 años falleció Horacio Ferrer, poeta y letrista de tango que colaboró con Astor Piazzolla en más de 40 canciones. Fue el autor de la inmortal Balada para un loco.

22 de diciembre de 2014 a las 09:20 a. m.
Murió Horacio Ferrer: Balada para un grande
Horacio Ferrer presidió la Academia Nacional del Tango y dejó la inmortal 'Balada para un loco', entre más de 200 canciones.

Ayer domingo se fue uno de los más memorables letristas de tango de la historia argentina, el poeta y escritor Horacio Ferrer, autor de Balada para un loco. Ferrer, murió a los 81 años a raíz de una complicación cardiaca.

Horacio Arturo Ferrer Ezcurra nació en Uruguay el 2 de junio de 1933, pero después se nacionalizó argentino. Desde muy joven se interesó por el tango y su mitología, lo que lo llevó a crear más tarde temas como Balada para un loco y Chiquilín de Bachín, en sociedad con Astor Piazzolla.

Presidente de la Academia Nacional del Tango, compuso más de 200 canciones y fue autor de numerosos libros sobre esa música popular y su entorno, entre ellos el esencial El Libro del Tango. Arte Popular de Buenos Aires (1970).

Hijo de un profesor de Historia y una madre que era sobrina bisnieta de Juan Manuel de Rosas, creció en un hogar montevideano de gente culta que había llegado a conocer en persona a Amado Nervo, Rubén Darío y Federico García Lorca. Quiso ser arquitecto y cursó varios años en la Universidad de la República, pero su pasión tanguera lo condujo a abandonar ese sueño y, como redactor del diario El Día –y luego de El País– se lanzó a conducir el programa radial Selección de tangos, que derivaría en El Club de la Guardia Nueva, entidad que promovía actuaciones de los músicos de vanguardia en locales de Montevideo y alrededores, donde comenzó su intensa amistad con Piazzolla.

Publicó su primer libro de poemas, Romancero canyengue, en 1967, al que presentó recitándolo en compañía del guitarrista oriental Agustín Carlevaro, influido por Paul Verlaine y otros franceses. El éxito del libro hizo motivó que Piazzolla musicalizara su poema "La última grela", que en principio iba a tener acordes de Aníbal Troilo. Ese fue el trampolín para que Ferrer cruzara a Buenos Aires convocado "de prepo" por Piazzolla.

La primera gran obra entre músico y poeta fue la operita María de Buenos Aires. En 1969 la dupla compuso Chiquilín de Bachín y Balada para un loco, obras que se vendieron como pan caliente y que aportaban a la música ciudadana un perfil de apertura como nunca se había dado. Siguieron otros temas que el público vio primero con desconfianza y luego con pasión: Balada para mi muerte, El Gordo triste, La bicicleta blanca, Los paraguas de Buenos Aires y otros, hasta llegar en total a más de 40.

Bon vivant a todas luces, Ferrer vivía junto a su esposa Lulú en el Hotel Alvear, cerca de la Recoleta, donde se instaló en 1976. En las últimas décadas era una leyenda viviente, un caballero a la antigua conocedor del pasado que parecía recitar cuando hablaba.

La balada que se hizo clásico

"Las tardecitas de Buenos Aires tienen ese qué se yo...". Así arranca Balada para un loco, una de las canciones más memorables e inconfundibles de la historia del tango y de la música popular argentina y tal vez la más importante que escribió Ferrer.

Balada..., en la versión de Amelita Baltar, fue originalmente estrenada en el local nocturno Michelangelo y luego presentada a competir en el Primer Festival Iberoamericano de la Danza y la Canción que se realizó en el Luna Park, donde obtuvo el segundo puesto; lo curioso es que ya nadie se acuerda de la canción que se llevó el primero (fue para Hasta el último tren, de Julio Ahumada y Julio Camilloni).

En las vísperas de esa instancia, Piazzolla le dijo a Ferrer: “Horacio, mañana andate a una imprenta y prepará una tarjeta que diga, ‘Horacio Ferrer poeta de Balada para un loco”’, que te va a servir para toda la vida”. Y el maestro no se equivocó. Más tade, Roberto Goyeneche le puso su impronta a la canción.

Ferrer, en una entrevista del año pasado, reconocía que para él esa era su mejor creación. "Fue un cambio de estética, una cosa aventurada, audaz. Fue una canción con ritmo y estética de un tango muy renovado. Fue un triunfo muy lindo que el público finalmente la adoptara como una expresión de un tango diferente. Piazzolla también lo disfrutó mucho", dijo. La esquina de avenida Corrientes y avenida Callao de Buenos Aires se llama precisamente Esquina Horacio Ferrer, en referencia al verso del tango que dice "¿No ves que va la luna rodando por Callao?".