“Yo cultivo felicidad”
Palo Pandolfo asegura haberse purificado y ofrece las coordenadas emocionales de “Esto es un abrazo”, el disco que acaba de publicar junto a La Hermandad.
El día en que está pautada la entrevista, Palo Pandolfo hace uso de la red social Twitter para contar cómo lo pone la defensa promocional de Esto es un abrazo, su primer disco solista concebido junto al grupo La Hermandad. Palo postea los sustantivos "velocidad, aceleración, urgencia, necesidad y nervio", y todos se leen en sintonía con el entusiasmo abrasador que, por ejemplo, encierra Soy el sol, el carnavalito de apertura. "El ciclo de la vida / es mi regocijo", se le oye allí al ex Don Cornelio y Los Visitantes, y no hace falta mucho más para darse cuenta que los astros están alineados de modo favorable.
Pero aun así, vale la pena corroborarlo escuchando el resto de Esto es un abrazo, una obra diversa en cuanto géneros y que sabe encontrar el punto G cualquiera sea la agitación expresiva (vals, hardcore exacerbado, milonga). Y si se toma tal decisión, la de escuchar el resto del disco, además de poesía viva y alucinógena, el escucha se encontrará con una contundente confesión de parte: "en sintonía con la tierra, en sintonía con el sol, en sintonía con los músicos, en sintonía con los ángeles..."
-¿Entonces?-Días atrás, con mi mujer hablábamos acerca de cuánto le cuesta transformarse a la clase media argentina. Hay tanto para mejorar, pero nos cuesta dar un paso, aun cuando se trate de una purificación interior, y no de una renuncia material, de cortarla con la corrupción que hay adentro nuestro. El desafío es combatir la neurosis, acallar esa voz superyoica que no nos deja en paz. Y la solución está en el yoga, no en el Alplax. También días atrás, en el programa de Horacio Embom pasaron un tema de María Bethania que llevaba al extremo ese pensamiento tan brasileño de pasarla bien... "Vale la pena cultivar la felicidad", decía la canción. Voy por ahí, cultivo felicidad. Es tan brasileño como hippie...
-Por algo Serú Girán armó su proyecto artístico en Buzios. La plena interacción necesita de un contexto...-Exacto, con el remisero que me trajo hasta acá, nos la pasamos hablando de Serú en Obras, allá por 1979, que fue mi primer show. Me la pasé pidiéndole permiso a mi viejo hasta que lo convencí. A partir de ahí me nace mi obsesión de armar una banda... Lebón era muy power, Moro atrás, Pedro Aznar como joven cósmico... Y García... Por eso celebro haber consolidado La Hermandad y conseguido tan buena respuesta general, tanta buena vibración con el disco que hicimos.
-En "Madre computadora" planteás la hipotética posibilidad de vivir sin ella. ¿Qué nivel de interacción tenés con la máquina y qué tan viable ves vivir sin estar tan enredados?-Con Verónica, mi mujer, siempre hablamos del tema. Es importante tener una compañera que te permita analizar todo con profundidad. A ella, lo que le gusta del tema es que plantea una duda. ¿Qué me pasará? ¿Qué haré? Lo que le seduce a ella, que es sensible, artista plástica, es eso. Desde Don Cornelio estoy jodiendo con la duda, que es un combustible de la creación artística. Desde lo rígido y lo absoluto sólo se conciben guerras, no arte. La búsqueda de la sabiduría plantea dudas, preguntas. Madre computadora es real. Hemos dado un paso adelante como pareja: ella tenía su casa, yo la mía. Un buen día decidimos vender la casa de ella y compramos un terreno, y otro buen día vendimos mi casa y quedamos medio en el aire. De ahí el disparador. Antes de comprar un terreno en la zona oeste de Baires, íbamos a Neuquén, a lo de una amiga. Y tuvimos la intención de comprar tierra allá, construir y mudarnos. Irnos de la ciudad, pero nos dio recagazo. No nos da.
-Este discurso se contrapone con el de los porteños que vienen a San Marcos huyendo de la intensidad quemante de Buenos Aires.-Entiendo todo eso, pero a nosotros no nos dio el cuero. Nos dio paranoia, subidón. Pero está el sueño de tener una casa sustentable en el campo, sobre una calle de tierra que te permita pisarla y experimentar una descarga.
-En esa misma canción citás a Parravicini...-Conozco su obra por charlas con infinitas personas y por lecturas en revistas. Sé que el chabón entraba en trance y se convertía en una suerte de Nostradamus argentino. Toco de oído sobre él, pero conozco bastante, a su vez. Me intriga el tema de que sea un vidente. Creo que el chabón veía el futuro y eso le permitía tener en el presente una dignidad más desarrollada. Escribía, escribía, escribía. Él veía Neuquen como un lugar bastante iluminado para ir. Veía un paradigma geoenergético, un lugar virgen con mucha buena vibra.
-"Dame luz" es lo más cerca que se te puede oír de Dave Coverdale.-Es un doblaje de voz. Lo aprendí con Andrés (Calamaro, productor del primer disco de Don Cornelio y La Zona) y es algo que hacían habitualmente Lennon y McCartney. Se doblaban entre ellos y también uno con uno. En Dame luz, la voz que grabé era de la demo. La endiablada total, es de la demo, que grabamos con toda la banda. Cuando te pasás tiempo en estudio grabando 45 tomas de algo, fluyendo sólo por el auricular, y de repente grabás en vivo en tiempo real, no hay margen para otra cosa que no sea salvaje, tremebunda.
-De alguna manera, "La rebelde" te acerca a Larralde. Hablás sobre relaciones de fuerzas en el campo, pero no se puede interpretar acabadamente sobre cuál en particular. -Es una milonga surera, en tonos mayores y con séptima menor. Una comibnación del la mayor con el sol mayor, y tiene algo más de huayno y de blues. La milonga sureña también tiene África. Porque en Carmen de Patagones, al sur de la provincia de Buenos Aires, hubo un polo de vibración de esclavos que llegaban junto a corsarios que arrasaban con barcos de cualquier bandera. Un puerto libre, con muchos negros dando vueltas. Como Gabino Ezeiza, que es gran patrono del tango argentino y legó una serie de grabaciones en clave de payada. Un afrocriollo. Esa milonga surera me salió del automatismo más inconsciente. Los compuse en el grabador, no en el papel. Cantado en primera toma; esa diatriba, esa reflexión, está todo en primera toma.
-¿Pero de qué va?-Habla de los indios reventados por las escopetas Remington que proveía Inglaterra. Las Remington matando tehuelches, pampas, mapuche. El tema es eso.
-"Patria o muerte", el título del segundo disco de Don Cornelio, puede sonar a disyuntiva actual. ¿O no?-Cuando pusimos ese título, lo hicimos para burlarnos de la izquierda y de la derecha. Montoneros, patria o muerte; Tacuara, patria o muerte. Se estaban matando y ambos usaban la misma consigna. El disco es una burla atroz en clave punk, un intento de acercamiento al God save the queen. Y hoy, a lo nacional y popular del kirchnerismo, le faltaría que la UCR pudiera retomar polenta para ofrecer una contracara también patriota pero no tan exasperada. Porque si hay algo que le da fuerza al kirchnerismo, es la oposición. Desde el principio, ellos construyeron poder desde la búsqueda de enemigos fuertes; al cabo, son los mismos grupos que voltearon a Irigoyen en el 30. Entonces, el radicalismo debería generar una oposición seria, que no dé para tanto delirio ni diatriba.

