Joan Manuel Serrat: El paso del tiempo es algo maravilloso
Joan Manuel Serrat publicó Antología desordenada, un disco cuádruple que celebra sus 50 años de trayectoria. En diálogo con VOS, ofrece detalles de la edición y se desentiende del aura políticamente correcta que irradia su figura. Mirá.
En 2015, Joan Manuel Serrat cumplirá 50 años de trayectoria. Su big bang artístico es muy preciso: el 18 de febrero de 1965 fue de su casa a Radio Barcelona, aceptando una invitación para dar un concierto con la sola compañía de su guitarra en los estudios Toreski.
Por entonces, no había noción de canción testimonial ni de giras interminables por Latinoamérica. Mucho menos se intuía que estaba en gateras un artista que, con su obra, representó un resquicio de libertad cuando ésta no abundaba en tiempos de gobiernos de facto y totalitarismos de esa índole.
Ese concierto fue un grado cero de canción testimonial en nuestro idioma, de alguna manera.
Anticipándose a la efeméride, el catalán publicó una Antología desordenada, un ambicioso lanzamiento de disco cuádruple que viene con un libro con texto autobiográfico, fotos de época y un repertorio en dueto con doble enfoque: hay temas regrabados y otras colaboraciones compiladas tal cual fueron registradas en origen.
Semejante producción necesitaba una gira promocional acorde.
Así lo razonó Serrat y se llegó al país para afrontar un raid mediático febril. VOS tuvo la posibilidad de encontrar al artista un sábado a la mañana, en un remanso de ese frenesí y en una suite con vista a un sol elusivo en el cinco estrellas Four Seasons, de Buenos Aires.
“En las entrevistas, cuando tienes que hacer muchas, al entrevistado le queda sólo una posibilidad de no caer en un auto sopor, y es tratando de enfocar las cosas de manera distinta. Primero pasas por aquellos territorios comunes y luego hilvanas detalles que otros diálogos pasaron por alto. Cuando escribes algo autobiográfico tiras de un hilo y de él comienzan a desprenderse tantos otros. Bueno, en las entrevistas el plus está en esos otros tantos hilos, que nunca son los mismos”, reflexiona Serrat sobre el arte de contestar sin caer en el automatismo.
–El texto autobiográfico de Serrat es una tentación. Así como las bios de Ray Charles, Johnny Cash y Bob Dylan tienen momentos culmines, el máximo exponente de la canción testimonial hispanoamericana debe tener el suyo. ¿Qué aspectos de tu personalidad has exaltado?
–Te vas a desengañar porque en este camino autobiográfico hay muy poco de reflexión. La hay en realidad, pero no la que merecería un trabajo autobiográfico. Es más bien un racconto de vida y de camino, que puede detenerse en algunos personajes. Ahí da una pequeña vuelta, pero nunca llega a profundizar. El texto es como la antología, bastante desordenado. Le falta, probablemente, lo más divertido de mi vida, aquello que no tengo muchas ganas de contar, ni de publicar. Le falta mucho de lo que ha sido mi actividad política...
Ya que Serrat apunta a la cuestión política, vale observar que la edición precedente a esta antología es El símbolo y el cuate, el documental que ofrece testimonio sobre su alianza con Sabina. Joaquín es el cuate, el socio ideal para salir de parranda y demás. Y el símbolo es él, el artista que acompañó exilios, resistencias… "Habría que preguntarle al realizador por qué me eligió como símbolo y qué es lo que simbolizo. Supongo que Joaquín le cuestionará también '¿cuate de quién?' Respeto esa mirada, pero lo tomo muy entre comillas al adjetivo 'serio'".
–¿Acaso querés despojarte de toda solemnidad?
–No me resulta cómodo representar el papel de alguien que está por encima del bien y del mal. Yo estoy en el medio, dando vueltas sin parar. Meto mis pies sin problemas en el barro. Todo el tiempo. No quisiera tener nada que ver con un pontífice. En ninguna entrevista pretendo pontificar, ni marcar territorio por el sólo hecho de tener la razón. Sí pretendo poder decir lo que pienso.
–Con respecto a la antología. ¿Alguien te asesoró? ¿Hiciste un paneo por la canción popular del mercado hispano?
–Me hubiera venido bien que alguien me asesorara… Pero no, tuve que hacerlo solo. Seguramente, en este asunto tiene que ver que tampoco soy una persona fácil como para que confíe en aquello que no crea conveniente. Mi selección está basada, por encima de todo, en mi conocimiento, que asumo como limitado. Podría haber habido mucha más gente en este trabajo. Gente a la cual no llegué porque no tengo relación y no quise pasar por caminos de compañías discográficas, ni de managers que hubieran convertido a esta quijotada decididamente en otra cosa.
–¿Cómo fue el trabajo, específicamente?
–Me dediqué al duro trabajo de mandarles correos a mis amigos y a seleccionarles yo mismo qué canción podía ajustarse a sus modos. Ese gesto buscó que este álbum, si bien desordenado, lograra cierta homogeneidad. Según mi criterio, traté de aprovechar lo que valoré en cada uno de ellos. Le pedí a Silvio (Rodríguez) que hiciéramos Lucía sólo con la guitarra, porque Silvio es un extraordinario guitarrista. Estaba seguro de que conseguiríamos una versión maravillosa. Así lo hicimos y así está. No hay productores en ninguna canción. A los Les Luthiers les dije “os paso esta canción, analizadla y dime cómo la veis en una versión vuestra”. Recogieron el guante, la trabajaron… Seguimos en un intercambio en el que lo único que les pedí fue que utilizaran sus instrumentos. No quería que tuviera otra sonoridad que no fuera la que ellos lograran.
–¿Resultó?
–Quien no sepa que se trata de los instrumentos de Les Luthiers, quizás piense en secuencias y sintetizadores. Es realmente hermoso lo que lograron. Es una canción de Les Luthiers también. Así conseguí el pastaje (sic) que buscaba. Cuando hablo con Paquita la del Barrio para hacer No hago otra cosa que pensar en ti, lo primero que hago es decirle “mira Paquita, vamos a cambiar la letra; voy a escribir una adaptada a las tuyas”. Le cambié la letra y la canción ha tomado otra dimensión sin perder en absoluto el fulgor original.
El camino legal
–En el disco también está Calle 13, un grupo de verbo inflamable. ¿Qué fue lo más contestatario que has hecho en tu carrera?
–Lo mejor que podría contestarte es que Calle 13 se reconoce en mi obra. Creo que ellos van un paso por delante de lo que fue la música contestaría de los 70, 80 y 90. Van en otro paso, con otras fórmulas rítmicas, incluso literarias. No hay que olvidarse que son puertorriqueños ni que, de alguna forma, tienen muy cerca una serie de estímulos. Puertorriqueños que viven o acceden con facilidad a New York. Sin embargo, también son capaces de hacer cosas tan bellas como Hay un niño en la calle con Mercedes Sosa.
–Así como los Calle 13 ven afectado su arte por su gentilicio, vos sos catalán, natural de una región que hoy busca la autodeterminación, separarse de España. ¿Cuál es tu posición al respecto? ¿Podrán lograr plebiscitar como en Escocia?
–Ese plebiscito fue posible porque estaba previsto constitucionalmente. Fue un proceso autorizado, legalizado por la administración central del Reino Unido. En Cataluña no está previsto este tipo de proceso. Habría que modificar la Constitución, en principio. Cualquier otra cosa sería tirar por el camino del medio. Y tirar por el camino del medio, de repente, significa entrar en situación de ilegalidad. Esto, por un lado. Por otro, e independientemente de mi pensamiento al respecto, está el derecho de la gente, del pueblo, a decidir sobre su propio futuro.
–Hay temas de la antología que han sido regrabados y puestos a jugar con un nuevo enfoque, pero están aquellas colaboraciones históricas que decidiste mantenerlas tal cual fueron registradas. ¿Por qué ese gesto conservacionista?
–A Aquellas pequeñas cosas la grabé en su momento con la “Negra” Sosa, hoy muerta. Y de haberle hecho algún retoque, me hubiera gustado tener su aprobación. A Sin piedad sí que se le hizo algo. Volví a grabar cosas, reconstruí parcialmente la versión original que grabamos con Mina. Sinceramente tuyo, con María Bethania, no la he tocado en su versión original porque es estupenda. Lo mismo pensé con respecto a Pendiente de ti, con Soledad Jiménez. Luego, hay dos versiones del trabajo que hicimos con Víctor (Manuel), Ana (Belén) y Miguel Ríos, producto de grabaciones a las que considero de calidad inmejorable, más allá de las intensidades cambiantes del vivo. Y con respecto a las versiones que tienen orquesta sinfónica… Contratar una sinfónica para que repase dos versiones es algo demente teniendo en cuenta que la realidad de la venta de discos no está para esas cuestiones.
–Recién planteabas que no te gusta pontificar en la entrevistas…
–Ni en las entrevistas ni en las conversaciones cotidianas.
–OK, pero muy a tu pesar se te considera el estándar mayor de la canción de autor. Sin embargo, sos de los que no tienen conflictos con la música ligera. De hecho, tu trayectoria habla de participación en “festivales de la canción” y ahora en la antología hay varios cantantes pop: Pablo Alborán, Alejandro Sanz.
–Cuando empecé, iba con mi guitarra a cantar en las radios, iba creciendo poco a poco como artista, como compañero del resto de la gente que había por allí. Había todo tipo de música. Pero admito que desde mis orígenes es una historia con la que he tenido que bregar… En realidad ese no es ese el verbo porque no he tenido que bregar con nada. Quiero decir que mi situación natural era relacionarme con gente que hacía música, pero había un tipo que los popes de la canción seria nunca consintieron. Ellos la llamaban “canción cigarrillo”, por lo rápido que se aprehendía y consumía. Y a esos popes siempre les he observado “yo he cantado desde siempre ‘canciones cigarrillo’”. Poco me importa si se interpretan esas expresiones mías como de dudosa calidad. Dentro de la canción ligera hay artistas extraordinarios. Artistas que, cuando han tenido la oportunidad de trascender un límite, han sido extraordinarios. Mina es uno de ellos. ¿Cómo vas a acordarte de Alberto Cortez como míster Sucu Sucu después del trabajo que ha desarrollado en vida?
–Hoy, la industria del ocio nos muestra a los Stones girando cerca de los 80, a Leonard Cohen editando un disco glorioso camino a los 90 y a este Serrat exultante a los 70. ¿Pito catalán al concepto de tercera edad? ¿Pito catalán a la muerte?
–Me parece fantástico tener la posibilidad de hacer lo que estoy haciendo. Mi organismo, a pesar de las agresiones que ha recibido, responde positivamente. Además de que me acompaña la salud, también lo hace la ilusión. ¡Y me acompaña la gente! Si me faltara alguna de esas cosas, no tendría más remedio que recular y volverme a mi casa. Si fallaran la salud, la ilusión y la gente, esto se acabaría. Y espero que cuando esto ocurra (indefectiblemente ocurrirá) lo entienda del mismo modo en que lo entiendo ahora. No me voy a morir cuando esto ocurra. Seguro que tendré cerca algo que me hará entender que el paso del tiempo es algo maravilloso. Que puedo participar, expresarme y cobijarme sin que la nostalgia me cierre el paso.

