Gordon Raphael: La cultura mainstream es medio horrorosa
El norteamericano Gordon Raphael, productor clave del retro rock, pasó por Córdoba para acompañar al grupo local Paris Paris Musique. Dice que se siente un marginal de la industria, aunque no niega tener la vanidad de una estrella de rock.
Gordon Raphael es un flacucho adorable que pasó el umbral de los 50 y que ya tiene garantizado un lugar en las enciclopedias del rock gracias a sus aportes al único EP (The modern age) y a los dos primeros discos de la banda neoyorquina The Strokes (Is this it y Room on fire). Se trata de registros que no sólo reposicionaron al rock de guitarras en el arranque del nuevo siglo sino que devolvieron el foco a New York, la ciudad luz que tiene su propia alcantarilla como contrapeso y que alguna vez alumbró a The Velvet Underground y The Ramones entre una inabarcable cantidad de porciones de historia musical contemporánea.
Porque una red social todo lo acerca, y porque en Córdoba se hace con nivel el tipo de rock que a Gordon le gusta, este artista procedente de Seattle mantiene desde años una relación armónica con París París Musique, el grupo de rock bailable que el jueves presentó disco en Ciudad de las Artes.
Dada la magnitud de la cita que tenían por delante sus amigos, el también socio de Regina Spektor aprovechó que trabajaba en Curitiba (Brasil) y se hizo una escapada. No fue un invitado más: en el promedio del show, PPM hizo las veces de backing band, tal cual sucedió meses atrás durante una gira latinoamericana, y Raphael interpretó unos temas de su disco Dangling between the essentials and the decorations.
–Aceptaste la invitación de una banda del Tercer Mundo. ¿Eso te vuelve un ave rara?–Me considero un outsider de las escenas mainstream de Estados Unidos y Europa. Nunca fui parte de eso. No soy un outsider del rock o de viajar por diferentes países. No soy un outsider cuando vengo a la Argentina. Vengo seguido, me siento muy bien, me gustan algunas bandas. Acá, el rock se siente.
–Jack White graba sin computadoras para captar el momento y hace un culto de eso. ¿Estás en la misma?–Me solía preguntar "¿por qué querrías ver televisión mientras hacés música?", en relación con ver la música en una pantalla, pero en 1998 descubrí cómo grabar usando una PC y desde entonces la usé todo el tiempo. Es más rápido que la cinta. Me deja permanecer en el momento más rápido. Además, muchas de las ideas que me vienen a la cabeza las puedo desarrollar mucho mejor en una computadora que en cinta. En general, no creo que comparta muchas ideas con Jack White. No es un artista al que escuche demasiado. Jimmy Page y Jimi Hendrix son artistas que sí. Él no.
–Tu trabajo explotó en Nueva York pero procedés de Seattle, una escena que en los '90 trastocó todo. ¿Cuál era tu rol en ella?–Viví en Seattle en los '70 y '80. Tocaba con mis bandas en esa época y no pasaba nada. Entonces en los '90 me mudé a Los Ángeles. Y ahí fue cuando Seattle despegó. Así que me volví de nuevo corriendo a ser parte de mi ciudad. Por suerte, entré al grupo Sky Cries Mary y nos fichó un sello, tocamos, hicimos discos. Además, hacía mi música. Fue una gran época. Los '90 en Seattle fueron muy buenos para mí.
Algo maravilloso
–Mientras hacías “Is this it” de The Strokes, ¿imaginabas que iba a convertirse en un suceso?
–Antes de ese disco, hice el EP
The modern age
, que se suponía que iba a ser un demo. Nunca imaginé que se iban a hacer famosos ni que alguien escuchara esos demos. Pero cuando ese material tuvo recepción, algo pasó en Estados Unidos e Inglaterra con The Strokes; entonces supimos que algo maravilloso concebíamos. Fue muy emocionante, algo que nunca habíamos experimentado. Venía gente del sello y también la prensa al estudio…
–El cantante Julian Casablancas contó que los Strokes te bancaron incluso cuando el sello quería a un productor con pergaminos. ¿Valorás ese gesto?–La actitud de los Strokes siempre fue monumental y fantástica. Me dieron la oportunidad de producirlos cuando nunca había vendido un disco. Y aun así les gustaba el sonido que hacía. Dos sellos intentaron echarme de ese trabajo, nunca quisieron que yo estuviera ahí, pero los Strokes me defendieron. De hecho, sale una foto mía en el disco, lo cual me ayudó a volverme conocido. No muchos productores tienen su foto en el álbum.
–¿Estás en contacto con ellos?–Estuve con ellos hace dos semanas en Nueva York. Hacía mucho que no los veía, cinco años, más o menos. Fue hermoso, algo muy amistoso. Espero que pueda volver a grabar con ellos.
–Vivís en Berlín–Mi departamento queda en Berlín, pero casi nunca estoy. Me la paso de gira...
–¿Por qué Berlín?–Porque cuando me mudé, en 2005, podía conseguir un departamento de siete habitaciones, con techos altos y en el centro, por 8 mil dólares. En Nueva York vivía en un departamento de una habitación por 3 mil dólares. Entonces pensé que sería más inteligente vivir en un departamento más grande como el de Berlín. Además, quería estar en Europa. Ya había vivido en Inglaterra, y quería estar en Alemania, por su arte y música.
–¿Cómo es un día en tu vida?–Algunos días me levanto y me paso tres horas navegando por Internet, después voy al estudio a trabajar ocho horas y, al volver a casa, me paso otras tres horas en Internet. Otros días abro mi iPhone y me encuentro con el mail de alguna banda de Argentina, México, Seattle o California en el que me invita a trabajar con ella. Y entonces me vienen ideas nuevas a la cabeza. Otros días ensayo con mi banda en Buenos Aires. Esos días son fantásticos.
–Se puede ser un "outsider" y tener la vanidad de una estrella de rock. ¿Adherís?–No quiero ser un outsider, pero odio muchas cosas de la cultura mainstream. No me gusta la industria alimenticia, la forma en que come la mayoría, ni la industria medicinal, ni la literatura ni el arte masivos. El mainstream es medio horroroso. Controla ovejas… No tiene demasiado para ofrecerme. Pero en cada país hay gente inteligente e inspiradora. Soy un outsider de la cultura mainstream, sin duda, pero soy un insider de la raza humana. Trato de hacer lo mejor para un mundo mejor. Y sí, tengo la vanidad y el ego de una estrella de rock. Y lo tuve desde los 13. Me sirvió ser así.
–¿Qué productores te gustan?–Me gusta el trabajo de Tony Visconti con David Bowie, el de Jimmy Page con Zeppelin, el de Chas Chandler con Jimi Hendrix y el de George Martin con los Beatles.
–¿Cómo documentaste el piano de Regina Spektor? ¿Es difícil tomar un piano?–No, pero fue un desafío. Quería hacer un disco en el que una chica cantara y tocara el piano y, a la vez, que no sonara parecido a nada similar del estilo. Usé la actitud del punk rock, la misma que usé con los Strokes: muy viva, con muchas texturas atípicas de la atmósfera. Por ejemplo, micrófonos extra para captar ruidos del lugar. Un gran piano grabado en un amplificador Fender de guitarra o a través de un Leslie. Usé pre amps para su voz, fue divertido grabar a Regina Spektor. Una de las experiencias más interesantes que me tocó vivir.

