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A corazón abierto: cómo fue el recital de Fito Páez en Córdoba

Fito Páez presentó Yo te amo en la Plaza de la Música, pero también dio lugar a sus grandes clásicos en un concierto que se extendió por más de dos horas.

10 de agosto de 2014 a las 01:20 p. m.
A corazón abierto: cómo fue el recital de Fito Páez en Córdoba
El show de Páez estuvo dividido en tres secciones, una de ellas dedicada enteramente a su último disco (foto: Sergio Cejas).

Si redujéramos el análisis a sus discos, podría decirse que Fito Páez está en un momento de transición. Su último álbum lleva por título Yo te amo y su portada lo muestra acompañado por una tipografía de un alegre color fucsia, pero es inminente la edición de Rock and Roll Revolution, cuya tapa tiene la fotografía de un Charly García desafiante. El primer corte de difusión, una canción con el mismo título, es un rock que se sostiene por un riff potente y una letra que, dicho en criollo, pasa factura. ¿Con qué Fito podía encontrarse uno el viernes por la noche en la Plaza de la Música?

"Qué quilombo se armó en Twitter hoy", dijo Páez después de arrancar con Naturaleza Sangre, primer canción de una lista de 27, al referirse a las frases picantes que publicó en la red social su expareja Julia Mengolini. Luego el músico defendió la libertad de expresión de cada quien y continuó con un recital eléctrico y expansivo, de buen humor y con una energía contagiosa que no abandonó en las más de dos horas de concierto.

El show estuvo dividido en tres secciones. La primera fue breve y sirvió para calentar al público y a la banda con canciones como 11 y 6, El chico de la tapa y Llueve sobre mojado. Allí Páez lució un saco brilloso de lentejuelas y unos lentes oscuros de porte lennoniano, el primero de sus varios cambios de vestuario, que alternó el look extravagante con la elegancia.

La segunda parte estuvo dedicada a Yo te amo, que interpretaron completo y en su orden original: desde la canción que da título al álbum, un synthpop alegre y canchero, hasta piezas como Margarita o La canción del soldado y Rosita Pazos, bellísimas por razones muy diferentes, prácticamente antagónicas: mientras la primera es una oda a la hija del artista, la segunda es una sentida elegía a los soldados argentinos de Malvinas.

Para ese fragmento del espectáculo, Páez estuvo vestido con un traje rosa que hacía juego con los detalles en los bordes del piano de cola y los amplificadores, evidentemente inspirados en la estética visual del disco, un trabajo que el público cordobés recibió de forma respetuosa pero sin la euforia que más tarde, ya en la tercera entrada al escenario de Fito y su precisa y poderosa backing band, iban a provocar sus clásicos inoxidables, canciones que llevan su buen tiempo en el inconsciente colectivo argentino, como El amor después del amor o La rueda mágica.

No sonó Rock and Roll Revolution, pero hubo algo parecido a un spoiler: antes de presentar Nadie como ella (la historia de una pareja de dealers incluida en Yo te amo), Páez adelantó que su nuevo disco incluirá la segunda parte de aquella canción, y será una trama de venganza.