La odisea del Teatro Griego
El predio para espectáculos del Parque Sarmiento es uno de los más reinaugurados en la última década. Una historia de esplendor, promesas y mentiras. Postales inolvidables.
Prometeo robó el fuego de los dioses y se lo dio a los mortales. Zeus, enojadísimo, lo encadenó a una piedra para que un águila le comiera el hígado: como era inmortal y su cuerpo se regeneraba, todos los días debía sufrir el mismo tormento.
El Teatro Griego, castigado por la desidia de los hombres, sufre desde hace más de una larga década una tortura similar: cada tantos años, se reinaugura y se olvida, se reinaugura y se olvida, se amaga a reinaugurar y se olvida, se olvida, se olvida. Allí está, perdido en el mismo parque en el que celebró en febrero su cumpleaños número 80, como un jubilado que sobrevivió con el 82 por ciento inmóvil.
“Está claro que el Griego se disfrutará a pleno en el verano de 2009”, aventuraba en 2008 el entonces intendente Daniel Giacomino, y después de algunas bandas y varios compases lo volvieron a hacer sonar. O callar.
Germán Kammerath, que lo cerró en 2001 con la idea de realizar un ambicioso proyecto (no hay que olvidar otros de su autoría, como el Museo Nacional de Bellas Artes que duró una inauguración y volvió a las ruinas en la zona del exAbasto), fue el padre de la despedida. El proyecto majestuoso preveía ampliar la capacidad en 300 personas, mejorar el escenario, foso de orquesta, palco de plateas, gradas, boleterías y sanitarios, además de la construcción de camarines, depósito de escenografía, nueva pérgola, hall de ingreso y áreas técnicas para audio e iluminación. Más que mitología, parece una lección de mitomanía: dijo el intendente que la obra se haría en seis meses... y ya pasaron 132.
80 añosEl Teatro que se inauguró el 17 de febrero de 1932, promocionado como único en su tipo en América, con gradas de césped y capacidad para 2.500 personas, que se construyó siguiendo los planos del director general de Parques y Paseos Felipe Bellini para aprovechar los desniveles de las barrancas cercanas al zoológico –como recuerda el centenario Efraín U. Bischoff en Historia de los barrios de Córdoba–,pasó buena parte de la última década y media entre musgo y yuyos, escombros y viejos recuerdos, promesas vacías y palabras inútiles.
La primera apertura se realizó con la presentación del coro del Teatro Colón de Buenos Aires junto con la Banda de Música de la Provincia; la segunda, una década más tarde, y luego de que se construyeran las gradas de cemento durante el gobierno de Amadeo Sabattini (1936–1940), fue con el coro provincial Delfino Quirici, de Río Cuarto. Desde esos años, el lugar vería florecer innumerables propuestas, con picos de esplendor en las décadas de 1980 y 1990, plenas de muchas bandas de rock y pop local que compartían ese escenario con visitantes ilustres como Sumo, Los Fabulosos Cadillacs, Rafael, Los Trovadores o el Cuchi Leguizamón (en el Chacarerazo), entre otros inolvidables.
Con Luis Juez en la intendencia, el director de estudios y proyectos del municipio Pedro Campana, dijo en febrero de 2006 que se retomarían los trabajos: “No es la megaobra proyectada años atrás, pero es la que estamos en condiciones de hacer”. Parecía mucho más realista, pero tampoco se hizo realidad.
En abril de 2008, con Giacomino como intendente, reabrió otra vez. La fiesta incluyó varios DJ, bandas municipales, el cierre de Los Modernos, y promesas de muchos eventos para el invierno, con espectáculos para chicos durante las siestas de los fines de semana y una apertura de temporada para la primavera de ese año. Primavera que nunca floreció. Otra vez, al pobre Griego le comieron el hígado.
A contramano de una plaza para espectáculos que crece, que sufre la ausencia de escenarios y salas (vaya desde aquí el recuerdo para el Teatro Comedia, que vive su propia tragedia griega), el Parque Sarmiento dejó dormido y abandonado uno de los lugares más bellos y más queridos por los cordobeses para ver espectáculos. Este viernes y sábado, con el Griego Rock hay tiempo de revancha.
A Prometeo, después de tanto suplicio y tanto dolor, lo salvó Hércules de la tortura eterna. Ojalá que la historia del Teatro Griego deje este fin de semana la tragedia, para rescribir una divina comedia.

