Miradas opuestas a Fito Páez
Dos opiniones diferentes acerca de las polémicas palabras de Fito Páez tras las elecciones porteñas.
Habló con el corazón y no con la cabezaPor Daniel SantosFito es explosivo. Muchas veces dejó que el corazón le explote antes que la cabeza. En ese contexto, su frase del domingo pasado se entiende mejor; por eso, también, su bastante reciente polémica internacional con Ricardo Arjona; y por eso mismo la intensa letra de Ciudad de pobres corazones, dedicada a su Rosario natal, u otras de su repertorio. Fito es un artista, un referente del pop y del rock argentino, y, como tal, un provocador. ¿Debe cuidarse de decir lo que piensa por miedo a lo que piensen de él? ¿No es mejor así, de frente y no de espaldas, como muchos otros que se esconden para gustar a las mayorías?La descalificación hacia los votantes de Buenos Aires por haber elegido a Mauricio Macri le costó caro, aunque su frase fuera consecuente con su posición ideológica hecha pública desde siempre (matizada un poco en la década de 1990, la más exitosa de su carrera). Fito dice lo que piensa, sin medir las consecuencias ni hacer caso a "el tiempo me ha enseñado a mirar, a veces me ha enseñado a callar" de Cadáver exquisito, grabado allá por el lejano 1996.Esa incontinencia lo ha convertido en una figura irrepetible de la música argentina, porque de sus noches de furia y euforia (como las del domingo) nacieron letras que quedarán para siempre. Fito dijo lo que muchos piensan y lo que muchos pensarían desde cualquier lado del universo político –no es tema de izquierdas o de derechas–: habló como artista, no como político en campaña con calculadoras. Y como artista, lo hizo sin pensar en los fans que puede perder. Eso ya vale para celebrar. Sacarse el diablo del corazónPor Pablo LeitesDejemos de lado las obviedades, por favor. Obviedad uno: Fito Páez está en su derecho de opinar lo que quiera sobre lo que quiera, como cualquier hijo de vecino. Obviedad dos: objetar algo en su modo de criticar es "hacerle el juego a la derecha". En primer lugar por ser una verdad a medias. Páez no es cualquier hijo de vecino, es uno de los artistas más reconocidos en el rock nacional, y aún así puede opinar, pero atenerse a lo que provoque. Y en segundo porque los maniqueísmos no tienen tendencia. Fito fue, es y será una referencia estética, pero por si a alguien no le quedaba claro, tomó la arriesgada (audaz no es sinónimo de valiente) decisión de explicitar cuál es su vereda política en la arena democrática de una Buenos Aires con la que siempre mantuvo una relación de odio-amor, declarados mejor que nunca en El diablo en tu corazón. Es en la letra que arranca con "Hey, qué te pasa Buenos Aires" donde más y mejor asoma su conflicto con la Ciudad Autónoma, y tal vez sea eso todo lo que hay que entender. Romper de un mazazo el juego de cristales de la (i)realidad poética hace ruido, no el peso ni la fuerza del movimiento.Si a Rodolfo se le hubiese ocurrido cantar ese tema en un show y dedicarlo "a la mitad de Buenos Aires que votó a Macri, que me da asco", hubiera sido más digerible y habría generado más adhesiones. Pero eligió poner el cuello y bancarse lo que viniera, incluso la crítica más chata y de sentido común: sea del color que sea, si uno acepta la democracia, lo hace desde el lugar que le toque, sea mayoría o minoría. Fito, no es con Buenos Aires, es con vos.

