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Miradas opuestas a la excéntrica Nicki Minaj

Dos opiniones sobre esta nueva aparción en el mundo del pop. ¿A vos qué te parece?

25 de noviembre de 2012 a las 12:01 a. m.
Miradas opuestas a la excéntrica Nicki Minaj

A favor: Ella tiene un look, y algo másPor Germán ArrascaetaRara vez se le da crédito a la desmesura. Entonces, pocos toman en serio a las ambiciosas chicas del pop que tensan los "deber ser" del look imperante y se ríen de las infinitas posibilidades del photoshop. La rapera Nicki Minaj, nacida en Trinidad pero crecida en Queens, Nueva York, ha extremado las posibilidades de enrarecerse desde una plataforma technicolor. Caderona, pechugona (muy), pestañas gigantes y labios de churrasco. Tales los rasgos de una freak que, además, tiene el flow de un roedor. Por lo general, a la hora de referirse a Nicki, su aspecto inhibe los análisis de su obra.

Pero algún día habrá que prestar un oído a esta muchacha que suena en todos lados pero que se la tiene sólo por cómo luce. ¿Suena en todos lados? Sí, Nicki Minaj ha enriquecido tracks de la aristocracia masculina del hip hop contemporáneo: Ludacris, Lil Wayne (su mentor), Kanye West y Drake. Y ahora en su nuevo disco solista, Pink friday: Roman reloaded, te entrega una buena síntesis de rimas maleducadas y producción vanguardista, además de desenfadados bombazos pisteros como Whip it, que seguramente peleará con alguna versión de cumbia canchera la posibilidad de subirse al trono de la "canción del verano".

Como sea, el plus de Nicki es el de la aparentemente inofensiva diva pop. Mientras vos creés que tu nena/e bailotea música irrelevante de una negra muy fuera de los patrones de las panteras r&b, Nicki siembra semilla de maldad, perturba; inocula un venenito sobre sexualidad desbordante, tomar las riendas, no dejarse atropellar.

Junto a Lady Gaga, Nicki Minaj dominará la música pop de los próximos 20 años, al tiempo que vos dirás "la semana que viene nadie más hablará de esta chica".

En contra: La pose en cuestiónPor Rodrigo RojasLa calidad musical, vocal e interpretativa de Nicki Minaj es indiscutible. Y, sin duda, la carrera ascendente de la rapera la lleva camino a convertirse en un de las próximas divas globales del pop.

Pero, a veces, cuando la exhibición o el excentricismo se manifiestan tan sólo como provocación pueden ocasionar en el público un efecto adverso y dividir las aguas entre fieles incondicionales y detractores de la pose en cuestión. Y no se trata de tomar una postura caprichosa por estar más o menos a favor del vestuario osado y estridentemente flúo que Minaj muestra en cada aparición. Eso sería lo de menos.

Nicki Minaj se encarga solita de impulsar a la gente a tomar posición y dividir a sus devotos. Que en su último trabajo, y de cara a las elecciones presidenciales en Estados Unidos, por ejemplo, cante: “Soy una republicana que votará a Mitt Romney. Ustedes, putos vagos, están jodiendo la economía”, motivó una polémica intensa (¿habrá sido acaso lo que ella buscaba?). Los foros y las redes se plagaron de explicaciones, aunque nunca quedó despejada la duda: ¿se trataba de una declaración de principios o de una ironía oportunista?

Minaj lo lleva al límite siempre, cuando juega con su ambigüedad sexual o cuando, en el escenario de los premios Grammy, lleva a un clon del Papa para que le realizase un exorcismo.

Y eso nada tiene que ver con la bajada de línea que muchos artistas intentan sembrar en sus oyentes, parece que Minaj provoca para garantizarse simplemente la portada de turno.