Miradas opuestas a David Guetta
Dos opiniones sobre el popular dee jay y productor francés tan de moda por estos días.
El dee jay fiestero se pone experimentalGermán [email protected] grandes movidas de marketing, además de su rasgo expresivo distintivo (repetir como un mantra el teclazo de un sintetizador hasta constituirlo en motivo melódico), convirtieron a David Guetta en un blanco fácil para la crítica mordaz. En algún punto es compresible, el dee jay y productor francés luce canchero y sobrador. Además, a primera escucha su música resulta de lo más inductiva, por cuanto transporta al bailarín a un paraíso artificial en el que, aparentemente, no entran los matices ni los subtextos. Nada más reñido con la "música de baile inteligente" que Guetta. Aun así, ¿cuál sería el problema? ¿Cuál es el pecado en galvanizar al hedonismo?
Los dardos a Guetta fueron disparados porque su disco anterior, One love, fue presentado ante la prensa en un vuelo París - Ibiza con set a bordo, y encontró su lugar en el Olimpo al contar su autor con una gran capacidad para optimizar colaboraciones. Pero lo sagaz y superfluo no quita lo jugado, señores. Eso parece querer comunicar Guetta en el reciente Nothing but the beat, un doble que cuenta con un disco de tracks formales (Vocal álbum, que resuena a repetición de fórmula, hay que conceder) y otro pleno de experimentales (Electronic álbum). Lo de "experimentales" no es una coartada semántica para referirse a temas "instrumentales", por cuanto allí Guetta se muestra con espalda suficiente para ponerse psicodélico, o propulsar sonoridades vintage con graves asesinos. Esa mitad revela que el rubio es mucho más que un mero pinchadiscos obsesionado con la noción de "fiesta".
Una fórmula reiterada hasta el infinitoJosé [email protected] años, ejecutivos y cazatalentos de los sellos han intentado crear una máquina de hits. Pero esa máquina ya existe: David Guetta. Todo aquel que aspire a que su música llegue a una pista de baile, sabe que el atajo más seguro pasa por aliarse a este dee jay que convierte en un éxito global todo lo que toca. Pero su alquimia es engañosa. Su magia no transforma las cosas en oro, sino en algo más parecido a una joya falsa. Un ligero acercamiento al objeto (un track) nos permite descubrir las grietas, una fórmula reiterada hasta el infinito: una base sintetizada con hincapié en el bombo en negra. A diferencia de otros productores cool y exitosos, que saben exprimir los talentos con los que trabajan (Timbaland, Ronson, Flood), Guetta estandariza los tracks, los vuelve efectistas. Funciona. Pero a fuerza de repeticiones, el mago corre el riesgo de que le descubran el truco.
El mundo clubber le debe a Guetta el haber dado al house el lugar de privilegio que ocupa hoy. La contracara de esta victoria del dance es que se la asocie al cliché, algo que el francés se encarga de acercar cada vez más y más: residencia y estudio de grabación en Ibiza, clips donde siempre hay fiesta y chicas lindas, shows en estadios de fútbol con un público devoto. Después de las camperas de cuero, deben ser los lugares comunes más difundidos de la música popular. En su más reciente trabajo, el doble Nothing but the beat, el dee jay quiere demostrar que es algo más que un colaborador y por eso se anima a un álbum de instrumentales. Así deja claro que, sin conejos en la galera, el truco recibe menos aplausos.

