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Miguel Mateos en Córdoba: El gran entretenedor nunca defrauda

El cantautor presentó su nuevo disco, La alegría ha vuelto a la ciudad en La Plaza de La Música. El show fue extenso, emotivo y contó una asistencia de mil personas.

27 de septiembre de 2013 a las 11:56 a. m.
Santiago Ramos. Especial
Miguel Mateos en Córdoba: El gran entretenedor nunca defrauda
Mucho de satisfacción. Como siempre, Miguel Mateos regocijó a sus fans tocando temas de todas las épocas.

Justo en el horario cercano al concierto de Miguel Mateos, ofrecido el jueves por la noche y en La Plaza de la Música, la desconcentración vehicular del microcentro fue caótica. Ese periplo, que consistió  en conseguir  transporte, sortear el corte de calle en el punto neurálgico de la ciudad y esquivar el tránsito, tuvo su contrapunto en la llegada al lugar indicado. Allí, una alfombra roja le dio la bienvenida a cada espectador; y así, éste pudo sentarse cómodamente en las butacas, mientras Swing Dedos, el grupo telonero, deleitaba con valses criollos y tangos.

Las condiciones eran inmejorables para que el público cautivo de Mateos, compuesto en su mayoría por adultos, matara la ansiedad de cara a un nuevo regocijo en forma de show.

A la 22, se apagaron las luces y se encendió la pantalla rectangular de fondo de escena con imágenes que mixturaron el planeta Tierra con el símbolo del Yin Yang. Ese preludio dio paso a la guitarra distorsionada de Loco, tema que le permitió a Mateos, vestido de elegante saco, detonar su interpretación enjundiosa y demostrar que su garganta sigue intacta.

De esta manera, y con el apoyo de una banda en estado de gracia, dio repaso a ocho de los 14 temas de su nuevo álbum La alegría ha vuelto a la ciudad, sumado a clásicos inoxidables. Fue así que hizo valer su condición carismática y antes de cada canción hizo chistes y dio algunas explicaciones.  Por ejemplo, en Solo amor citó a las novelas de Adrián Suar como musas, mientras que en Darlin comentó que se había imaginado un diálogo entre Lennon y Yoko Ono. En sincro con esa revelación,  la pantalla mostró la imagen de ambos. Con esos recursos retóricos Miguel resumió la temática amorosa que plantea su nueva criatura.

Entre los clásicos se destacaron Tengo que parar, en plan new wave/ska y con cita a The Beatles; Mi sombra, con su característico sonido bailable ochentoso, que levantó al público de sus butacas; y la emoción de Mundo feliz.  Del La alegría…, las más festejadas fueron Un Yin para un Yang, en estilo canción balada, y el rock furioso de temática social, Wonderland.  "Es un momento interesante del país, el que se va se pierde de muchas cosas", sentenció por entonces.

Entre los estupendos solos de guitarras que intercambiaron Ariel Pozo y Roli Ureta, el virtuosismo de Nano Novello en las teclas, y la base de bajo/ batería propinada por Allan Ballan y Alejandro Mateos, el concierto fue llegando a su punto G.

Párrafo aparte para la gran puesta escénica con numerosos videos, pirotecnia artificial, y luces acordes a cada canción.

Ni hablar de cómo predispusieron al público todos esos condimentos al cierre, cuando Mateos ametralló con clásicos de la estatura Un poco de satisfacción, Sólo una noche más, y Tira para arriba. La alegría, efectivamente, había vuelto a la ciudad.

En fin, el de Mateos fue un concierto de gran calidad y con extenso repertorio, muy a  tono con otra de sus confesiones en escena: “Debo seguir desafiando mis estructuras y mis propias limitaciones”. Quedó claro que el desafío fue superado con creces y mucha categoría.