INXS en Córdoba: Esa vieja sensación
En un Espacio Quality con muy buen marco de público, INXS deslumbró con un show repleto de sus grandes éxitos. Fue el domingo por la noche. Crónica y fotos.
Pese a su extensa carrera, algunas decisiones tomadas por INXS en los últimos años han hecho que el grupo todavía deba justificar su imagen.
Cada nuevo show supone el desafío de mostrarle al público que se está frente a una parte significativa de la historia del pop. Viene pagando ese precio luego de la experiencia reality show para elegir nuevo cantante, decisión muy cuestionada en su momento. Según relatan sus mismos integrantes, Cirian Gribbin, el actual vocalista de la banda, el mismo que estuvo en el escenario el domingo por la noche en el Espacio Quality, fue descubierto de una forma mucho más natural (y rockera): en una fiesta en la playa. Y esa naturalidad se nota en los conciertos.
En su espectáculo en Córdoba, INXS se encargó de dejar las cosas en claro: no sólo es una banda de sonido apta para las FM apuntadas al adulto contemporáneo, sino que también es un grupo de rock con el oficio intacto y una entrega que resulta conmovedora. Puede que en sus canciones se filtre alguna base programada, pero el resto es potencia valvular y actitud. Un show prolijo pero caliente, lleno de hits pero con lugar para alguna que otra sorpresa.
El recital comenzó media hora más tarde de lo programado, a las 22.30, a raíz de algunos problemas de electricidad en los equipos, lo que hizo retrasar la apertura de puertas. Pero una vez que arrancó, el set de los australianos no dio respiro, cautivando a un Quality que dejó poquísimas butacas libres.
El comienzo fue arrollador: entre las primeras cinco canciones estaban Mistify, la potente Heaven sent y Suicide blonde, que contó con esa inconfundible intro de armónica y un contrapunto vocal sexy entre Gribbin y una de las coristas (que era rubia, por supuesto). La lista de temas continuó de forma explosiva, para el goce completo de la gente en las plateas, que a esa altura ya había abandonado la comodidad de las butacas para ponerse a saltar. La primera parte del show también contempló Taste it, Dissapear, la más calma Not enough time, By my side y Listen like thieves.
Las guitarras de Tim Farris y Kirk Pengilly se entiendieron a la perfección, con sus bases funky y cristalinas, y el tándem conformado por Jon Farris (batería) y Garry Beers (bajo) llevaron el ritmo con un groove cadencioso y preciso. Andrew Farris, por su parte, alterna entre la guitarra acústica y los teclados, siempre atento a los pequeños arreglos. Se los notó de buen humor (regalaron púas a lo loco) y con buena energía en las casi dos horas de espectáculo.
La gran incógnita era conocer el desempeño de Gribbin, al que le toca una tarea incómoda, ocupar un puesto irreemplazable. Pero el irlandés no sólo no defraudó, sino que respondió con creces. Presentó un manejo vocal impecable, una presencia magnética sobre las tablas y tuvo muy buena onda con el público, algo que siempre se agradece. Tan cómodo se lo vio, que al momento de Original sin, Gribbin apareció sorpresivamente entre medio del público, como un fan más.
De hecho, en un momento del recital, Gribbin destacó que siempre fue un gran admirador de INXS. Dijo que la que pasó había sido la mejor semana de su vida, que creció viendo a la banda en MTV y tocando sus canciones en la guitarra. Y para que la cosa fuera completa, no olvidó nombrar al gran Michael Hutchence, un gesto que derivó en ovación. Sus palabras funcionaron como preámbulo para Tinny summer, la primera canción que escribió junto a Tim Farris.
Su voz alcanza incluso los registros graves de las canciones, que no sufrieron modificaciones en lo musical, salvo pequeñas excepciones, como un tiempo más veloz y un ligero cambio melódico en Beautiful girl, que como casi todas lleva la impronta Hutchence en la memoria.
Luego del momento emotivo, le llegó el tiempo a la nostalgia, con otra seguidilla de hits: Bitter tears, Need you tonight, New sensation y una ochentosa que generó varios aprietes en las parejitas, Never tear us apart.
Para los bises quedó What you need, que contó con la Drum Opera de Jon Farris como introducción, y Don't change. Con el público ya en el bolsillo, Gribbin apareció con una camiseta argentina y no dejó de repetir sus "gracias Córdoba" y "los amo". El cantante parece haber cumplido el sueño de tocar con su banda favorita. La pasa bien y lo transmite al resto, fabricando un clima ideal para vivir esas viejas sensaciones, pero bien en el presente.

