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Hercules and Love Affair en Argentina: El baile de la victoria

Hercules & Love Affair brindó un show exquisitamente revisionista en Buenos Aires, entre el pop electrónico de talentos vocales y la explosión encandilada de un DJ set. VOS estuvo ahí.

06 de octubre de 2011 a las 12:16 p. m.
Hercules and Love Affair en Argentina: El baile de la victoria

Sí, era miércoles, pero eso no significó impedimento alguno para que una destacada concurrencia asistiera a Niceto Club en Buenos Aires con el fin de ver (con ritmo dance) a la renovada troupe de Hercules & Love Affair en acción, distinta desde aquél debut que sacudió todo hace unos años de mano de la visionaria Blind. En realidad, el desafío de Blue songs (segundo y más reciente disco del grupo) pasaba por reemplazar la enorme voz de Antony Hegarty; en las tablas, esa ausencia de protagonismo del que adolece la obra muta en democracia afiebrada y divertida, con el triplete vocal integrado por Shaun Wright, Aerea Negrot y Kim Ann Foxman interactuando de maravillas.

A decir verdad, fue Negrot (vestida de un brillante azul) la que tomó la posta en el micrófono la mayoría de las veces, haciendo gala de una extrovertida potencia lírica que en el contexto de esa noche italo disco se volvía de a ratos caricaturesca, aunque siempre encantadora. Pero sus dos alfiles tampoco se quedaron atrás: al voluminoso Wright le tocó deslumbrar en el motown Falling, y la pequeña Kim Ann Foxman sedujo a todos con su carisma oculto en la bellísima y sombría Athene.

Atrás, en fila de dos y rodeados de varias botellas de agua mineral, formaban Andy Butler y el productor Mark Pistel junto a sus sintetizadores; lo suyo fue prácticamente un DJ set (y una lección) de minimal, house y música disco, haciendo enganches y elevando o aminorando el estallido del beat allí donde la situación lo requería. La maestría revisionista de Butler hizo de Niceto un club bailable de una época sin tiempo, clásica como los frisos griegos de sus álbumes.

Con el pálido pero hipertatuado torso ya al desnudo a mitad del show, el DJ estadounidense exhibía el control festivo: el público había caído en el hechizo. Sólo faltó que todo siguiera su curso, con un repertorio decididamente bien arriba que entregó hacia el final Step up, My house, Blind, I can´t wait (con explosión raver) y You Belong, en un show muy disfrutable que duró menos de dos horas pero reunió varias décadas de fulgor pistero. Hacia el final, todos contentos.