"La gente no tiene ningún prejuicio sobre mí"
Pedro Aznar ofrecerá un espectáculo íntimo, ‘Mil noches y un instante’, con canciones suyas y de terceros cercanos. Aquí, entre otras cosas, va al hueso de esa oferta y confiesa no haberse resignado a perder a Spinetta y Mercedes Sosa.
Pedro Aznar agitó la plaza Córdoba al anunciar que venía con su espectáculo "Mil noches y un instante", en el que interpreta canciones de terceros que lo afectaron y otras claves de su propia obra con la sola compañía de una acústica y, eventualmente, de su bajo fretless.
Apenas programó su primer Libertador para el jueves 29 de agosto, el ex Serú Girán agotó la taquilla, por lo que tuvo que sumar una función en nuestro máximo coliseo cultural para el viernes 30. Como la demanda de entradas no atenuó su ritmo, el músico debió sumar una nueva para el sábado 31, aunque en ese caso para el Teatro Luxor de Villa Carlos Paz.
Así las cosas, en todo habita una contradicción: cuanto más íntimo es el marco que Pedro Aznar le quiere dar a su ofrenda, más aceptación genera. De todos modos, se sabe que estamos ante un músico con talento y oficio suficientes como para imponer las condiciones climáticas de aprehensión. “Las canciones hablan por sí solas. La elección del repertorio y su secuencia (el orden de las canciones) tienen que funcionar bien para contar una historia, darle espacio al oyente a la reflexión, la sorpresa, la emoción y la alegría en momentos bien ubicados”, dice Aznar vía correo electrónico acerca de su estrategia para captar la atención del espectador y sumirlo en un trip de ensueño.
“Cuando un show está bien armado, el espectáculo te lleva, no hay que recurrir a casi nada más. ‘Mil noches y un instante’ se completa con imágenes en video muy cuidadosamente guionadas y elegidas, que ayudan a meterte en la narrativa de cada canción”, completa.
En el resto del intercambio con VOS, Pedro intenta fundamentar lo que se apuntaba arriba, su buena pegada en esta plaza, y confiesa no haberse resignado a la pérdida de Luis Alberto Spinetta y Mercedes Sosa. Eso, entre otras cosas.
De hecho, la entrevista comenzó con un alusión a una crítica reciente, en la que además de elogiarlo por romper barreras, refiere a su condición de multiinstrumentista que le ganó al prejuicio de músico virtuoso para pocos para abrazar con autoridad a la música popular. ¿Habrá sentido Pedro ese apriorismo por parta de la gente? ¿O acaso cree que es un lugar común al que aluden periodistas y críticos? “Hoy en día, la gente no tiene ningún prejuicio sobre mí, eso le había quedado a algunos críticos que no se habían tomado el trabajo de escuchar por dónde andaba mi música actualmente”, interpreta.
Y sigue: “Tengo la felicidad de tener un público que crece día a día, y que incluye a gente de todas las edades y todos los estilos, con una apertura enorme y una disposición amorosa y entregada a lo que yo tenga para decir. ¡Es una bendición!”
–¿No tiene un nivel “salieri” la instancia interpretación? Quiero decir, cuando cantás temas de terceros que te conmovieron, ¿no suelen desdibujarse los límites de la propiedad intelectual? ¿No te pertenecen en un punto?
–No, no me “pertenecen” en el sentido cabal de la propiedad autoral. Pero la interpretación aporta elementos muy personales del artista que es vehículo de la obra de otro. Es un arte que en el mundo del rock ha estado injustamente desvalorizado. Yo tomo mi referencia de Mercedes Sosa. Ella llevó la interpretación al nivel de la recreación. Cuando siento que puedo aportar algo único a una obra de otro autor, hago una versión. Si no tengo tanta confianza en el resultado, entonces ni lo intento.
Ausencias presentes
Beatles, Spinetta, folklore. La información acerca de ‘Mil noches y un instante’ dice que se basa en esos tres ejes. Beatles es la música que convirtió a Aznar en músico; Luis es un contemporáneo insoslayable con el que, además, el ex Serú ha compartido escenarios y discos; y el folklore es algo que ha indagado en su discografía con gesto autónomo.
Ahora bien, ¿en qué momento de su vida apareció la música de raíz nativa como cortina, inspiración o lo que sea? “En realidad, falta mencionar una cuarta parte, que es mi propia obra, en la que incluyo varios estrenos”, avisa sobre el espectáculo de inminente llegada. Luego contesta: “El folklore está presente en mi vida desde muy temprano. Ya con Madre Atómica, a los 15 años de edad, experimentábamos con fusión de ritmos folklóricos y aires de música ciudadana. Pero el gran catalizador de la música de raíz en mi vida fue el encuentro, decisivo y revolucionario, con Leda Valladares y su visión del canto andino”.
Aznar se ha visto obligado a sumar funciones en épocas en las que en Córdoba los shows pelean duro para sumar audiencia. ¿Cómo fundamenta la fidelidad de su público? ¿Su caso sirve para confirmar que el arte, con perseverancia, se termina imponiendo? “Supongo que sí _responde sin falsa modestia_. Me siento muy honrado y feliz. Como comentaba antes, tengo la alegría de contar con un público excepcional, toda vez que salgo al escenario siento una conexión muy profunda, y una escucha respetuosa y entusiasmada. ¡Y cada vez se suma más gente!”.
–“La soledad es un amigo que no está...”, dice "Tema de Pototo", del repertorio de Spinetta ¿Asumiste la pérdida de Luis? ¿Ya te ha alcanzado la resignación?
–No. No termino de procesar su ausencia. Tampoco la de Mercedes. Siguen presentes en mi corazón como siempre. Y no se van a ir. Lo que se ha hecho un poco más manso con el tiempo es la tristeza de no poder volver a hablar con ellos.
–¿Qué música escuchás en tu momento de “ocio”?
–De todo. Clásica, jazz, electrónica, rock, soul, blues, tango, folklore, fado, flamenco. Si está hecha con el corazón y con inteligencia, me va a gustar.
La consolidación de Pedro Aznar como artista de cruces y experimentación con la música popular, de alguna manera, nos ha hecho perder la perspectiva con respecto a tus primeros discos solistas. Más precisamente, de la trilogía Pedro Aznar - Contemplación - Fotos de Tokyo, que sedimentó una trayectoria sin sobresaltos, edificada desde la discreción y el talento. ¿Cómo verá Pedro esas obras en retrospectiva? La respuesta: "Pedro Aznar es un pronunciamiento, un manifiesto al estilo de 'de aquí vengo, estos son los pilares de los que estoy hecho', algo que retomé más tarde en Quebrado, CD2. Contemplación fue plantarme en la música argentina, desde una óptica abierta al mundo. Ahí aparecen el candombe, la chacarera, la música ciudadana mezclada con el rock de A la hora que se duermen los trenes, y la participación de Pat Metheny y Lyle Mays en dos temas míos, lo que dio el empujón a que Pat me convocara a su grupo".
"Fotos de Tokyo es una vuelta al formato canción y al estilo que es mi base principal, el rock. Es un disco de art-rock, experimentador, osado, provocativo", cierra.

