Temas del día:

Catupecu Machu prepara el número perfecto

Catupecu Machu se prepara para celebrar sus primeros 20 años de carrera. Fernando Ruiz Díaz, su líder, cuenta cómo vivió estos años intensos y su romance con Córdoba. El viernes, en Sala Astral.

19 de junio de 2013 a las 12:01 a. m.
Rodrigo Rojas
Catupecu Machu prepara el número perfecto
Fernando Ruiz Díaz prefiere no hablar de “aguante” en el rock. “No está buena esa palabra. Yo no necesito que la gente aguante nada. El espectáculo está arriba del escenario”. dice.

"Poné a grabar", dice Fernando Ruiz Díaz, líder de Catupecu Machu, para asegurarse que las palabras que siguen no queden en el aire, sino perfectamente registradas. Es frecuente que el músico de turno que visita el interior se deshaga en elogios hacia el público local, pero lo de Ruiz Díaz con Córdoba es cosa seria, y genuina, sobre todo. "El cordobés tiene una energía especial. Yo soy cordobés, porque mi vieja es cordobesa. Siempre digo que es mi lugar en el mundo. Y, definitivamente, voy a vivir en Córdoba en algún momento. Vengo desde muy chico, pero ahora está más linda que nunca", dice en la previa del show que brindará con su banda este viernes en la Sala Astral.

Y es verdad. El lazo Catupecu-Córdoba no es algo del momento, forma parte de su historia. “Córdoba es la primera provincia en la que tocamos, incluso antes de Dale! Fue en el Teatro Griego y el show fue la génesis de muchas cosas en nuestra cabeza. Fue subirnos al micro de gira por primera vez y pensar: ¡Guau! Tengo recuerdos tremendos de esa noche: Gaby subió a tocar en patas y se le pelaron las plantas de los pies por el calor del cemento, todo el escenario estaba lleno de sangre y él al remango. Recuerdo que me presentaron al ‘Perro’ Emaides como el Grinbank local, y él me dijo: ‘Vi a Sumo tocar por primera vez en Córdoba y auguré que sería una banda grandísima; los veo a ustedes y sé que van a llegar lejos; desde Sumo que no veía una banda así. Así empezó el romance”, cuenta.

De ese primer show ya pasaron 20 años y la pregunta es ¿qué supone ese aniversario? “Un anecdotario enorme; incluso con lo que sucedió con Gaby en el medio (el accidente automovilístico), un balance positivo. Somos guerreros que no usamos armas, creemos en la palabra y en la música, y vivimos una vida alucinante. No dividimos nuestra vida entre la artística y la personal, somos agua en el río, en el lago y en el mar. Catupecu es como un Dakar en el que corremos fuera de pista, y eso tiene el riesgo de hacerse pelota”, dice.

Para Catupecu, una banda acostumbrada a girar y girar, la ruta está llena de postales. Y, a propósito de esto, Fernando repasa las primeras imágenes que le vienen a la cabeza. “Gaby es lo primero. También recuerdo cuando decíamos que no íbamos a tocar en Cemento hasta que no llevásemos mucha gente; nos decían que éramos unos creídos, pero no, nos creíamos lo que éramos. Llegamos a Cemento cuando ya metíamos 500 personas como mínimo. Tocar en Obras, en el Griego y el primer Cosquín Rock son postales. Fue importante Puerto Rico, donde Y lo que quiero estuvo primero 12 semanas sin el disco editado. Y, finalmente, el riesgo de Cuadros dentro de Cuadros y la locura de hacer El número imperfecto”.

Durante estos 20 años, la trayectoria y el éxito de la banda fueron en paralelo a una realidad argentina que tuvo distintas crisis sociales y económicas, y un golpe al rock, como la tragedia de Cromañón. “Vivimos el desastre cultural post-Menem, que fue vaciar el país de cultura y, entonces, que cualquier cosa diera lo mismo. Nosotros vivimos una vida en la que no da todo lo mismo. Nosotros no hicimos concesiones, el triunfo de Catupecu no es llenar River, a mí me interesa otra cosa. Es algo religioso, casi litúrgico”, explica.

Sobre el efecto Cromañón dice: “La palabra ‘aguante’, en el rock, no está buena, yo no necesito que la gente que venga aguante nada, y te lo digo desde una banda que da shows superintensos. No vi a Pescado Rabioso, pero vi a Sumo, a Soda y a Los Violadores, en shows de una energía bárbara. El espectáculo está arriba del escenario. El rock siempre fue igual, nunca hubo lugares para tocar. Ni antes, ni después de Cromañon. Siempre fue hostil para el rock, si no, los Beatles no habrían arrancado en The Cavern”.

–Han tocado para diferentes gobiernos provinciales. ¿Cuánto te ata tocar para un partido político?–Cuando sos una banda chica, es muy fácil decir a todo no. Pero nosotros analizamos mucho las cosas. Pensando en eso, recordé que la mayoría de las veces que lo vi a Spinetta fue al aire libre y gratis. Siempre nos gustó hacer en la gira de verano un show para agradecerle a la gente lo que nos pasa, ya sea que lo banque una marca u otro. Hay gente que tal vez nunca tenga para pagar una entrada...

–¿Y cómo vez la relación de la música con la política?–En este momento, en particular, está pasando que todas las ramas de la política piensan que están caducas. Es algo viejo la política, para los jóvenes es como la religión; nuestra generación iba toda a misa. Andá a decirle a un chico que vaya hoy, son muy pocos los que van hoy. Nosotros tocamos para la gente. Ahora, si vas haciendo campaña subido a un camión con el político al lado, eso es otra cosa. Nosotros no hacemos eso, somos conscientes de cómo lo hacemos. Tocamos con todos los que tengan un área de cultura, y ni siquiera creo que les sirva tanto. La gente no come vidrio por más que le des un show gratis. Tal vez antes era más "pan y circo", pero ahora no.

–¿Cómo viene la celebración del aniversario?–Tenemos muchas cosas pensadas y mucho material, sobre todo. Nos pasa algo muy loco, porque hay muchos chicos jóvenes que nos vienen a ver y que nunca vieron a Gaby en vivo. Se me pone la piel de gallina, y tengo que aguantar el llanto mientras lo digo. Es un buen momento para que la gente conozca la historia entera, a través de fotos, videos, música e historia.

–Como broche, estos 20 años te encuentran padre, ¿cómo te sentís?–Increíble. No coincido con eso de que te nace un amor que no conocías. Viví toda mi vida con amor intenso. Lo que sí, a todo ese amor le puse como un catalizador y creció más. Me hizo comprender muchas cosas de la vida que si no venían de esta manera –y posaccidente de Gaby– no iban a venir. No es que busqué a mi hija, ella me encontró. Fue como un upgrade de energía que volvió todo maravilloso.

Catupecu Machu. Viernes a las 22 en la Sala Astral (Jerónimo L. de Cabrera 565. Anticipadas a $ 132 en disquería Edén (Obispo Trejo 15).