Babasónicos: El cuerpo y el bocho en acción
Los Babasónicos estuvieron este sábado en el Orfeo de Córdoba. Crónica de una noche de glamour.
Disfrazado de lúbrico fauno extraterrestre, embutido en una malla azul y coronado con un exultante par de cuernos cabríos; así se mostró el sábado Adrián Dárgelos ante las penumbras extáticas de un poblado Orfeo, junto a su renovada troupe (el bajo del ahora septeto lo empuña el ex Látigos Tuta Torres, mientras que Carca ocupa el inquieto lugar de séptimo hombre guitarrero–percusivo) distribuida a varios niveles de altura, con la intención dual de presentar A propósito y celebrar 20 años de Babasónicos. Y ciertamente fue esa hiper–consciencia de saberse cómodos y establecidos en el actual mainstream solitario lo que mantuvo el show en marcha a lo largo del repaso de sus greatest hits pos–2001, esos que rebasan la seguidilla de discos que van de Jessico a A propósito, pasando por Infame, Anoche y Mucho. Todos deudores de una misma emisora conceptual fértil y distorsionada, un gran fauno pop que se mueve entre las espesuras musicales para subvertir, para jugar a dos puntas y entonar eso de que “no soy de fiar”. Y de hecho sorprende cómo Dárgelos actualiza las virtudes erótico–camaleónicas del tándem Sandro–Moura para provocar al rock una vez más, elevando el sustantivo “pop” sobre el “rock” (¿el cisne que secuestra al duende en Pobre duende?), dejando en claro que lo “auténtico” puede bien ser la máscara, la ambivalencia, el disfraz. Y no cabe duda de que esa seducción es efectiva y la fiesta correspondiente netamente “popular”: en la audiencia se veían niños a cococho, adolescentes eufóricas y remeras de Callejeros y RHCP. Pero Babasónicos también hace de la fiesta popular un concepto, uno más dentro de ese universo bab&pop que responde a su propia y única república: un imaginario emblemático encarnado en esas odaliscas de Miami que ahora vuelven en Sultán, en esos berretines pisteros que enlazan Deléctrico, Microdancing y Muñeco de Haití, en esa aplanadora tóxica que avanza en Fiesta popular, Sátiro y Demonomanía. Y, por supuesto, en las baladas románticas en segunda persona que reactivan ese “chamuyo” universal que todo el mundo decodifica a su antojo, en las flamantes Ideas, En privado y El pupilo, pero también en Pijamas, Irresponsables y Capricho. Por eso, la presentación de A propósito sonó antes que nada a una enorme retrospectiva, la de una banda que juega cada vez más con su propia consagración (“voy a dar que hablar/voy a defraudar”, cantó Dárgelos en Pulpito) para reinventarse; pero también a una declaración de principios, la exhibición de una consistencia presente que resiste en su mero capricho, en su voluntad de no librar nada a la suerte, de hacer todo a propósito.

