Temas del día:

Punto de vista: Macri o Tinelli, ¿quién tiene la sartén por el mango?

Durante la semana pasada, el presidente Mauricio Macri y el conductor Marcelo Tinelli tuvieron diferencias que limaron en privado. El espectáculo y la política, de la mano.

31 de julio de 2016 a las 01:00 p. m.
Punto de vista: Macri o Tinelli, ¿quién tiene la sartén por el mango?

Esta semana que se va deja una pregunta que amerita una respuesta honesta: ¿quiénes tienen la sartén por el mango en nuestro país?

La contestación protocolar indica que es el Presidente de la Nación, cuya investidura se respeta, independientemente de la persona que esté detrás del traje y la corbata. Pero los hechos se encargan siempre de contrastar los enunciados, y es así que en el panorama de nuestra realidad actual, la figura presidencial puede parecer, a veces, una formalidad.

El presidente Mauricio Macri demostró en los últimos días un costado poco firme, demagógico y acomodaticio, algo que se hizo evidente en el cruce que tuvo con el conductor televisivo Marcelo Tinelli.

Para resumir, hubo malestar en la Casa Rosada a raíz de la imitación que lleva adelante Freddy Villarreal en el segmento Gran cuñado, dentro del programa ShowMatch. Podrían discutirse los antecedentes del programa, al que se le atribuyen, entre otras cosas, la capacidad de modificar la opinión pública (a favor o en contra) sobre las figuras que nos gobiernan. Ese fue, de hecho, el argumento del expresidente Fernando De La Rúa, quien vinculó su huida en helicóptero allá por el comienzo de este siglo con una fallida performance suya como invitado al ciclo.

[video:https://www.youtube.com/watch?v=vuepBL-pN3c]

El caso del “enojo” de Mauricio Macri llamó la atención del ciudadano de a pie, ya que, al final de cuentas, las asperezas se limaron del modo más frívolo posible. Y es que el mensaje está cincelado en piedra: el caballo desbocado de la opinión de la gente galopa hacia una pradera en la que nadie (políticos incluidos) puede permitirse el lujo de dar un paso en falso, porque cualquier tropezón es para risa. Pero, a la vez, parece que un buen rendimiento en el plató consigue sumar adeptos, descomprimir tensiones y convertir el barro en oro. ¿Debería esto preocupar al presidente de un país?

Incómodos antecedentes

No es casual que en el cierre de campaña de las últimas elecciones los candidatos que peleaban por el voto llegaron a someterse a una rutina humillante en la pantalla chica, en el mismo programa que esta semana generó rispidez. Bordeando peligrosamente el ridículo en cada frase, en cada gesto, en el tramo final de la campaña los políticos se dejaron parodiar, mostrándose simpáticos, amables y humanos, a pesar del triste papel que hicieron todos.

Uno de los más seducidos por las cámaras y las luces fue, precisamente, Macri, quien no dudó a la hora de exponer su costado más jovial, mostrándose como un revolucionario de la alegría. Pero luego, ya en funciones, la reacción frente a una imitación que no le era favorable fue diametralmente opuesta. La alegría también tiene patas cortas y quedó en evidencia tras la parodia en el show, donde el personaje que lo remeda se bajó los pantalones para graficar que la responsabilidad de los tarifazos es, de alguna manera, también responsabilidad de los propios usuarios que consumen mucho gas (¿?) y por eso andan en “patas” y remera dentro de la casa.

[video:https://www.youtube.com/watch?v=bPU0zTewkV0]

Las medidas del actual gobierno en materia de servicios golpearon en la línea de flotación del barco de la economía particular, y en este momento, parece que el presidente busca revertir su imagen negativa a como dé lugar.

La reacción de enojo contra el Tinelli (quien acusó al gobierno de "atacarlo" por la red social Twitter con cuentas apócrifas) fue desmedida, y el episodio hubiera pasado inadvertido si no se le daba la trascendencia que se le dio, luego de que ambos (Tinelli y Macri) foguearan el encono. En el caso del conductor, de manera previsible, porque el escándalo rinde. En el caso del presidente, bueno, es desconcertante.

¿Por qué un primer mandatario se pone a la altura de un programa de televisión (vale también para la anterior gestión) y discute mano a mano cuestiones poco trascendentes para los habitantes de un país que a duras penas alcanza a llenar el carrito?

Así sí, así no

Es muy probable que los asesores cercanos al presidente hayan aconsejado morigerar el enfrentamiento y zanjarlo con un final que pretende ser feliz. Pero se logró el efecto contrario.

¿Es un buen indicio que el presidente de un país modifique su agenda para recibir a un conductor televisivo y cerrar la reunión con un juego de intercambio de caras mediante una aplicación del teléfono celular? ¿Deberíamos estar tranquilos como ciudadanos si quien dirige el destino del país se preocupa más en complacer a un empresario que en trabajar para un cambio propuesto?

Si un conductor tiene tanta influencia en las decisiones gubernamentales, ¿sabemos realmente quién tiene la sartén por el mango?