Cuando la realidad respalda a la ficción: una nueva boda real y su efecto sobre la serie The Crown
Una opinión sobre el viento a favor con el que la tira original de Netflix, basada en la monarca británica Isabel II, estrenó su segunda temporada.
La televisión vive uno de sus momentos más bochornosos en el día de Navidad. Con la resaca de la Nochebuena y la escasísima oferta de contenido de agenda, aparecen algunos clásicos de este momento del año: los compilados de "lo mejor de" (sea fútbol, bloopers o esquirlas de la factoría Ideas del Sur), los clásicos de la talla de Mi pobre angelito y, también, algunas curiosidades ligadas al espíritu navideño.
Uno de los bloques que se repitieron en distintos canales tuvo que ver con la navidad celebrada por la familia real británica, que pronto será protagonista de una nueva boda de interés global. Esta vez, el elegido es el príncipe Harry y su prometida es Meghan Markle, actriz que dejará su protagónico en la serie Suits para empezar a dedicarse de lleno a sus actividades protocolares.
En las imágenes difundidas por la televisión, la familia real en su plenitud se dio cita en Sandringham, la residencia que posee la reina al oeste de Inglaterra. Allí, además de los flamantes comprometidos (que anunciaron su casamiento el último 27 de noviembre), aparecieron en primer plano el príncipe Carlos y sus padres: el duque de Edimburgo -Felipe- y la propia Isabel.

