Una mujer alza su voz: así fue el show de Lila Downs en Córdoba
La cantante mejicana reafirmó su potencia para cantar al amor y la lucha, con una voz de notable registro y color. Prometió volver el 9 de marzo de 2016.
Canción a canción, año tras año Lila Downs gana público y corazones en Córdoba. Su presentación en el Espacio Quality anoche, a estadio colmado, reafirma su nombre, atado a un repertorio que la cantante mejicana enriquece y profundiza. A Lila la atraviesa la vida -la ha contado para luego cantarla-. Cada canción es un modo de decir el amor, la lucha, la alegría, la fiesta compartida. De todo hubo anoche en el show de su nuevo disco Balas y chocolate, asistida por una banda estupenda y el excelente sonido que puso a bailar y corear al público.
"¡Principiamos!", anunció el guitarrista y apareció Lila, con su atuendo típico y actual, al mismo tiempo, de sombrero y trenzas, bien plantada frente al micrófono adornado con flores.
Con un fraseo de mariachi, arrancó con Una cruz de madera. Durante el show, la pantalla ofreció videos y xilografías, recurso que ilustró el sentido de las canciones que relacionan con la misma fuerza de siempre, entre muchas convicciones, la presencia insoslayable de la muerte. Mientras los cuerpos se entregan al ritmo de la banda, la palabra de Lila evoca dolores colectivos, el amor a la tierra, el sueño de la Patria Grande, el amor como refugio íntimo.
En Humito de copal elevó su proclama por los periodistas en el frente de batalla en México. Downs evita las diatribas y discursos en torno a las cuestiones que el público conoce. En lugar de hablar, canta. Y lo hace con una voz que pasa por todos los registros. Hay una indagación en su propio instrumento que la agiganta en escena. Después de clamar por la verdad en la canción, Lila regaló La burra, picaresca, graciosa e histriónica. Después se puso el chal para cantar La promesa, uno de los temas en el que largó el caudal pleno de su voz y la sutileza de la interpretación. Y llegó la celebración al cacao en Balas y chocolate, el recorrido latinoamericano por la ruta del cacao en estrofas que ensalzan la bebida sagrada.
Megáfono en mano inició los versos de Dulce veneno, en breve proclama a favor de las mujeres y contra el mal amor que muchas veces debe ser soportado. El dramatismo de la canción la llevó enseguida al ritmo tradicional en La farsante y Vámonos. El tema incluyó un duelo de músicos (trompeta y guitarra) que terminó con un homenaje al tango.Desde lo profundo
La cantante apaga la fiesta y genera emoción en Cuando me tocas tú, canción que compuso junto a su esposo Paul Cohen cuando sintieron que la enfermedad de él los acechaba sin piedad. Lila Downs modula, cambia de ritmo y llega al falsete con naturalidad en la canción que busca sus raíces en las grandes voces románticas mejicanas.
Patria madrina fue un reconocimiento a Mercedes Sosa, para quien tuvo palabras de afecto. "Nos enseñó a buscar la verdad por medio de la canción", dijo.
En Viene la muerte no resigna ritmo mientras dice, y el público corea, "no se le escapa ni un pasajero". En Mano negra se armó el baile y la fiesta, con la cantante que saltó por el escenario animando a los músicos. Luego se puso el chal que movió como alas para cantar la tradicional canción que le recuerda las telenovelas mejicanas en el arrullo de Cucurrucucú.
Zapateo, manejo de la falda como bailarina de ballet folklórico, la imitación en La iguana y la infaltable Cumbia del mole en homenaje a las mujeres de su tierra son los gestos que Lila trajo a Córdoba dispuesta a volver, sorprendida por la fidelidad del público que la nombra embajadora de su México en cada aplauso y grito. Una gran voz detrás de la imagen que impone respeto y alegría.

