Diva discreta, pero con buena memoria: nuestro comentario del nuevo disco de Natalia Lafourcade
La mexicana publicó el segundo volumen de "Musas", su homenaje al folklore latinoamericano junto al dúo de guitarristas Los Macorinos. El álbum la consagra como brillante curadora de una tradicón musical inextinguible. Calificación: excelente.
Musas, el homenaje al cancionero latinoamericano realizado junto al dúo de guitarristas Los Macorinos, profundiza esa sensación y pone a la mexicana en la cima artística del continente. Luego de un celebrado primer volumen en 2017, la segunda parte del proyecto repite la fórmula: eriza la piel de principio a fin.
Duerme negrito es el ejemplo más claro de la versatilidad y la confianza que muestra Lafourcade a la hora de ponerle voz a composiciones ajenas. Desde el susurro hasta la exclamación, la mexicana imposta su cantar como si fuera una materia moldeable al infinito. Sutil, tierna, nostálgica, combativa, evocadora: parece haber una Natalia para cada necesidad interpretativa. Lo mismo generan las versiones de Alma mía, bolero de María Grever, o de la cadenciosa Luz de luna, de Álvaro Carrillo.Y ni hablar de sus aproximaciones a la trova yucateca con Desdeñosa o al son itsmeño con La llorona.

